La corrupción política, pública y privada y su implicación según la Doctrina Social de la Iglesia
Enero 31, 2008
El fenómeno de la corrupción siempre ha existido, sin embargo, es sólo desde hace pocos años que se ha tomado conciencia de él a nivel nacional e internacional.
En efecto, el mayor número de las convenciones contra la corrupción y de los planes de acción redactados por los Estados, de manera particular por grupos de Estados y por organismos internacionales, especialmente en el ámbito de la finanza, pertenecen a los últimos tres lustros. Esto quiere decir que la corrupción se ha convertido ya en un fenómeno relevante. Además indica que se está difundiendo a nivel mundial su valoración negativa y consolidándose una conciencia nueva de la necesidad de combatir el fenómeno.
Para este fin, se han elaborado instrumentos de análisis empíricos y evaluación cuantitativa de la corrupción que nos permiten conocer mejor las dinámicas propias de las prácticas ilegales a ellas vinculadas. Con ello se busca predisponer instrumentos más adecuados, no sólo de tipo jurídico y represivo, para combatir este fenómeno de la corrupción.
Pero la apertura de la frontera a consecuencia del proceso de la globalización ha permitido que la corrupción sea exportada, con mayor facilidad que en el pasado, pero al mismo tiempo ofrece la oportunidad de combatirla mejor. Además de una colaboración internacional más estrecha y coordinada.
La corrupción es un fenómeno que no conoce límites políticos ni geográficos. Está presente en los países ricos y en los países pobres. La entidad de la economía de la corrupción es difícil de establecer de manera precisa, sobre este punto los datos con frecuencia no coinciden, de cualquier forma se trata de enormes recursos que se sustraen a la economía, a la producción y a las políticas sociales, los costos recaen sobre los ciudadanos ya que la corrupción se paga devorando los fondos de su legítima utilización.
La corrupción atraviesa todos los sectores sociales, no se puede atribuir sólo a los operadores económicos ni a los funcionarios públicos. La sociedad civil tampoco está exenta, y un ejemplo claro es el sector del transporte en nuestro país, el sector sindical, los estamentos de la justicia, los militares, las iglesias y hasta los moralistas de las grandes religiones lo afirman.
El ámbito de acción de los actores de la corrupción es con frecuencia supranacional e internacional. Es también favorecida por la escasa colaboración de los estados en el caso de la lucha contra la corrupción.
La excesiva diversidad de las normas de los varios sistemas jurídicos, la escasa sensibilidad de los medios de comunicación social y la falta de democracia en varios países.
Hoy la corrupción despierta mucha preocupación porque además está vinculada con el tráfico de estupefacientes, el reciclaje de dinero sucio -lo que llamamos el lavado de dinero-, el comercio ilegal de armas y con otras formas de criminalidad.
La corrupción política nos enseña el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) “compromete el correcto funcionamiento del Estado e influye negativamente en la relación entre gobernantes y gobernados, introduciendo una creciente desconfianza respecto a las instituciones públicas, causando un progresivo menosprecio de los ciudadanos por la política y sus representantes, con el consiguiente debilitamiento de las instituciones estatales y gubernamentales” (Compendio de la DSI # 411).
La Iglesia considera la corrupción como un hecho muy grave de deformación del sistema político, dice el compendio de la DSI “La corrupción distorsiona de raíz el papel de las instituciones representativas, porque los usa como terreno de intercambio político entre peticiones clientelistas y prestaciones de los gobernantes. De este modo las opciones políticas favorecen los objetivos limitados de quienes poseen los medios para influenciarlos le impiden la realización del bien común de los ciudadanos” (Ibidem).
“La corrupción se enumera entre los causas que en mayor medida contribuyen a determinar el subdesarrollo y la pobreza” (Op. Cit. # 447) y dice que también la corrupción está presente al interior de los procesos de ayuda a los países pobres y por eso priva a los pueblos del bien común fundamental, el de la legalidad respeto de las reglas, pues la legalidad es una de las clases para el desarrollo y como es un bien común se le debe promover adecuadamente por parte de todos. La práctica y la cultura de la corrupción deben ser sustituídas por la práctica y la cultura de la legalidad.
Por: Padre Lucas Cruz Martínez
Coordinador Comisión Arquidiocesana Justicia y Paz
En la Catedral de Santiago: Cuatro Obispos y más de noventa sacerdotes participan en la ordenación sacerdotal de Carlos Santana y Valentín Torres
Enero 29, 2008
Fueron ordenados sacerdotes los jóvenes Carlos Santana, de las parroquias San Gabriel, del Ensanche Bolívar y Valentín Torres, de la Santa Teresita, de Corona Plaza, en donde presidieron su primera misa.
