Mundo de dos: Puntos de Cruz, ¿un arte en extinción?

Junio 24, 2008

Este arte o entretenimiento llega a América junto a otras tradiciones del Viejo Continente y los motivos decorativos europeos adquieren nuevas inspiraciones y vitalidad del folklore del Nuevo Mundo, y era clase obligatoria para la verdadera educación de una dama.

En los primeros decenios de nuestro siglo llegó el declive del punto de cruz. Sólo se aprendía y se practicaba en las escuelas y los escolares lo olvidaban pronto. En algunos casos, para pasar a técnicas de bordado más complejas y refinadas, y en otros para odiar de forma definitiva la aguja y el hilo. A pesar de que la práctica del bordado ha ido desapareciendo día a día, en los años ochenta y de forma inesperada recobró vida. El gusto y la pasión por la técnica del punto de cruz volvieron a la vieja Europa desde Estados Unidos, donde los descendientes de los pioneros habían sabido restituir frescura e inventiva a la tradición de sus antepasados.

Fruto de este renacimiento, durante las primeras semanas de junio hubo una exposición de punto de cruz en la mediateca Aida Cartagena Portalatín, del Centro de la Cultura de Santiago, coordinada por las diseñadoras, Licda. Flor A . García y la Licda. Deyaniris Quijada.

Por Wilson Inoa

El padre Mateo partió a la casa del Padre

Junio 24, 2008

El querido y entrañable amigo Padre Mateo Andrés ha partido a la casa del Padre y se fue y nos dejó a todos con un nudo en la garganta, con unas lágrimas en los ojos y con la tristeza larga en el corazón, pero a la vez sentimos el gozo, la alegría y la satisfacción de recibir de él su amistad, su cercanía y sus enseñan­zas; y sobre todo su testimonio de vida, que nos hace privilegiados y hasta sen­tir­nos orgullosos de haber sido sus discí­pulos y en mi caso particular experi­men­tar el sentido filial, ya que a él le quise y le quiero como a un verdadero padre.

En el Padre Mateo se cumplió aque­llo del dicho popular que dice que cada uno muere como vive, y yo diría que el Señor le complació en lo que él quería, morir con las botas puestas del trabajo y no ser carga ni molestia para nadie.

Se fue sin hacer ruido y se despidió de los suyos de un modo tan sutil, y tan sutil, que yo después de su muerte es que entendí aquella hermosa conversa­ción que tuvo conmigo el domingo ante­rior a su partida. Ahora entiendo muy bien el significado profundo de las can­ciones “Cuando un amigo se va” y “Viejo, mi querido viejo”.

Para decirle adiós nos reunimos una gran cantidad de sus amigos y beneficia­dos, entristecidos pero con el aire de gozo al sentirnos parte de él y porque sabemos el sentido de la muerte a la luz de la fe. Él está cerca del Señor y está también con nosotros pero de otra forma.

Mons. Francisco José Arnáiz, un com­pañero casi inseparable desde los días del noviciado, presidió la Eucaristía de despedida y de acción de gracias. Tuvo una hermosa y profunda homilía, no sólo por la retórica de su lenguaje, sino porque supo recoger con fidelidad la vida y el ministerio sacerdotal del Padre Mateo.

Yo estoy gratamente sorprendido por la cantidad de llamadas que me han hecho algunos obispos, un gran número de sacerdotes y de amigos, para expre­sarme su solidaridad y su condolencia por la partida del Padre Mateo.

Ellos saben de los largos años (43) de amistad que nos unía y que nos ha­cían casi inseparables, cumpliéndose aquello de San Agustín que decía “feliz el hombre que en su vida encuentra a un solo verdadero amigo”.

Mientras escri­bo estas letras acabo de recibir llamada del Padre Santiago Rodríguez, quien a nombre de los sacer­dotes dominicanos que estudian en Roma, quiere unirse en oración por el Padre Mateo; igualmente acabo de reci­bir llamada del P. Ricardo Fajardo y de algunos ex seminaristas que viven en Nueva York.

Como sabemos, cada ser humano se identifica con su patria; la ama, la respe­ta y la defiende, porque para cada uno ese terruño es algo especial, porque allí están sus raíces, sus costumbres, su len­gua, su historia; en una palabra, su cul­tu­­ra. Un día el Padre Mateo sintió la lla­ma­da y “dejó su tierra, a sus padres y a sus 6 hermanos” y entró al noviciado y después de un largo proceso de for­ma­ción se ordenó sacerdote para la Compa­ñía de Jesús, siendo nosotros los domi­ni­canos los grandes privilegiados con el ministerio del Padre Mateo.

El Padre Mateo Andrés fue un jesuí­ta a carta cabal y lo confirman su fide­lidad a su carisma o cultivo profundo de los consejos evangélicos: austeridad de vida, su amor a la Eucaristía, su corazón limpio, su obediencia sincera, su espíri­tu de oración. Era de una fidelidad ad­mi­rable a la oración de la Iglesia (Litur­gia de las Horas), desde las Laudes hasta la Completa.

