Aparecida, un año después

Mayo 29, 2008

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Del 13 al 31 de mayo de 2007, realizamos la V Conferencia General del Episcopado Latinoameri­cano y de El Caribe, en Aparecida. Poco después, se publicó el documento conclusivo, con el parecer favorable del Papa. Desde entonces, en todo el Con­ti­nente se han desarrolla­do múltiples iniciativas para darlo a conocer, asu­mirlo y ponerlo en prác­tica. Los obispos mexica­nos le hemos dedicado dos asambleas. Las dióce­sis lo están difundiendo, cada quien con sus inicia­ti­vas y recursos. En nues­tra provincia de Chiapas, ya dimos talleres de tres días, aparte, para laicos, religiosas, seminaristas y presbíteros. En nuestra diócesis, lo estamos estu­diando por decanatos, con catequistas y servidores, encontrando gran inspira­ción para fortalecer nues­tro proceso de ser una Igle­sia autóctona, libera­do­ra, evangelizadora, ser­vidora, en comunión y bajo la guía del Espíritu.

Sin embargo, muchas personas desconocen este documento, que marcará la pastoral de la Iglesia por diez o quince años al menos. Algunos agentes de pastoral, quizá satura­dos de trabajo, no le han dado la importancia que merece. Unos pocos, ca­sa­­dos con sus esquemas mentales, lo menospre­cian; no está abierto su corazón a los caminos nue­vos por donde nos lleva el Espíritu Santo. Se consideran de avanzada, pero están muy anclados en el pasado.

JUZGAR
En el documento deci­mos: “Necesitamos desa­rrollar la dimensión mi­sio­nera de la vida en Cristo. La Iglesia necesita una fuerte conmoción que le impida instalarse en la comodidad, el estanca­mien­to y en la tibieza, al margen del sufrimiento de los pobres del Continente. Necesitamos que cada comunidad cristiana se convierta en un poderoso centro de irradiación de la vida en Cristo. Esperamos un nuevo Pentecostés que nos libre de la fatiga, la desilusión, la acomoda­ción al ambiente; una veni­da del Espíritu que renueve nuestra alegría y nuestra esperanza” (362).

Hay que pasar “de una pastoral de mera conser­vación a una pastoral deci­didamente misionera, … con nuevo ardor misio­nero, haciendo que la Iglesia se manifieste como una madre que sale al encuentro, una casa acogedora, una escuela permanente de comunión misionera” (370). “No se trata sólo de estrategias para procurar éxitos pas­to­rales, sino de la fideli­dad en la imitación del Maestro, siempre cercano, accesible, disponible para todos, deseoso de comuni­car vida en cada rincón de la tierra” (372).

ACTUAR
Son múltiples las per­so­nas y los ambientes a los que ha de llegar el Evangelio: Familias, niños, adolescentes, jóve­nes, ancianos, mujeres, medio ambiente, educa­ción, medios de comuni­cación, cultura, nuevos areópagos y centros de decisión, católicos en la vida pública, pastoral ur­bana, personas que viven en las calles, migrantes, adictos dependientes, enfermos, detenidos en las cárceles, infectados por el sida.

“¡Necesitamos salir al encuentro de las personas, las familias, las comuni­da­des y los pueblos para comunicarles y compartir el don del encuentro con Cristo, que ha llenado nuestras vidas de ‘sen­tido’, de verdad y amor, de alegría y de esperanza! No podemos quedarnos tranquilos en espera pasi­va en nuestros templos, sino urge acudir en todas las direcciones para pro­clamar que el mal y la muerte no tienen la última palabra, que el amor es más fuerte, que hemos sido liberados y salvados por la victoria pascual del Señor de la historia, que Él nos convoca en Iglesia, y que quiere multiplicar el número de sus discípulos y misioneros en la cons­truc­ción de su Reino en nuestro Continente” (548). “Es un afán y anuncio misioneros que tiene que pasar de persona a persona, de casa en casa, de comunidad a comu­nidad” (550).

Se nos pide “poner a la Iglesia en estado perma­nente de misión” (551)… “no a través de evangeli­zadores tristes y desalen­tados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo y acep­tan consagrar su vida a la tarea de anunciar el Reino de Dios y de implantar la Iglesia en el mundo. Re­co­bremos el valor y la audacia apostólicos” (552).
Por monseñor Felipe Arizmendi Esquivel,
obispo de San Cristóbal de Las Casas

SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS. (ZENIT.org).- Publicamos el análisis redactado por monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas, a un año de la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, celebrada hace un año en el santuario de Nuestra Señora de Aparecida, Brasil.
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