Estuvieron presentes Mons. Jesús María De Jesús Moya, Mons. Fabio Mamerto Rivas, Mons. Valentín Reynoso y Mons. Ramón Benito De la Rosa y Carpio, quien presidió la Eucaristía. También estuvo presente el Secretario de la Nunciatura, Monseñor—–
La ceremonia fue muy emotiva. El Coro Arquidiocesano tuvo a su cargo los cantos que motivaron la reflexión y la oración.
Los nuevos sacerdotes fueron nombrados, Carlos Santana en la Catedral y Valentín Torres en la Parroquia Nuestra Señora del Rosario, en Moca.
Parroquia San Isidro, El Rubio, San José de las Matas Bendicen e Inauguran Nuevo Templo
Enero 29, 2008
Monseñor Ramón Benito De la Rosa y Carpio dejó inaugurado el Nuevo Templo de la Parroquia San Isidro Labrador, de El Rubio, San José de las Matas, Parroquia fundada el 28 de septiembre de 1997 por Monseñor Juan Antonio Flores Santana, quien nombró como Párroco al P. Juan Dolores Mirabal.
Los responsables de la Construcción son:
P. Pedro Alejandro Batista Batista
P. Francisco Paulino
P. José Augusto Olivo
P. Odanis Ortiz, Vicario
P. Saulio Manuel Santiago- Vicario
P. Diego A. Tineo- Vicario
El Altar y ambón son una réplica del que existe en el Seminario Pontificio Santo Tomás de Aquino, creado por el Cardenal Beras Rojas y bendecido por el Papa Juan Pablo II en 1992.
El nuevo templo se abarrotó de la masiva asistencia de las comunidades de la parroquia que asistió a la solemne Eucaristía de Inauguración.
Es una expresión de amor y de fe que nos estimula a pastorear con amor la grey encomendada
En la actualidad, las comunidades de la parroquia ascienden a 38, con una población eminentemente Rural.
SAN ISIDRO LABRADOR
Nació en España en el 1070 y murió en el 1130.Es el Patrón de los agricultores. Sus padres eran campesinos muy pobres, pero con buenas enseñanzas cristianas. San Isidro nunca comenzaba su día de trabajo sin antes encomendarlo a Dios y haber participado de la celebración de la eucaristía. Por esas razones fue víctima de muchas acusaciones.
Son muchos los milagros que se le atribuyen a San Isidro, tanto en vida, como después de morir. A su intercesión se atribuyen los milagros de la olla, las dos yuntas y el pozo. Fue canonizado por el Papa Gregorio XV en el año 1630. Desde muy pronto San Isidro despertó gran fervor religioso sobre todo entre la gente más humilde, de ahí que sea el patrón de los labradores.
En un mundo como el nuestro, donde sobran las palabras, hace falta hombres como San Isidro, que callan y sólo en sus obras dan su opinión.
Fiestas Patronales.
Fecha. Del 7 al 15 de Mayo.
Su actual párroco, y el vicario, dijeron que “esta es una bendición del Señor Jesucristo para todos nosotros, ya que es un lugar digno para adorar a Dios y acoger a los hermanos que manifiestan su fe en el Todopoderoso. Es el resultado de las oraciones del pueblo y el aporte, no sólo económico, sino también con horas seguidas de trabajo bajo el sol ardiente. Es una expresión de amor y de fe que nos estimula a pastorear con amor la grey encomendada a nosotros”.
Aparecida, un año después
Enero 29, 2008
VER
Del 13 al 31 de mayo de 2007, realizamos la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y de El Caribe, en Aparecida. Poco después, se publicó el documento conclusivo, con el parecer favorable del Papa. Desde entonces, en todo el Continente se han desarrollado múltiples iniciativas para darlo a conocer, asumirlo y ponerlo en práctica. Los obispos mexicanos le hemos dedicado dos asambleas. Las diócesis lo están difundiendo, cada quien con sus iniciativas y recursos. En nuestra provincia de Chiapas, ya dimos talleres de tres días, aparte, para laicos, religiosas, seminaristas y presbíteros. En nuestra diócesis, lo estamos estudiando por decanatos, con catequistas y servidores, encontrando gran inspiración para fortalecer nuestro proceso de ser una Iglesia autóctona, liberadora, evangelizadora, servidora, en comunión y bajo la guía del Espíritu.