Fue un hombre de Dios al servicio de los demás, eso lo confirman su estilo de vida sencilla, su capacidad de servi­cio y de trabajo, su espíritu de oración, su comprensión para con los demás, su alegría y su austeridad. El tenía y así me lo referían muchas personas, un don na­tural y un carisma especial para saber compenetrarse con los demás, no im­por­ta la edad y la condición social que tu­vie­ran, tenía como un imán para atraer y para hacer que los otros se sintieran bien. Su modo de acoger, de tratar y de sonreír ya era de suyo un apostolado.

El Padre Mateo fue un prolífico es­cri­tor, podemos decir un artesano de la escritura, porque así como el mecáni­co y el albañil usan sus destrezas y sus herramientas para hacer sus obras, de la misma manera el escritor tiene que utili­zar la pluma y el papel.

Desde que se inició con su libro Matrimonio Adulto y seguida Puedo ser otro y feliz, que se ha convertido en un best seller, comenzaron a llegar los demás hasta completar el número 25, que están es­parcidos por el mundo de habla hispánica y que tanto bien van ha­ciendo a tantas personas que lo testi­mo­nian la gran canti­dad de cartas que envia­­ban desde muchos lugares al Padre Mateo.
Pero su obra maestra lo fue la for­ma­ción sacer­dotal, que lo acreditaban como un formador de formadores y a quien los seminaristas declararon como su patrimonio. Co­menzó en el 1955 con sus primeros alumnos entre ellos el Car­denal López Rodríguez, Mons. Moya y el P. Do­mingo Toribio, hasta el 12 de mayo cuando entregó sus notas de las tres ma­te­rias que daba en el Semi­na­rio Mayor Santo Tomás de Aquino.

Pero, además de su vocación de insigne maes­tro, él cultivó otro gran don al que dedicó mucho tiempo y dedica­ción, me refiero al cultivo y la ayu­da a los matrimonios. Ahí los cientos de cur­sos por donde pasaron miles de perso­nas, sus distintos re­tiros o ejercicios es­piri­tua­les, convivencias, char­las y talle­res familiares que a lo largo de la geo­grafía nacional y en dife­ren­tes países que supo im­partir. Precisamente el día de su muerte tenía progra­mado con las familias de Azua un día de formación.
Es muchísimo lo que tendríamos que decir y que haría falta plasmarlo en varios libros, por eso permítanme com­partir con ustedes algunos testimo­nios de algunas personas que lo expresaron cuando el Padre Mateo cumplió 50 años de vida sacer­do­tal. Sólo pondré algu­nos por razón de espa­cio.

Siendo Presidente y Pri­mera Dama el Ing. Hi­pó­lito Mejía y Doña Rosa de­cían: “Nuestra amistad viene
desde prin­cipio de la década de los “70”, cuan­do asistimos a su mag­nífico curso “Matri­mo­nio Adulto”. Desde en­ton­ces es nuestro consul­tor por excelencia en las diversas ocasiones en que hemos tenido, bien la ale­gría de un aconte­cimiento fa­mi­liar o la necesidad de consulta para la toma de decisión con cualquiera de noso­tros”.

Mons. Arnáiz le apli­có al P. Mateo una cita del P. Rivadeneira que dice “La razón de nuestra vida nos exige ser hom­bres crucifi­ca­dos al mundo y para quienes el mundo está crucificado.

Hombres nuevos que se han despojado de sus afectos para vivir la santi­dad, que, como dice San Pablo, en los traba­jos, en las vigilias, en el ayuno, en la castidad, en la cien­cia, en la magna­nimidad, en la suavidad, en el Espí­ritu Santo, en la caridad no fingida, en la transmi­sión de la ver­dad se mues­tren minis­tros verdaderos de Dios”.

Hermosas las pala­bras de Mons. Moya, quien, rememorando su tiempo de discípulo del Padre Mateo dice “Cada clase era una meditación que se abría a la vida. Señalaba horizontes abier­tos y ge­nerosos. La hora de cla­se se pasaba volan­do y todos disfru­tá­bamos con él. Con qué facilidad y gracia nos convertía la tesis filosó­fica en gracia de Dios y regalo espiri­tual”.

Mons. Freddy Bre­tón, el obispo de Baní, decía: “Es serio eso de marcar positivamente a una per­sona para siem­pre. Algu­nos profesores lo logran, y el Padre Mateo es sin duda uno de ellos. Tam­bién lo re­cuerdo llegando al Se­mi­nario –ya en la Sara­sota, y siendo yo for­ma­dor del mismo– en su bicicleta negra, último modelo, (idéntica a la que usó mi papá en su juven­tud). Por supuesto que en la parrilla venía el male­tincito de hule con zíper de tela. La última vez que ví la tal reliquia velocí­si­ma era una saeta platea­da; de tanto verla negra, unos amigos la mandaron a ni­quelar. Eran los tiem­pos en que se dis­frutaba mu­cho la pesca sub­ma­rina; yo llegué a acompa­ñarlo con el amigo Fausto a las costas caribe­ñas. Allí me deslicé bajo las aguas, arpón en mano, para vol­ver lleno de eri­zos; no re­cuerdo bien cómo le iba en su pesca, pero a los peces les iba siempre bien conmigo”.

