En Villa Tapia: Fallece Diácono Ernesto De Jesús Moya

Mayo 29, 2008

Nació en Sabana Angosta, Villa Tapia, un primero de enero del 1922. Hijo de Colasina Moya y Gil de Jesús. Proviene de una familia de 16 hermanos, de los cuales han fallecido 9: Casimiro, Carlixta, Ercilio, Evarista, Ramón, María Petronila, Félix y Ernesto. Sobreviven: Angélico, Tranquilo, Norberta, Juana, Jesús María, Juan Francisco, Virgilio.

Conoció en su misma comunidad a la joven más bella que sus ojos habían visto, él mismo lo decía: -”Chicha era bonita”. Contrajo matrimonio el día 28 de junio del 1947 y fruto de esa unión na­cieron 12 hijos, los cuales todos sobre­vi­vimos: Juana, Ángel, Tobías, Plinio, Juan, Williams, Nieves, Maritza, Elmi, Griseida, Lisette y José Luis.

Fue a la Escuela poco tiempo, lle­gando solamente a un escaso tercer cur­so, pero a través de sus habilidades para la lectu­ra, su interés y su inteligencia, adquirió co­no­ci­mientos igualándose al mejor universitario con diferentes diplo­ma­dos, llegando a ser un autodidacta. En esa época fue el único agricultor que perteneció a la junta de directores de la hoy Pontificia Univer­sidad Católica Ma­dre y Maestra, posi­ción que abandonó por falta de recursos económicos.

Fue ordenado diácono permanente en la parroquia San Rafael Arcángel de Villa Tapia, el día 24 de Octubre del 1975, por el representante de Su Santi­dad, el Nuncio Apostólico Grabely, ejer­ciendo el diaconado por 33 años, hasta el final de sus días.

Se estrenó como diácono en el Ru­bio, San José de Las Matas, celebrando su primer matrimonio el 27 de febrero del 1976.

Cuando se elegían a las perso­nas por sus valores morales, fue elegido como fiscalizador del 1982 al 1986.

Estamos viviendo una época en que lo material se ha convertido en lo más importante. Se encontró un escrito de mi padre que quisimos sirva de mensaje para aquel que cree que lo material es imprescindible, él decía:

“El dinero es un factor preponderante de nuestra vida, resuelve muchas situa­ciones, pero no siempre permite comprar aquello que en oportunidades constituye nuestro más profundo deseo”. Poniendo algunos ejemplos: nos da la comida, pero no el apetito; el lujo, pero no la be­lle­za; una casa, pero no un hogar, el remedio, pero no la salud; la conviven­cia, pero no el amor.

Siempre vivía inquieto y comentaban que él quería dejarle a sus hijos bienes materiales y que no pudo y yo le dije a él y a mami que no se preocuparan, que ellos nos habían dado el regalo más her­moso, llamado formación cristiana y va­lo­res humanos, que no había mayor riqueza que no hacerle daño a la gente.

Su lucha constante por la igualdad, la repartición equitativa de la riqueza, la jus­ti­cia social y la falta de paz entre todos los seres del universo, esa era su mayor preocupación.

Pronunciando sus últimas palabras, minutos antes de morir, dijo que sólo sentía irse dejan­do cómo los políticos se maltrataban uno al otro y no pensaban en el país ni en los pobres y cómo la igno­ran­cia, la miseria y la maldad estaban des­truyendo a la República Dominicana.

Hay frases que no podemos olvidar de nuestro padre y que siempre las apli­ca­remos en nuestras vidas y queremos compartirla con ustedes. El tenía mu­chas, pero elegimos ésta: “Ser cristiano es sufrir el dolor aje­no”. El amor al prójimo fue el estandarte que caracterizó a nuestro papá.

Hay hombres que luchan un día y son buenos, hay otros que luchan mu­chos días y son mejores, hay otros que luchan muchos años y son muy buenos, pero los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles, entre estos hom­bres se encontraba don Ernesto De Jesús Moya.

Hasta siempre Papá.
Ora Marquez, en sus 13 líneas para vivir, en la 9 específicamente: QUIZAS DIOS QUIERA QUE CONOZCA MU­CHA GENTE EQUIVOCADA ANTES DE QUE CONOZCA A LA PERSONA ADECUADA, PARA QUE CUANDO AL FIN CONOZCA A ESA PERSONA SEPA ESTAR AGRADE­CIDO.

Y agradecidos hemos de estar porque no necesitamos conocer a esas equivoca­das ya que fuimos afortunados al cono­cer a un ejemplo de sociedad, un ejem­plo de vida. Conocimos al hombre que el mundo necesita, porque el mundo nece­sita:

• Hombres que sean sinceros y hon­rados en lo más íntimo de sus almas.
• Que no teman dar al pecado el nombre que le corresponde.
• Que no se vendan ni se compren.
• Que se mantengan de parte de la justicia aunque se desplomen los cielos.

Todas estas cualidades se encerraron en un ser, un ser amado por todos, un ser que dio de comer quizás teniendo ham­bre, un ser de amor, un ser que quizás no era perfecto, empero fue lo más cercano a la perfección, que como hombre he sido digno de conocer.

En especial, tengo que sentirme afor­tunado y también todos aquellos que com­partieron con él, porque conocimos un luchador, con ideas que son el arma más poderosa que un hombre pueda po­seer; que alcanzó la grandeza porque sólo la alcanza quien cuida de los peque­ños detalles, y nunca los olvidó.
Hoy sabemos que descansa en paz, que está junto a nuestro Padre, ejemplo materno; que desde el más allá nos mira y se siente satisfecho por su obra; que su nombre se eleva porque, como dijo Ma­nuel del Cabral: -hay muertos que van subiendo cuanto más su ataúd baja… y sabemos que nunca olvidaremos a quien aún no estando físicamente, podemos se­guir imitando, pues sus ideas ahora pasan a ser raíces, raíces que hundidas… dan frutos al ala.

Seguiremos tu ejemplo y hasta siempre.

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