Sin embargo, muchas personas desconocen este documento, que marcará la pastoral de la Iglesia por diez o quince años al menos. Algunos agentes de pastoral, quizá saturados de trabajo, no le han dado la importancia que merece. Unos pocos, casados con sus esquemas mentales, lo menosprecian; no está abierto su corazón a los caminos nuevos por donde nos lleva el Espíritu Santo. Se consideran de avanzada, pero están muy anclados en el pasado.
JUZGAR
En el documento decimos: “Necesitamos desarrollar la dimensión misionera de la vida en Cristo. La Iglesia necesita una fuerte conmoción que le impida instalarse en la comodidad, el estancamiento y en la tibieza, al margen del sufrimiento de los pobres del Continente. Necesitamos que cada comunidad cristiana se convierta en un poderoso centro de irradiación de la vida en Cristo. Esperamos un nuevo Pentecostés que nos libre de la fatiga, la desilusión, la acomodación al ambiente; una venida del Espíritu que renueve nuestra alegría y nuestra esperanza” (362).
Hay que pasar “de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera, … con nuevo ardor misionero, haciendo que la Iglesia se manifieste como una madre que sale al encuentro, una casa acogedora, una escuela permanente de comunión misionera” (370). “No se trata sólo de estrategias para procurar éxitos pastorales, sino de la fidelidad en la imitación del Maestro, siempre cercano, accesible, disponible para todos, deseoso de comunicar vida en cada rincón de la tierra” (372).
ACTUAR
Son múltiples las personas y los ambientes a los que ha de llegar el Evangelio: Familias, niños, adolescentes, jóvenes, ancianos, mujeres, medio ambiente, educación, medios de comunicación, cultura, nuevos areópagos y centros de decisión, católicos en la vida pública, pastoral urbana, personas que viven en las calles, migrantes, adictos dependientes, enfermos, detenidos en las cárceles, infectados por el sida.
“¡Necesitamos salir al encuentro de las personas, las familias, las comunidades y los pueblos para comunicarles y compartir el don del encuentro con Cristo, que ha llenado nuestras vidas de ‘sentido’, de verdad y amor, de alegría y de esperanza! No podemos quedarnos tranquilos en espera pasiva en nuestros templos, sino urge acudir en todas las direcciones para proclamar que el mal y la muerte no tienen la última palabra, que el amor es más fuerte, que hemos sido liberados y salvados por la victoria pascual del Señor de la historia, que Él nos convoca en Iglesia, y que quiere multiplicar el número de sus discípulos y misioneros en la construcción de su Reino en nuestro Continente” (548). “Es un afán y anuncio misioneros que tiene que pasar de persona a persona, de casa en casa, de comunidad a comunidad” (550).
Se nos pide “poner a la Iglesia en estado permanente de misión” (551)… “no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo y aceptan consagrar su vida a la tarea de anunciar el Reino de Dios y de implantar la Iglesia en el mundo. Recobremos el valor y la audacia apostólicos” (552).
Por monseñor Felipe Arizmendi Esquivel,
obispo de San Cristóbal de Las Casas
SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS. (ZENIT.org).- Publicamos el análisis redactado por monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas, a un año de la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, celebrada hace un año en el santuario de Nuestra Señora de Aparecida, Brasil.
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En la comunidad de Puñal-Fátima, Santiago: Inauguran remodelación templo
Enero 29, 2008
La Iglesia Nuestra Señora de Fátima, ubicada en el municipio de Puñal, Santiago, (al suroeste de la Arquidiócesis), fue fundada hace 68 años. Inicialmente estaba en otro lugar al que se encuentra ahora, y estaba dirigida en ese entonces por los padres de la Iglesia de La Altagracia. Luego fue trasladada a donde se encuentra actualmente y donde hace 38 años se celebró la primera misa. Pertenece a la Parroquia Las Mercedes, dirigida por los Padres Carmelitas.
La Iglesia de Fátima ha sido remodelada en su totalidad, con la contribución de la comunidad de Puñal y sus amigos.
Del 5 al 12 de mayo de este año 2008 se celebraron sus Fiestas Patronales, y esta Comunidad de Puñal se vio honrada con la presencia del Arzobispo de Santiago, Monseñor Ramón Benito De la Rosa y Carpio, quien confirmó un grupo de niños y jóvenes y además bendijo la remodelación de la capilla.
Cambio Cultural y Vida Sacerdotal
Enero 29, 2008
No podemos olvidar que nosotros, sacerdotes, siempre seremos considerados como extranjeros y forasteros en nuestra propia patria, porque no seremos reconocidos por el mundo, si somos fieles y auténticos. Nosotros tenemos nuestro camino de eficacia y nuestro itinerario espiritual trazado por el Maestro que no podemos descuidar y que siempre serán actuales a pesar de mucha o poca modernidad.