Y el Arzobispo de Santiago, Mons. Ramón De la Rosa afirma “Re­cuerdo los aportes que hizo a mi formación hu­ma­na y la dis­ciplina a la que él mis­mo se sometía para ser “un mejor hom­bre”. Valo­raba su huma­nis­mo. Su ejemplo en este sentido me marcó y me sirve de estímulo para nunca sen­tirme termina­do, sino que debo pensar que siempre hay posibili­dad de ser me­jor. Su inte­rés por la psi­co­logía rea­firmó mi inte­rés por esa área del saber humano”.

Su hermano sacerdote Melquíades Andrés escri­bía en ese entonces: “Cuan­­do nos visita en nuestro Micieces de Oje­da, pone alegría y luz en abuelos, hermanos, sobri­nos y nietos, todos juntos en las excursiones comu­nes, o en los breves días o ratos que dedica a cada uno en su casa respectiva. Serenidad y luz cristiana es su gran regalo”.

Hermosa las palabras del P. Vinicio Disla cuan­do describía al Padre Ma­teo “testigo del binomio luces y sombras en el Pue­blo de Dios. El Maes­tro, el Profesor, el Cate­dráti­co, el Pastor de pas­tores germinales en cada semi­na­rio. El animador de fa­mi­lias y de generacio­nes. Conferencias, libros, me­di­taciones, ejercicios espi­rituales han sido las expe­riencias de siembra en nuestros corazones anti­llanos”.

El Padre Hermann Gebert, Rector General de los Sacerdotes de Scho­ens­tatt en Alemania le es­cribía así “Mis felicita­ciones quieren ser una ac­ción de gracias, por todo aquello que usted ha sido, ha hecho y aún hace por nuestro Padre Fausto. En mi visita a República Do­minicana y en su visita que usted hizo a nuestra casa de Moriah, pude de­jar­me edificar de la linda unión entre usted y el Pa­dre Fausto. El le ha rega­la­do desde que yo lo co­noz­co una confianza ili­mi­tada y se siente unido a usted en una filialidad ami­­cal y filial y usted lo ha acompañado y le ha motivado para que descu­bra sus talentos y los haga fructíferos para su pue­blo”.

A nombre de los sa­cer­dotes de la Diócesis de La Vega el P. Francis­co Jiménez decía “Como hombre y como sacerdote, siempre me ha impresio­nado la paz que refleja en su vida, su modo sencillo y su peculiar profundidad para tratar cualquier tema o cualquier problemática que se le presente. Sin lugar a dudas, estar un mo­mento al lado del Pa­dre Mateo es poder tener la oportunidad de estar frente a un sacerdote que refleja una paz inte­rior y una auténtica liber­tad”.

Y los seminaristas del Seminario Mayor Santo Tomás de Aquino decían del P. Mateo: “Es un maes­tro de la vida y de la experiencia. Siempre ape­la al ejemplo ya que esto enseña más que los con­cep­tos. Nos repite en cada clase que él no enseña para el examen, sino para la vida. A este enseñar para la vida su estilo dis­ci­­pli­nado. El ha realizado grandes hazañas en esa empresa humana de ende­re­zar los entuertos de nuestra autoimagen, de nuestros sentimientos y de nuestras afectividades personales. El ha sido una gracia de Dios para nues­tro seminario, pero tam­bién, según él mismo, es una gracia de Dios ayudar a que los seminaristas sal­gan a buen sendero. ¡Gra­cias Padre Mateo! ¡Felici­da­des por el resto de su vida sacerdotal!”.

Contentémonos con estos testimonios. Y al que­rido Padre Mateo An­drés nos queda decirle: Gracias del alma por su amistad y su testimonio. Un día, cuando el Señor lo disponga, nos encon­tra­remos de nuevo con usted y para siempre.

P. Fausto R. Mejía Vallejo

Fallece madre del Padre Abrahán Apolinario

Junio 24, 2008

Hermanas y hermanos,
Agradezco de corazón todas las muestras de fraternidad y solidaridad que he recibido de muchos de ustedes. Para mi familia y para mí ha sido un aliento en este momento de dolor y esperanza. Gra-cias por sus mensajes y llamadas y sobre­todo gracias por sus oraciones por mi Mamá.
El miércoles 18 de junio, tuvimos la Misa de novenario en la misma iglesia de La Medalla Milagrosa donde tuvimos el funeral. Esta ubicada en la calle 5-A del barrio INVI de Los Mina.

MARCELINA ALTAGRACIA ABREU LIRIANO (HILDA)
19 Junio 1932 - 9 Junio 2008
Mamá nació en La Guama, provincia Es­paillat, el 19 de junio de 1932. Hija de Basilio Abréu y Sarita Liriano. Fue la ma­yor de 14 hermanos, a quienes desde niña empezó a cuidar como otra madre. Se casó con José Eugenio Apolinario en 1950, con quien tuvo 8 hijos: María, José Abraham (sacerdote), Mercedes (Altagra­cia­na), Rosa, Soraida, Altagracia, Mery y Maribel.

