Santa Sede: La crisis alimentaria, primer desafío del mundo actual. Intervención del observador permanente vaticano ante la ONU

Mayo 29, 2008

NUEVA YORK. (ZE­NIT. org).- La cada vez más extensa crisis alimen­taria es la emergencia y el de­sa­fío mayor que tiene que afrontar el mundo ac­tual, denunció el arzobis­po Ce­lestino Migliore, nun­cio apostólico y obser­vador permanente de la Santa Sede ante las Na­ciones Unidas.

Inter­vi­nien­do el pasa­do día 16 de mayo en la 16 sesión de la Comi­sión sobre Desarrollo Sos­teni­ble del Consejo Eco­nó­mico y Social, durante el debate de alto nivel titu­lado «The way for­ward», el prelado expresó en primer lugar el dolor y la solidaridad de la Iglesia por las víctimas del tifón en Myanmar y del terre­mo­to en China. «Estos de­sastres y su impacto sobre la vida humana y sobre el desarrollo soste­nible nos recuerdan nues­tra impor­tante responsabi­lidad, como líderes guber­na­men­tales, de indicar la vía a seguir para hacer fren­te a las muchas cues­tiones relativas al desa­rrollo y para encontrar medios para construir un futuro mejor», observó.

Invertir en programas agrícolas a largo plazo y sostenibles a nivel local e internacional, reconoció, «sigue siendo central para las perspectivas de desarrollo de muchas personas».

El mundo, subrayó el observador permanente, «está actualmente frente al desafío de afrontar este objetivo bajo forma de una crisis alimentaria global».

Según el arzobispo, esta crisis «revela la natu­raleza delicada e interco­nectada de la agricultura, del desarrollo rural, de la reforma agrícola, de la se­quía y de la desertización, y presenta una tarea desa­lentadora pero al mismo tiempo importante y urgen­t­e a los políticos y a la sociedad civil».
Muchos, observó, se preguntan sobre las verda­deras causas y sobre las consecuencias a medio y largo plazo de la crisis ali­mentaria y de sus tenden­cias fundamentales. En este sentido, las Naciones Unidas «tienen una preci­sa responsabilidad y tam­bién un interés de credibi­lidad en proporcionar res­puestas apropiadas con vistas a soluciones efica­ces porque está en juego la capacidad de la huma­ni­dad de proporcionar comida».

Según el arzobispo Migliore, «la crisis ali­men­taria no debería me­dirse sólo por el aumento de los costes en los mer­cados internacionales, sino también por el coste físico, mental y espiritual de cuantos son incapaces de proveerse a sí mismos y a sus familias».

Invertir en programas agrícolas a largo plazo y sostenibles a nivel local e internacional, reconoció, «sigue siendo central para las perspectivas de desa­rrollo de muchas perso­nas».

Estas inversiones «de­ben realizarse de modo que hagan frente a los precios de los productos alimentarios así como a la distribución y a la produc­ción de alimentos en el mundo, sobre todo en África».

En vista de esto, hay que continuar sosteniendo los programas que permi­tan a los campesinos pro­ducir bienes alimenticios a nivel local, así como se deben realizar mayores esfuerzos para aliviar «los aspectos negativos de las mudables realidades am­bientales y financieras».

«Las políticas agríco­las deben redescubrir la vía de la razón y de la realidad para equilibrar la necesidad de producción de alimentos con la nece­sidad de ser buenos admi­nis­tradores de la tierra –constató–. Hay que tener cuidado de hacer frente a las necesidades funda­mentales de las personas y evitar la reducción del diálogo a extremos econó­micos y medioambien­tales interesados y guia­dos por motivaciones ideológicas».

El 70% de los pobres del mundo, recordó Mig­liore, vive en zonas rura­les en las que sigue persis­tiendo la desnutrición crónica.

Este dato ilustra clara­mente que, al afrontar el desarrollo sostenible, se debe continuar concen­trán­dose «no sólo en quie­nes consumen los bienes alimenticios sino también en quienes los producen».

Desde este punto de vista, son deseables ma­yo­res inversiones a favor de los pequeños agricul­tores que les permitan aumentar la producción de modo sostenible y repre­senten «un importante elemento para hacer frente a la presencia continuada del hambre y de la desnu­trición crónicas en ciertas regiones».

Si la actual crisis ali­mentaria es una amenaza inmediata al desarrollo, denunció, la sociedad debe seguir afrontando también otros «desafíos persistentes e inminen­tes», como el cambio cli­mático, los subsidios agrí­colas dañinos, el comercio equitativo, la degradación medioambiental y la refor­ma agraria.

«A través de una ma­yor solidaridad interna­cio­nal y más preocupación por los más vulnerables en nuestras sociedades, podremos hacer frente a los desafíos inmediatos trabajando al mismo tiem­po para asegurar que el progreso de hoy sea la pie­dra angular de un ma­ñana más justo y seguro», concluyó.

Por Roberta Sciamplicotti, traducido del italiano por Nieves San Martín

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