La cruz de cada día será nuestro estandarte y el testimonio la bandera a ondear en cualquier escenario donde nos encontremos, lo cual supone una madurez humana que debe notarse en: nuestro saber relacionarnos con los demás; en tener un espíritu de convivencia y de vida comunitaria; tener una madurez afectiva, que exige una formación clara y sólida para la libertad y una educación de nuestra conciencia moral.
Los medios que nos proporciona la Iglesia que sabe por sus años y su experiencia siempre serán pertinentes y actuales y nunca pasan de moda, como son:
1.- La vida de oración y de meditación diaria, que como nos dice Santo Tomás “debe ser confiada, recta, ordenada, devota y humilde”
2.- El rezo de La Liturgia de las Horas que nos une a la oración de la Iglesia a favor del pueblo de Dios.
3.- La Penitencia y la reconciliación frecuente.
4.- La celebración de la Eucaristía que nos capacita para resistir las tentaciones y dificultades de la vida y además para que tengamos pasión por el Reino y así podamos “acoger y buscar a las ovejas descarriadas para devolverlas al redil, como lo hace el Buen Pastor”.
4.- Tener un Director Espiritual en vista a un itinerario a la santidad.
5.- Ejercicios Espirituales y Formación permanente.
Quiero terminar mi reflexión recordando que muchas veces nos puede parecer que la historia es circular (el eterno retorno), es decir, que se va repitiendo lo mismo en cuanto que los hechos se mueven siempre en esa triple coordenada de ilusión, desilusión y reilusión; olvidándonos que la historia es siempre lineal, siempre hacia delante hacia el punto Omega.
Aunque es verdad que el crecimiento social y personal es muy parecido al de la historia de la salvación, que se va dando a través de superar crisis y que nada tiene que ver con el Mito de Sísifo del empezar de nuevo, ya que avanzamos entre caída y levantamiento, porque así ha sido nuestra historia salutis: gracia, pecado y gracia; y a veces Dios permite ruptura para desde ahí sacar un bien mayor.
Mahatma Ghandi decía que los siete pecados de la sociedad contemporánea son:
1.- La riqueza sin trabajo
2.- El placer sin conciencia,
3.- El conocimiento sin carácter,
4.- Los negocios sin moral
5.- La ciencia sin amor a la humanidad
6.- La religiosidad sin sacrificio y
7.- La política sin principios(HERMOSA RADIOGRAFÍA PARA NOSOTROS).
En la vida de la Iglesia ha habido muchas rupturas y a la postre sale victorioso el bien mayor: pensemos en el carisma de San Francisco de Asís, o bien, la vida de Ignacio de Loyola.
Con eso estoy diciendo que no podemos perder de vista Aquel que inició la carrera en nosotros y El mismo será que la lleve a feliz término, pero ojalá que cada uno de nosotros contribuya a lo interno a hacer más transparente la figura del Resucitado: Que los obispos recuerden su papel que es principalmente acoger, unificar e incentivar la vida dentro de su presbiterio.
Que nosotros sacerdotes nos hagamos conscientes que somos una fraternidad sacramental cuya principal misión es mantener la unidad, el amor y la comprensión entre nosotros y a la vez sentirnos urgidos por el celo apostólico y la pasión por el establecimiento del Reino de Dios, para que con los laicos podamos edificar la comunidad eclesial y Cristo sea glorificado en todos los ambientes.
P. Fausto R. Mejía Vallejo
La paz es un valor para Jesús de Nazaret y Aparecida recoge esa herencia
Enero 29, 2008
Jesús entra en este mundo con el cántico de los ángeles: “Gloria a Dios en lo alto y en la tierra paz a los humanos amados por Él”.
Y Jesús casi acaba su vida en la Última Cena con aquella palabra: “La Paz les dejo, les doy mi paz, y no la doy como la da el mundo”.
Pablo de Tarso afirma rotundamente: “Porque Cristo es nuestra paz, el que de dos pueblos hizo uno solo, derribando con su cuerpo el muro divisorio, la hostilidad…” (Ef. 2).
“La paz es un bien preciado, pero precario, que debemos cuidar, educar y promover todos en nuestro continente.
Como sabemos, la paz no se reduce a la ausencia de guerras ni a la exclusión de armas nucleares en nuestro espacio común, logros ya significativos, sino a la generación de una “cultura de paz” que sea fruto de un desarrollo sustentable, equitativo y respetuoso de la creación, y que nos permita enfrentar… las muchas formas de violencia que hoy imperan en nuestra sociedad”.