En el año 1955, emigró con su único hijo y sus dos hijas a Santo Domingo, donde nacieron las cinco restantes. Para sostenerlos realizó diversos trabajos: Ma­nualidades, obrera en una fábrica de za­pa­tos, doméstica en casas de familia, has­ta que en el año 1962, ingresó como ope­raria a la Textil de Los Mina, donde tra­ba­jó por 27 años, labor que combinó con sus tareas en el hogar y los trabajitos de costura y venta de dulces con los que com­pletaba sus ingresos para criar esta larga familia.

Fue una mujer de fe, fuerte carácter y solidaria con la familia, vecinos, ami­gos y necesitados en general, acogiendo en su pequeña casa personas necesitadas de albergue o apoyo. Formó parte desde sus inicios de la Parroquia de La Medalla Milagrosa, donde participó de distintos grupos apostólicos y de oración.

Se distinguió por su sinceridad y dis­creción, ya que nunca fue amante de chis­mes, ni cuentos de barrio. Así educó a sus hijos, inculcándoles siempre el valor de la higiene, la responsabilidad y sobre todo la honestidad.

Al perder a su esposo en 1980 siguió con actitud heroica su misión de madre. El Señor la llamó a su lado el 9 de junio del 2008 después de una larga enferme­dad en la que dio testimonio de discipli­na, perseverancia y gratitud. De esto son testigos el personal y los pacientes rena­les del Hospital Padre Billini y del Insti­tu­­to de Diabetes de Los Ríos. Nuestra gratitud a los que con tanta dedicación y cariño la cuidaron en estos últimos cinco años.

Fue más que una madre, una amiga, ya que siempre sabía qué decirle a cada uno de sus hijos con las palabras correc­tas en el momento indicado, siendo sin­ce­ra pero sin llegar a ofender. Y sobre todo siempre estaba pendiente de los de­talles de cada uno de nosotros.

Dios la acoja junto a El y a su Madre, en quien tanto confió. Desde allí esperamos que siga cuidando a sus hijos, nietos y a los que amó.

Tres sacerdotes: Hilario, Batista y Disla, gloria y prez del clero dominicano, celebran sus 50 años de vida sacerdotal, en Santiago.

Junio 24, 2008

El Padre Juan Evange­lista Disla imita y honra a su patrono, el discípulo predilecto de Cristo, como hombre puro, ino­cente, sin dolo, humilde, de corazón transparente, y en su vida de pastor muy servicial y dando lo mejor de sí.

Queridos hermanos:
En medio de la senci­llez de este día y lugar y en forma, podíamos decir, silenciosa, nos congrega­mos aquí para enaltecer y agradecer el sacerdocio de Cristo en la Iglesia en es­tos tres dignos y queridos sacerdotes: César Augus­to Hilario Brito, Juan de la Cruz Batista Rodrí­guez y Juan Evangelista Disla Almánzar, en su quincuagésimo aniversa­rio de su ordenación sa­cerdotal.

Este acto es un canto de acción de gracias al Señor. Es el magnificat de la Virgen María que sigue proclamando la Iglesia. Como exclamaba San Am­brosio: “viva en noso­tros el alma de María para ensalzar al Señor; viva en nosotros el espíritu de Ma­ría para glorificar a Dios”.

En estos tiempos de crisis y difíciles para la Iglesia, nuestro gozo se redobla por tratarse de tres sacerdotes que con humildad han mantenido en alto la dignidad sacer­dotal y son coronados con el don y la diadema de la fidelidad. Son una gloria del clero arquidiocesano de Santiago, de toda la na­ción Dominicana y yo añad­iría, gloria de la misma Iglesia universal.

Nunca ha sido fácil prac­ticar la virtud. Pero con la gracia de Dios y el esfuerzo propio, unido a la fidelidad, estos herma­nos nuestros, han cumpli­do con su misión, ungidos por el Espíritu Santo, ele­gidos por el Señor, confi­gu­rados ontológicamente con Cristo-sacerdote. Equi­pados espiritualmen­te de esta manera, han sido enviados con el poder y espíritu de Cristo pastor, como dispensado­res de los misterios divi­nos, y como testigos del amor misericordioso de Dios Padre. Con su celo pastoral han podido po­ten­ciar la vocación especí­fica de todo cristiano, y a la vez han podido estar en el mundo sin ser munda­nos. Han vivido su largo sacerdocio con inmensa alegría, irradiada a sus hermanos sacerdotes, a los fieles y al mismo mundo.

Podemos repetir con el Salmo 73: ¡“Qué bueno es Dios para el honrado, el Señor para los limpios de corazón!”; y con el otro sal­mo, el 89: “Canta­ré eternamente la lealtad del Señor, anun­cia­ré tu fide­li­dad por todas las eda­des”.

Ya se ha escrito y ha­blado del recorrido humil­de y luminoso, muchas veces desapercibido, pero fecundo, de estos tres sa­cer­dotes, figuras promi­nen­te de la Iglesia, como hemos dicho.
Pero, recordamos al­gu­nos datos: César Augus­­to Hilario, nacido en Moca, el 8 de abril de 1934, ordenado sacerdote en Roma por Mons. Hugo Eduardo Polanco Brito,  el 27 de julio de 1958. Li­cenciado en música sacra, en el mismo Roma; nom­brado director del coro de Catedral, funda­dor del Orfeón de Santia­go y pá­rroco de varias pa­rroquias entre ellas el San­to Cura de Ars y ac­tual­mente San Pedro y San Pablo, del Ensueño, en esta ciudad.

