Para que el mundo se salve

Mayo 19, 2008

Tanto amó Dios al mundo que en­tregó a su Hijo Único, para que todo el que crea en él no perezca, sino ten­ga la vida eterna. Porque Dios no mandó a su Hijo para juzgar, sino para que el mundo se salve por Él. (Jn, 3, 16-17). 

Lo primero que se le ocurre al  lec­tor acucioso es averiguar si las palabras que hemos trascrito prece­dentemente, las pronunció el mismo Jesús o si proceden del ingenio del evangelista Juan. 
Las frases ‘Hijo Único’, ‘creer en Él’, no aparecen en otros textos como pronunciadas por Jesús. Estas frases aparecen en otros textos del evange­lista Juan. Se trata de perícopas del  propio Juan. La palabra perícopa vie­ne del griego peri-kopto, que quie­re decir cortar o alrededor y designa los pasajes bíblicos que se seleccionan para una lectura o apartados que se comentan. 

El que cree en Dios, admite que  Él nos ama. No obstante nuestra hu­mana flaqueza, procedemos de  Dios-Padre y si en verdad nuestra libertad en el actuar nos puede  llevar al pecado que nos aparta de la salvación, el remedio, permítanne la palabra, procede de Dios-Padre: su Hijo Amado y Único.  
Ese amor de Dios Padre es lo úni­co que nos puede explicar, en la me­di­da de lo posible, al Cristo rema­chado en la cruz.  

Juan, con ojos de águila, y por eso es simbólicamente representado como el águila de Patmos, ve en lo profundo como se une lo del Anti­guo Testamento y lo que acontece con Cristo, que es quien subió al cielo y bajó del cielo. El Padre tiene amor profundo por el hombre y lo ha de­mostrado entre­gando a Su Hijo uni­génito, como trató Isaías de sacri­ficar a su hijo, porque Dios se lo pidió. 
Cristo no ha venido al mundo para juzgar al mundo. Su misión y man­dato es salvarnos y lo ha cumplido cabalmente. 

Gracias Dios Padre, Gracias Dios Hijo. Que no nos falte nunca tu Divi­no Espíritu. Amén. 

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