“La Iglesia está llamada a ser una escuela permanente de verdad y justicia, de perdón y reconciliación para construir una paz auténtica” (Aparecida No. 542).
Ya decía el Profeta Isaías: “El fruto de la justicia es la paz” (Is 32, 17).
“No hay duda de que las condiciones para establecer una paz verdadera son la restauración de la justicia, la reconciliación y el perdón”.
“De esta toma de conciencia, nace la voluntad de transformar también las estructuras injustas para establecer respeto de la dignidad del ser humano creado a imagen y semejanza de Dios”. (Aparecida No. 546).
“El pueblo pobre de las periferias urbanas o del campo necesita sentir la proximidad de la Iglesia, sea en el socorro de sus necesidades más urgentes, como también en la defensa de sus derechos y en la promoción común de una sociedad fundamentada en la justicia y en la paz” (Aparecida No. 550).
Muchos políticos y gobernantes quisieran que la Iglesia no hablara de justicia. Pero Jesús de Nazaret dijo un día: “Lo más importante de la ley: La justicia, la compasión y la fe” (Mt 23, 23).
P. Gregorio Lanz, s.j. - Parroquia San Lorenzo, Cutupú, La Vega, R. D.
Santa Sede: La crisis alimentaria, primer desafío del mundo actual. Intervención del observador permanente vaticano ante la ONU
Enero 29, 2008
NUEVA YORK. (ZENIT. org).- La cada vez más extensa crisis alimentaria es la emergencia y el desafío mayor que tiene que afrontar el mundo actual, denunció el arzobispo Celestino Migliore, nuncio apostólico y observador permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas.
Interviniendo el pasado día 16 de mayo en la 16 sesión de la Comisión sobre Desarrollo Sostenible del Consejo Económico y Social, durante el debate de alto nivel titulado «The way forward», el prelado expresó en primer lugar el dolor y la solidaridad de la Iglesia por las víctimas del tifón en Myanmar y del terremoto en China. «Estos desastres y su impacto sobre la vida humana y sobre el desarrollo sostenible nos recuerdan nuestra importante responsabilidad, como líderes gubernamentales, de indicar la vía a seguir para hacer frente a las muchas cuestiones relativas al desarrollo y para encontrar medios para construir un futuro mejor», observó.
Invertir en programas agrícolas a largo plazo y sostenibles a nivel local e internacional, reconoció, «sigue siendo central para las perspectivas de desarrollo de muchas personas».
El mundo, subrayó el observador permanente, «está actualmente frente al desafío de afrontar este objetivo bajo forma de una crisis alimentaria global».
Según el arzobispo, esta crisis «revela la naturaleza delicada e interconectada de la agricultura, del desarrollo rural, de la reforma agrícola, de la sequía y de la desertización, y presenta una tarea desalentadora pero al mismo tiempo importante y urgente a los políticos y a la sociedad civil».
Muchos, observó, se preguntan sobre las verdaderas causas y sobre las consecuencias a medio y largo plazo de la crisis alimentaria y de sus tendencias fundamentales. En este sentido, las Naciones Unidas «tienen una precisa responsabilidad y también un interés de credibilidad en proporcionar respuestas apropiadas con vistas a soluciones eficaces porque está en juego la capacidad de la humanidad de proporcionar comida».
Según el arzobispo Migliore, «la crisis alimentaria no debería medirse sólo por el aumento de los costes en los mercados internacionales, sino también por el coste físico, mental y espiritual de cuantos son incapaces de proveerse a sí mismos y a sus familias».
Invertir en programas agrícolas a largo plazo y sostenibles a nivel local e internacional, reconoció, «sigue siendo central para las perspectivas de desarrollo de muchas personas».
Estas inversiones «deben realizarse de modo que hagan frente a los precios de los productos alimentarios así como a la distribución y a la producción de alimentos en el mundo, sobre todo en África».
En vista de esto, hay que continuar sosteniendo los programas que permitan a los campesinos producir bienes alimenticios a nivel local, así como se deben realizar mayores esfuerzos para aliviar «los aspectos negativos de las mudables realidades ambientales y financieras».
«Las políticas agrícolas deben redescubrir la vía de la razón y de la realidad para equilibrar la necesidad de producción de alimentos con la necesidad de ser buenos administradores de la tierra –constató–. Hay que tener cuidado de hacer frente a las necesidades fundamentales de las personas y evitar la reducción del diálogo a extremos económicos y medioambientales interesados y guiados por motivaciones ideológicas».