El padre Hilario, con su alta musicalidad ha sa­bi­do llenar de júbilo y de admiración a toda la ciu­dad de Santiago y al país. La música es una de las artes que más nos emocio­nan y elevan nuestro espí­ritu. San Agustín decía que una liturgia bien orga­ni­zada, delicada y devo­ta­mente desarrollada, con sus bellos y piadosos can­tos, le ayudaron a él para su conversión radical a Dios; y que esas mismas liturgias con sus melodías sublimes y la armonía, y dulzura de sus voces pue­den mover a los que no creen en Dios a encontrar a Dios.

Excúsame, padre Hila­rio, si musito al oído de ustedes, dentro de la cierta privacidad de este acto, un secreto de tu intimidad sa­cerdotal. Otro sacerdote, compañero tuyo me con­fió que cuando tú celebra­bas los 25 años de tu sa­cer­docio le habías comu­ni­cado tu paz y satisfac­ción en el corazón, por que en esos 25 años nun­ca habías subido al altar con el alma manchada con pe­cado grave; sino con dig­nidad sacerdotal, den­tro de nuestras limitacio­nes humanas. Cuando yo es­cu­ché esa confidencia (nunca iba a suponer otra cosa en ti) pero subió de punto mi aprecio a tu per­sona; aunque yo no soy dado a expresar mis afec­tos, y preferencias. Al­guien ha dicho más bien, que soy un hombre frío.

Mons. Juan de la Cruz Batista, nacido en Dicayagua, Jánico, el 25 de noviembre de 1930. Ordenado sacerdote el 15 de junio de 1958, especia­li­zado en catequesis, en Manizales, Colombia; miem­bro de una larga familia que contaba con 3 religiosas, 2 religiosos, y él como presbítero. Sus primeras parroquias fue­ron las de Luperón y el Mamey. Pionero en la ca­tequesis de esta diócesis y en el país. También fue, entre otras parroquias, pá­rroco de la Catedral y de Ntra. Sra. del Rosario en Moca, y de Santa Ana de Nibaje.

Personalmente lo que más he admirado en Mons. Batista ha sido su espíritu de trabajo y de lucha. De sacerdote jo­ven­cito y mientras su cuer­po ha tenido vigor ha sido un apóstol y misio­nero incansable, sobre todo en parroquias muy difíciles, como Luperón, El Mamey, Gaspar Her­nán­dez y otras más. Tuvo días de plena actividad pastoral por esas zonas rurales, montañosas, en que después de un día in­tenso de labor venía a tomar algún alimento al regresar a su casa, en la prima noche. Pero lo más  interesante era que en me­dio de esa vida tan dura y humanamente áspera, siempre exhalaba la ale­gría de su corazón misio­nero, la felicidad de que habla el Señor al decir que siente más dicha el que da que el que recibe, el que se pone a servir a los demás, y no espera ser servido (cfr. Hechos 20, 35).

Decía el anterior pa­triarca de Lisboa, Carde­nal Ribero, que el sacer­do­­te que en medio de tantas renuncias y fatigas pro­yec­ta esa gran alegría, es el mejor y más convin­cente testimonio que se puede dar al mundo. Y el mismo sacerdote no se imagina el bien que hace. Claro, eso supone que vive su vocación en inti­midad con Cristo por me­dio de la oración, y bajo el manto protector de nuestra bondadosa y solí­cita Madre, La Virgen Ma­ría. Cuando una perso­na está motivada por un auténtico amor y con la gracia de Dios se hace capaz de llevar a cabo las hazañas más arduas, pero altamente nobles.

Además, Juan de La Cruz, de niño, fue templa­do y forjado en esa vida de trabajo y de austeridad. Ese trabajo honesto que, en expresión del Papa Juan Pablo II, es manifes­ta­ción de servicio y de amor.

El Padre Juan Evan­ge­lista Disla, nació en Conuco, Salcedo, el 27 de diciembre de 1933, orde­nado sacerdote con Juan de La Cruz Batista el mis­mo 15 de junio de 1958, por Mons. Hugo Eduardo Polanco Brito. Su padre, Don Sabá, era muy culto y tenía una gran biblio­te­ca. Fuera de las horas de su trabajo, se pasaba el tiempo leyendo (un ejem­plo para las personas de hoy, incluso de Iglesia, que talvez nos dejamos arrastrar por el activismo y caemos en la vida irre­fle­xiva y superficial). El Padre Juan Evangelista Disla y su hermano Mons. Pedro Vinicio Disla son sacerdotes ejemplares y verdaderos pastores de sus fieles.

El R. P. Juan Evange­lista ha ido dejando jiro­nes de su dinámica y pia­dosa juventud entre otras parroquias, en las del San­to Cura de Ars, Santa Cruz de Mao, Tamboril, mi municipio natal, y últi­mamente en Cayetano Germosén. En su pastoral siempre ha tenido prefe­ren­cia por los niños y jó­ve­nes, esperanza del ma­ña­na. Cuando era trasla­dado se originaba un pu­gi­la­to entre la parroquia que dejaba y la nueva que se le asignaba. Él se que­daba neutral en manos de la obediencia a la Madre Iglesia.

