Cumplir la voluntad de Dios
Mayo 29, 2008
No todo el que dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre. (Mt. 7, 21).
Ciertamente, la Palabra de Dios hay que escucharla, pero ello no es suficiente, porque también es necesario ponerla en práctica.
Cristo es nuestro Salvador, nos ha traído el plan salvífico que no sólo comprende aceptación, sino además la realización de obras.
Jesús ha dicho “quien hace la voluntad de mi Padre, entrará en el reino de los cielos.” La condición para el ingreso al reino no es sólo conversión, sino además la práctica de los mandatos.
El pueblo de Israel entendía que bastaba creer y prescindían de las obras. Es por esta razón que el profeta Jeremías los censuraba fuertemente diciéndoles: “No se hagan ilusiones con razones falsas repitiendo: el templo del Señor, el templo del Señor, el templo del Señor. Enmienden vuestra conducta y acciones: no exploten al emigrante, al huérfano y a la viuda, no derramen sangre inocente en este lugar. (Jr. 7,4-5).
Jesús nos advierte que la fe sin obras no sirve para la salvación. Es necesario escuchar La Palabra, pero también ponerla en práctica, porque quien la escucha y la practica, será como el varón prudente que edifica su casa sobre roca. (Mt 7,24).
El apóstol Santiago llama fe muerta a la que no es seguida de obras. (Sant. 2,1-26). En la apertura del juicio que se abrirá a cada uno se nos hará el recuento de las obras y el Juez será el mismo Jesús, el Mesías, porque Cristo es el Juez Supremo del mundo, contrario a lo que creían los judíos para quienes el Mesías no tenía atributos de juez divino.
Cristo se proclama Juez Universal y lo que vale ciertamente, para ganar el reino de Dios es el amor con obras.
En el mundo en el cual vivimos siempre ha habido realizadores de obras materiales, pero de nada les servirán si las mismas no se hacen para cumplir los mandatos de Dios Padre.
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