El 70% de los pobres del mundo, recordó Migliore, vive en zonas rurales en las que sigue persistiendo la desnutrición crónica.
Este dato ilustra claramente que, al afrontar el desarrollo sostenible, se debe continuar concentrándose «no sólo en quienes consumen los bienes alimenticios sino también en quienes los producen».
Desde este punto de vista, son deseables mayores inversiones a favor de los pequeños agricultores que les permitan aumentar la producción de modo sostenible y representen «un importante elemento para hacer frente a la presencia continuada del hambre y de la desnutrición crónicas en ciertas regiones».
Si la actual crisis alimentaria es una amenaza inmediata al desarrollo, denunció, la sociedad debe seguir afrontando también otros «desafíos persistentes e inminentes», como el cambio climático, los subsidios agrícolas dañinos, el comercio equitativo, la degradación medioambiental y la reforma agraria.
«A través de una mayor solidaridad internacional y más preocupación por los más vulnerables en nuestras sociedades, podremos hacer frente a los desafíos inmediatos trabajando al mismo tiempo para asegurar que el progreso de hoy sea la piedra angular de un mañana más justo y seguro», concluyó.
Por Roberta Sciamplicotti, traducido del italiano por Nieves San Martín
En Villa Tapia: Fallece Diácono Ernesto De Jesús Moya
Enero 29, 2008
Nació en Sabana Angosta, Villa Tapia, un primero de enero del 1922. Hijo de Colasina Moya y Gil de Jesús. Proviene de una familia de 16 hermanos, de los cuales han fallecido 9: Casimiro, Carlixta, Ercilio, Evarista, Ramón, María Petronila, Félix y Ernesto. Sobreviven: Angélico, Tranquilo, Norberta, Juana, Jesús María, Juan Francisco, Virgilio.
Conoció en su misma comunidad a la joven más bella que sus ojos habían visto, él mismo lo decía: -”Chicha era bonita”. Contrajo matrimonio el día 28 de junio del 1947 y fruto de esa unión nacieron 12 hijos, los cuales todos sobrevivimos: Juana, Ángel, Tobías, Plinio, Juan, Williams, Nieves, Maritza, Elmi, Griseida, Lisette y José Luis.
Fue a la Escuela poco tiempo, llegando solamente a un escaso tercer curso, pero a través de sus habilidades para la lectura, su interés y su inteligencia, adquirió conocimientos igualándose al mejor universitario con diferentes diplomados, llegando a ser un autodidacta. En esa época fue el único agricultor que perteneció a la junta de directores de la hoy Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, posición que abandonó por falta de recursos económicos.
Fue ordenado diácono permanente en la parroquia San Rafael Arcángel de Villa Tapia, el día 24 de Octubre del 1975, por el representante de Su Santidad, el Nuncio Apostólico Grabely, ejerciendo el diaconado por 33 años, hasta el final de sus días.
Se estrenó como diácono en el Rubio, San José de Las Matas, celebrando su primer matrimonio el 27 de febrero del 1976.
Cuando se elegían a las personas por sus valores morales, fue elegido como fiscalizador del 1982 al 1986.
Estamos viviendo una época en que lo material se ha convertido en lo más importante. Se encontró un escrito de mi padre que quisimos sirva de mensaje para aquel que cree que lo material es imprescindible, él decía:
“El dinero es un factor preponderante de nuestra vida, resuelve muchas situaciones, pero no siempre permite comprar aquello que en oportunidades constituye nuestro más profundo deseo”. Poniendo algunos ejemplos: nos da la comida, pero no el apetito; el lujo, pero no la belleza; una casa, pero no un hogar, el remedio, pero no la salud; la convivencia, pero no el amor.
Siempre vivía inquieto y comentaban que él quería dejarle a sus hijos bienes materiales y que no pudo y yo le dije a él y a mami que no se preocuparan, que ellos nos habían dado el regalo más hermoso, llamado formación cristiana y valores humanos, que no había mayor riqueza que no hacerle daño a la gente.
Su lucha constante por la igualdad, la repartición equitativa de la riqueza, la justicia social y la falta de paz entre todos los seres del universo, esa era su mayor preocupación.
Pronunciando sus últimas palabras, minutos antes de morir, dijo que sólo sentía irse dejando cómo los políticos se maltrataban uno al otro y no pensaban en el país ni en los pobres y cómo la ignorancia, la miseria y la maldad estaban destruyendo a la República Dominicana.