El Padre Juan Evange­lista Disla imita y honra a su patrono, el discípulo predilecto de Cristo, como hombre puro, ino­cente, sin dolo, humilde, de corazón transparente, y en su vida de pastor muy servicial y dando lo mejor de sí. Yo lo tuve de vica­rio parroquial en la Parro­quia Santo Cura de Ars, Pueblo Nuevo, y lo tenía como un ángel de la guar­da que me acompañaba en todo.

Queridos sacerdotes:
Es verdad que “ningún ser humano puede vivir sin amor”, como expresa­ba Juan Pablo II, pero el amor que en realidad llena el alma a profun­di­dad no es el sensual, sino el gratuito, el de entrega total a Dios y a los her­ma­nos; el producido por una intimidad afectuosa con el Señor.

Sintámonos siempre pri­vilegiados y alegres, aun en las pruebas, por haber puesto Jesús sus ojos con cariño en noso­tros y habernos mirado con predilección (cfr. Mc. 10, 21); al elegirnos “para estar con Él” (Mc.3, 14) y para honrarnos teniéndo­nos como sus amigos (cfr. Jn.15, 15).

Si meditamos mucho en esto no envidiaremos los placeres de este mun­do, ni nos apegaremos desordenadamente a las cosas terrenales, a ejem­plo de San Pablo que las tenía por muy poca cosa (“como basura, dice el texto”) (cfr. Filp. 3, 7). Yo lo he comprobado con tantas personas, entre ellas laicos y laicas, que llenos sus corazones de Dios, sienten necesidad de pocas cosas de este mundo.
Pero como dice el ada­gio, la nobleza obliga.

La Virgen María, Nuestra Madre del cielo, en revelación privada, nos dice a nosotros los Sacer­dotes, sus Hijos Predilec­tos: “enorme es esta res­pon­sabilidad y, con un profundo recogimiento, yo pediría a mis hijos, los sacerdotes, a quienes amo entrañablemente, que me­ditaran sobre la grandeza del sacerdocio. Los espí­ri­tus celestes los miran com­placidos; tan alta dig­nidad, de “gloria y honor fue coronada”. Pues, sien­do los Ángeles espíritus puros, no pueden realizar milagro tan sublime como es el de la consagración. (María Puerta del Cielo, no. 27.4, Pág.343, Edicio­nes Consuelo, Barcelona 1995).

Y en otro lugar la Madre del Cielo nos dice: “Mediante las palabras de la consagración, el sacer­dote hace que Jesús venga sacramentalmente al altar. Aquel que toma en sus ma­nos el Cuerpo sacro­san­to de Jesús y lo mues­tra a los fieles para que le rindan adoración, ha de ser tan puro como los án­geles y tan casto como la mujer que el Altísimo eli­gió para Madre del Verbo Humanado, Virgen y Ma­dre castísima”. (María, Trono de la Sabiduría, no.22.8, Pág. 396, Edicio­nes Consuelo, Barcelona 1994).
Claro, ya lo sabemos, la castidad perfecta y per­petua es un don precioso que viene de lo alto, que no perciben los ojos del mundo, sino los que han sido llamados a vivirla (cfr.Mt.19, 11); pero a la vez ese Don tenemos no­so­tros que conquistarlo con la oración y la fideli­dad. Ya lo decía el emi­nen­te teólogo Rhaner: “lo que se recibe como un don, luego hay que con­quistarlo con la fideli­dad”.

Pero se necesita mu­cha humildad y amor en la persona llamada para que acepte esa sumisión amorosa y entrega gene­ro­sa al soberano Señor de todas las cosas; imitando la radicalidad evangélica de Jesús y de María.

Alabado sea Nuestro Señor Jesucristo.

Lo que aprendí del padre Mateo Andrés

Junio 24, 2008

La caridad pastoral es “el princi­pio interior, la virtud que anima y guía la vida espiritual del presbítero”, siendo su contenido esencial “la donación de sí, la total donación de sí a la Iglesia, compartiendo el don de Cristo y a su imagen y estas virtudes la vivió el P. Mateo…

Un sacerdote sobre una mula no es nada, pero si lo impulsa la fuerza del amor, puede hacer verdaderos mi­la­gros de cariño en sus fieles. Pue­do decir, el sacerdote que no tiene mu­cha lástima de los pecadores es me­dio sacerdote, eso aprendí del P. Mateo Andrés.

La caridad es lo que lleva en su corazón y esa es su fuerza y secreto… Esta caridad lo lleva a sentirse “ami­go” de todos, de sus paisanos y feli­greses, pero también de sus hermanos sacerdotes.
Hay que tener clara conciencia de que su unión con Cristo pasa no sola­men­te por la vida de oración sino que ésta debe estar íntimamente unida con la acción apostólica constante, lo repetía en clase.

