Cambio Cultural y Vida Sacerdotal

Mayo 29, 2008

No podemos olvidar que nosotros, sacerdo­tes, siempre seremos consi­derados como ex­tranje­ros y forasteros en nues­tra propia patria, porque no seremos re­conocidos por el mun­do, si somos fieles y auténticos. Nosotros tene­mos nuestro cami­no de eficacia y nuestro itinerario espiritual tra­zado por el Maestro que no podemos descuidar y que siempre serán ac­tuales a pesar de mucha o poca moder­nidad.

La cruz de cada día será nuestro estandarte y el testimonio la ban­dera a ondear en cual­quier escenario donde nos encontremos, lo cual supone una madu­rez humana que debe notarse en: nuestro saber relacionarnos con los demás; en tener un espíritu de convivencia y de vida comunitaria; tener una madurez afec­tiva, que exige una for­mación clara y sólida para la libertad y una educación de nuestra conciencia moral.

Los medios que nos proporciona la Iglesia que sabe por sus años y su experiencia siempre serán pertinentes y ac­tuales y nunca pasan de moda, como son:

1.- La vida de ora­ción y de meditación diaria, que como nos dice Santo Tomás “debe ser confiada, recta, or­denada, devota y humil­de”
2.- El rezo de La Liturgia de las Horas que nos une a la ora­ción de la Iglesia a fa­vor del pueblo de Dios.
3.- La Penitencia y la reconciliación fre­cuen­te.
4.- La celebración de la Eucaristía que nos capacita para resistir las tentaciones y dificulta­des de la vida y además para que tengamos pa­sión por el Reino y así podamos “acoger y buscar a las ovejas des­carriadas para devol­verlas al redil, como lo hace el Buen Pastor”.
4.- Tener un Direc­tor Espiritual en vista a un itinerario a la santi­dad.
5.- Ejercicios Espi­ri­­tua­les y Formación permanente.

Quiero terminar mi reflexión recordando que muchas veces nos puede parecer que la historia es circular (el eterno retorno), es de­cir, que se va repitiendo lo mismo en cuanto que los hechos se mueven siempre en esa triple coordenada de ilusión, desilusión y reilusión; olvidándonos que la historia es siempre lineal, siempre hacia delante hacia el punto Omega.

Aunque es verdad que el crecimiento so­cial y personal es muy parecido al de la histo­ria de la salvación, que se va dando a través de superar crisis y que nada tiene que ver con el Mito de Sísifo del empezar de nuevo, ya que avanzamos entre caída y levantamiento, porque así ha sido nuestra historia salutis: gracia, pecado y gracia; y a veces Dios permite ruptura para desde ahí sacar un bien mayor.

Mahatma Ghandi decía que los siete pecados de la sociedad contemporánea son:

1.- La riqueza sin trabajo
2.- El placer sin conciencia,
3.- El conocimiento sin carácter,
4.- Los negocios sin moral
5.- La ciencia sin amor a la humanidad
6.- La religiosidad sin sacrificio y
7.- La política sin principios

(HERMOSA RADIO­GRA­FÍA PARA NO­SOTROS).

En la vida de la Igle­sia ha habido muc­has rupturas y a la pos­tre sale victo­rioso el bien mayor: pensemos en el carisma de San Francisco de Asís, o bien, la vida de Ignacio de Loyola.
Con eso estoy di­cien­do que no podemos perder de vista Aquel que inició la carrera en nosotros y El mismo será que la lleve a feliz término, pero ojalá que cada uno de nosotros contribuya a lo interno a hacer más transpa­ren­te la figura del Resuci­tado: Que los obispos recuerden su papel que es principalmente aco­ger, unificar e incenti­var la vida dentro de su presbiterio.

Que nosotros sacer­do­tes nos hagamos conscientes que somos una fraternidad sacra­mental cuya principal misión es mantener la unidad, el amor y la comprensión entre no­sotros y a la vez sentir­nos urgidos por el celo apostólico y la pasión por el establecimiento del Reino de Dios, para que con los laicos po­da­mos edificar la co­mu­­nidad eclesial y Cristo sea glorificado en todos los ambientes.

P. Fausto R. Mejía Vallejo

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