Hay frases que no podemos olvidar de nuestro padre y que siempre las aplicaremos en nuestras vidas y queremos compartirla con ustedes. El tenía muchas, pero elegimos ésta: “Ser cristiano es sufrir el dolor ajeno”. El amor al prójimo fue el estandarte que caracterizó a nuestro papá.
Hay hombres que luchan un día y son buenos, hay otros que luchan muchos días y son mejores, hay otros que luchan muchos años y son muy buenos, pero los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles, entre estos hombres se encontraba don Ernesto De Jesús Moya.
Hasta siempre Papá.
Ora Marquez, en sus 13 líneas para vivir, en la 9 específicamente: QUIZAS DIOS QUIERA QUE CONOZCA MUCHA GENTE EQUIVOCADA ANTES DE QUE CONOZCA A LA PERSONA ADECUADA, PARA QUE CUANDO AL FIN CONOZCA A ESA PERSONA SEPA ESTAR AGRADECIDO.
Y agradecidos hemos de estar porque no necesitamos conocer a esas equivocadas ya que fuimos afortunados al conocer a un ejemplo de sociedad, un ejemplo de vida. Conocimos al hombre que el mundo necesita, porque el mundo necesita:
• Hombres que sean sinceros y honrados en lo más íntimo de sus almas.
• Que no teman dar al pecado el nombre que le corresponde.
• Que no se vendan ni se compren.
• Que se mantengan de parte de la justicia aunque se desplomen los cielos.
Todas estas cualidades se encerraron en un ser, un ser amado por todos, un ser que dio de comer quizás teniendo hambre, un ser de amor, un ser que quizás no era perfecto, empero fue lo más cercano a la perfección, que como hombre he sido digno de conocer.
En especial, tengo que sentirme afortunado y también todos aquellos que compartieron con él, porque conocimos un luchador, con ideas que son el arma más poderosa que un hombre pueda poseer; que alcanzó la grandeza porque sólo la alcanza quien cuida de los pequeños detalles, y nunca los olvidó.
Hoy sabemos que descansa en paz, que está junto a nuestro Padre, ejemplo materno; que desde el más allá nos mira y se siente satisfecho por su obra; que su nombre se eleva porque, como dijo Manuel del Cabral: -hay muertos que van subiendo cuanto más su ataúd baja… y sabemos que nunca olvidaremos a quien aún no estando físicamente, podemos seguir imitando, pues sus ideas ahora pasan a ser raíces, raíces que hundidas… dan frutos al ala.
Seguiremos tu ejemplo y hasta siempre.
Monseñor José Sánchez: Las leyes de inmigración deben respetar la dignidad de la persona. Por delante de cualquier otro interés, aclara el obispo español
Enero 29, 2008
MADRID. (ZENIT. org).- Monseñor José Sánchez, obispo de Sigüenza-Guadalajara, preside actualmente y por segunda vez la Comisión de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española (la presidió desde 1988 hasta 1993). Fue nombrado miembro del Consejo Pontificio para los Emigrantes por su Santidad el Papa Juan Pablo II el 30 de enero de 1995 y es también Presidente de la Comisión «Pastoral de las Migraciones» del Consejo de Conferencias Episcopales de Europa (CCEE) desde el 3 de noviembre de 2006.
Su nombre saltó hace unas semanas a la actualidad por atribuírsele ciertas críticas a la propuesta de un «contrato de integración» para los inmigrantes. El prelado aclara que sus críticas no se dirigen a una ley en concreto, sino en general a la legislación occidental sobre inmigración: «mientras no me demuestren que las leyes de inmigración, llámense contrato, regulación o como sea, nacen de anteponer la persona con sus dignidades y derechos a todo otro interés, sea político, partidista, nacional, de grupo o de bloque, todas las leyes, da igual quién las haga, nacerán con el mismo corte: todas serán de carácter restrictivo, defensivo y coyuntural».
Según monseñor Sánchez, la inmigración es para la Iglesia «una gran oportunidad»: «una oportunidad de enriquecimiento y de rejuvenecimiento, de experimentar lo que es la Iglesia, que lo que la doctrina proclama, «Iglesia universal y católica», sea realidad en cada pueblo».
–¿Qué actividades lleva a cabo la comisión de Migraciones que usted preside?
-Monseñor José Sánchez: La comisión que presido no tiene carácter ejecutivo, ni tiene atribuciones por encima de la Conferencia Episcopal en la que está integrada. (…) nosotros somos un organismo de ayuda, de información, de sugerencias, de animación, de puesta en común. Estamos presentes en esta problemática para ayudar a la pastoral de las diócesis en ese aspecto. Y frente a la opinión pública tenemos una voz que pronunciamos, cuando llega el momento, siempre bajo la autoridad de los organismos de la CEE, es decir, la Presidencia, el Comité Ejecutivo, la comisión Permanente y la Plenaria. El nuestro es un cometido de trabajo, y no de tomar determinaciones.