Sabe que la vocación sacer­dotal implica que Dios lo quiere “con­­tem­plativo en la acción” y que, precisamente, en la acción apostólica es donde él desarrollará su camino de unión con Cristo y de transformación espiritual. Así nos enseñó Padre Mateo a vivir nuestro sacerdocio. Es vivir en la sencillez de lo coti­diano la fe, la esperanza y la caridad.

En definitiva, los santos serán los que “han manifestado su fe con obras, su amor con fatigas y su espe­ranza en nuestro Señor Jesucristo con una firme constancia” (1Tes. 1, 3). Pero esta santidad implica un camino cuyo punto de partida está en el de­seo mismo de ser santos: “Bie­naven­turados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán sacia­dos” (Mt. 5, 6). La justicia de la que aquí se habla es la justicia del Reino, que la Biblia identifica con la santi­dad. Y la promesa contenida en las biena­ven­­tu­ran­zas es para aquellos que tie­nen un vivo deseo (”hambre y sed”) de ser santos.

El hombre santo es el que se iden­tifica con su misión. Soy santo en la medida que me adhiero a una misión que en el corazón de Dios, es la me­jor identificación del P. Mateo, con relación a su misión en la forma­ción de los sacerdotes. Cuando en­cuen­tro mi sitio y meto el corazón en mi mi­sión, se me hace carne la santi­dad de la misión que Dios tiene en­comenda­da para mí. Por supuesto que no se da nunca una coherencia perfecta, ex­cep­t­o en la Virgen. Siem­pre hay una brecha -y a veces un abismo- entre ese proyecto amoroso que descansa en Dios y mi adhesión libre a Él.

Pero lo importante es que todos aprendimos de Mateo a ser sacerdo­tes. En el Corazón del Señor hay un pro­yecto santo para mí. La santidad es ese diálogo, ese “tire y afloje” mis­te­­rioso, por momentos muy gozoso, por momentos doloroso, entre un pro­yecto y una libertad que se adhie­re a Él fielmente. La santidad se identi­fica con su misión: su misión de for­mador y educador.

“Ser Santo” llevando a otros a la Santidad, fue la vida de P. Mateo.
La caridad pastoral es “el princi­pio interior, la virtud que anima y guía la vida espiritual del presbítero”, siendo su contenido esencial “la do­nación de sí, la total donación de sí a la Iglesia, compartiendo el don de Cristo y a su imagen, y estas virtudes las vivió el P. Mateo…

No es sólo aquello que hacemos, sino la dona­ción de nosotros mismos lo que muestra el amor de Cristo por su grey. La caridad pastoral determi­na nuestro modo de pensar y de ac­tuar, nuestro modo de comportarnos con la gente “…Esta caridad pastoral del sacerdote no sólo fluye de la Euca­ristía, sino que encuentra su más alta realización en su celebración, así como también recibe de ella la gracia y la responsabilidad de impregnar de manera “sacrificial” toda su existen­cia… Esta misma caridad pastoral constituye el principio interior y diná­­mico capaz de unificar las múl­tiples y diversas actividades del sacerdote.

El verdadero pastor se santifica llevando a la santidad a su rebaño. Realidad incontestable, pero que no siempre en la actualidad se tiene en cuenta en el trajinar de las activi­da­des parroquiales, muchas veces mar­cadas por el activismo y la dis­per­sión. La organización de la parro­quia y todas sus obras tienen como última meta la santidad de sus miem­bros. Y porque nadie puede quedar excluído de la Vida Eterna, la parro­quia se ha­ce “misionera” para que “todos ten­gan Vida y la tengan en abundancia” (cfr. Jn. 3, 15; 15, 8).

La caridad pastoral debe impulsar y estimular así “al sacerdote a cono­cer cada vez mejor la situación real de los hombres a quienes ha sido en­viado; a discernir la voz del Espíritu en las circunstancias históricas en las que se encuentra; a buscar los méto­dos más adecuados y las formas más útiles para ejercer hoy su ministerio. De este modo, la caridad pastoral ani­mará y sostendrá los esfuerzos huma­nos del sacerdote para que su activi­dad pastoral sea actual, creíble y eficaz.

En la sinagoga de Nazareth, Jesús, quien “siendo rico se hizo pobre” (2 Cor.8, 9)- se aplica la profecía de Isaías: “El Espíritu del Señor está so­bre mí… Él me envió a llevar la Bue­na Noticia a los pobres” (Is. 61, 1-2, cf. Lc 4, 18), Y entre los signos me­siá­nicos que Jesús da a los envia­dos de Juan Bautista enumera que “el Evangelio es anunciado a los pobres” (Lc 7, 22).

Por tal razón, desde su mismo ini­cio, la Iglesia anuncia el Evangelio a los más necesitados –los desdi­cha­dos-, y son los pobres, los enfer­mos y los sufrientes quienes reciben espon­tá­­neamente el anuncio del Reino de Dios instaurado en Jesu­cristo.

La opción por los más necesitados no puede ser una postura ideoló­gica ni estereotipada. El sacerdo­te vive de una forma austera y pobre, en­tregan­do la mayor parte de su tiem­po a la atención de los enfermos, a ayu­dar a los indigentes y a buscar a los peca­do­res. Su ejemplo ilumina a quienes hoy desean seguir las huellas de Cristo –que fue enviado a evange­lizar a los pobres– como signo de la autén­tica evangelización.