–A grandes rasgos, ¿cómo se puede definir la postura de la Iglesia en torno a la inmigración? ¿Apertura frente a seguridad? ¿Lo más importante son las personas? ¿Las leyes deben ser más o menos restrictivas?
-Monseñor José Sánchez: La postura de la Iglesia en esta cuestión viene definida por la Sagrada Escritura, incluso en el Antiguo Testamento. El trato que manda la Ley de Moisés, los profetas y toda la tradición del pueblo de Israel con los inmigrantes extranjeros es para nosotros un precedente, que después se concreta en la actitud de Jesús de Nazaret.
Jesucristo incluía a los extranjeros junto a la atención a los enfermos, a los pobres, a los encarcelados, etc., en el catálogo de los comportamientos por los cuáles seremos juzgados (Mateo, 25). El trato que él tuvo con los extranjeros con los que se encontró en vida, y lo que dejó determinado en la Iglesia, que aparece en Pentecostés, establece una Iglesia en la que no hay extranjeros. Ése es el paradigma, el modelo en el que se encarna la actitud de la Iglesia a lo largo de los siglos con extranjeros e inmigrantes.
Luego, el modelo se ha ido concretando en la Doctrina Social de la Iglesia, que tiene una tradición ya muy rica con los precedentes de León XIII en el siglo XIX, y especialmente en las encíclicas sociales del Concilio Vaticano II. Posteriormente se ha desarrollado como un espacio dentro de esa Doctrina Social, que bajo el epígrafe «emigrantes, inmigrantes, itinerantes» aborda el mundo de la movilidad humana.
Para ellos la Iglesia pide en primer lugar un trato especial dado que su condición es especial, de manera que no puedan ser discriminados o inferiormente atendidos con respecto a la población estable en cuanto a los servicios de las parroquias, las diócesis, etc. Es decir, hay que crear estructuras para atender a la persona dondequiera que esté. La pastoral de migraciones nace de la necesidad específica de crear estructuras, servicios y agentes que atiendan a las personas en su condición específica de no tener un lugar permanente.
De ahí se deducen varios principios: En primer lugar, que la persona con sus derechos fundamentales está antes que la economía y que los intereses particulares de los Estados o de los bloques. En segundo lugar, que los bienes de la Tierra están al servicio de todas las personas, y por lo tanto es necesario compartirlos.
En tercer lugar, que toda persona tiene derecho a emigrar, es decir, a salir de su casa para mejorar su condición o la de su familia, pero también, y esto es fundamental, tiene derecho a no tener que emigrar por necesidad, con lo cual, es obligación de los Estados garantizar la capacidad de cada uno de poder desarrollarse en su propio país.
Otro principio muy importante en la pastoral de las migraciones y en el comportamiento de la Iglesia es que en la Iglesia no hay extranjeros. La Iglesia es la casa de todos, y por lo tanto, la acción de la Iglesia no puede estar limitada exclusivamente a la «clientela», hablando en términos comerciales: a la gente del mismo territorio, de la misma lengua o incluso de la misma fe. El ámbito del servicio de la Iglesia es toda persona humana.
–La inmigración es un desafío, un problema, pero ¿es también una oportunidad?
-Monseñor José Sánchez: Evidentemente es una oportunidad. Nuestra sociedad se está enriqueciendo con su trabajo y sus energías, con su juventud y con su cultura, que en algunas cosas será inferior a la nuestra pero en otras cosas será superior.
En la Iglesia, ellos ofrecen otra forma de expresarse, otra forma de celebrar la fe, como los católicos orientales o los que provienen de países africanos. Esta es una oportunidad de enriquecimiento y de rejuvenecimiento, de experimentar lo que es la Iglesia, que lo que la doctrina proclama, «Iglesia universal y católica», sea realidad en cada pueblo.
Es la oportunidad de experimentar lo que es ser el Buen Samaritano que acoge al otro, la oportunidad de vivir el ecumenismo en cada parroquia, de poner en marcha el diálogo interreligioso. Es una oportunidad para relacionarnos de forma distinta con el Islam, con el que hemos estado permanentemente en conflicto… Tenemos que darnos cuenta de que es una gran oportunidad, y no solo un problema contra el que tenemos que defendernos.
Por Inmaculada Álvarez