Por otra parte, la caridad pastoral implica una cierta manera de “estar ante el otro” y de relacionarnos con él. Por eso aquello que Simone Weil afirma de la relación con el desdi­chado puede ayudarnos a descubrir el tipo de relación que desde la cari­dad pastoral, hemos de establecer –a imagen de Cristo Pastor – con el que sufre:

“Los desdichados no tienen en es­te mundo mayor necesidad que la presencia de alguien que les preste atención. La capacidad de prestar aten­ción a un desdichado es cosa muy rara, muy difícil; es casi –o sin casi– un milagro. Casi todos los que creen tener esta capacidad, en reali­dad no la tienen.

El ardor, el impulso del corazón, la piedad, no son sufi­cientes… La plenitud del amor al pró­ji­mo estriba simplemente en ser capaz de preguntar: “¿Cuál es tu tor­mento?”. Es saber que el desdichado existe, no como una unidad más en una serie, no como ejemplar de una categoría social que porta la etiqueta “desdichados”, sino como hombre, semejante en todo a nosotros, que fue un día golpeado y marcado con la marca inimitable de la desdicha. Para ello es suficiente, pero indispensable, saber dirigirle una cierta mirada. Esta mirada es, ante todo, atenta; una mi­ra­­da en la que el alma se vacía de todo contenido propio para recibir al ser al que está mirando tal cual es, en toda su verdad. Sólo es capaz de ello quien es capaz de atención”

Convencido de que el testimonio evangélico al que el mundo es más sensible, es el de la atención a las personas y el de la caridad para con los pobres y los pequeños, con los que sufren. La gratuidad de esta acti­tud y de estas acciones, que contras­tan profundamente con el egoísmo presente en el hombre, hace surgir unas preguntas precisas que orientan hacia Dios y el Evangelio.

En la Misión que cada uno recibe se cifra esencialmente la forma de san­tidad. Esa misión, esa manera cómo ha de entregarse cada uno a la comunidad depende del Espíritu y hay que preguntárselo, para ir encon­trando ese sitio o ese modo desde donde Dios quiere que yo ame y sir­va: si lejos o cerca, si sano o enfer­mo, si triunfante o perdedor, si ha­blan­do o callando. A través de la ora­ción, de su inspiración, del discer­ni­miento, de los acontecimientos de la vida, el Señor me irá “ubicando”. Condición previa para esto es la re­nuncia evangélica, la “indiferencia” como la llama San Ignacio, el estar dispuesto a “venderlo todo y seguir­lo”, y ”entrar por la puerta estrecha”. Esos son los santos. Y el Pueblo Fiel sabe quiénes son sus santos.

La petición más radical del hom­bre religioso, que resume en sí la glo­ria de Dios, el orden del mundo y el fin de la vida, es “hágase tu voluntad” esto fue el P. Mateo. Cambiando el impersonal pasivo a voz activa, con­creta y personal, “quiero hacer tu voluntad”. Y para poder cumplir la voluntad de Dios, tengo que conocer­la. Esa es mi obligación, mi privile­gio y mi deseo. Buscar para saber, y saber para actuar. Aprender a tomar las mil decisiones diarias, pequeñas y grandes, fáciles y difíciles, de sorpre­sa o de rutina, que integran mi vida, con atención y fe, con conocimiento de causa y alegría de ejecución. Si son las decisiones las que hacen la vida quiero que mis decisiones sean lo mejor que puedan ser. Quiero do­minar el arte de elegir. Quiero saber escoger.

El Pueblo fiel sabe por instinto que los santos son los grandes regalos que Dios le hace, no sólo como patro­nos a quienes se puede invocar…, sino también como grandes lumina­res de consuelo y de fervor que Dios ha colocado en medio de su Iglesia. Son para el pueblo sobre todo una nueva forma de imitación de Cristo en la vida de todos los días, son una imagen y ejemplificación del Evan­gelio en la vida diaria.

El santo es un fenómeno teológico que encierra en sí una doctrina viva, fecunda y adaptada a la época… En el santo lo capital no es su acción he­roi­ca sino la decidida obediencia con la que se entregó a su misión y el no poder entender su existencia des­pe­gada de ella. Hasta luego P. Mateo.

Padre Jesús Castro Marte
Vicario Episcopal del Clero
Arquidiócesis de Santo Domingo.

SALUD: Cómo inyectarse la insulina

Junio 24, 2008

Primero lave las manos con agua y jabón y séquelas con toalla limpia. En el sitio de la inyección aplique al­co­hol o simplemente agua y jabón y séquese con un paño limpio.

Limpie con alcohol y algodón la tapa de goma del frasco e inyecte la misma cantidad de aire que la insu­lina que va a sacar, para evitar que se forme un vacío dentro del frasco. 

Para ex­traer la in­sulina, pon­ga el frasco boca abajo y luego aspire la cantidad exacta que se va a in­yec­tar. Para inyectarse, sujete la je­ringa como si fuera un lápiz y proce­da a introducir la aguja sin temor a través de la piel, en forma perpendi­cular. Si es delgado, incline ligera­men­te la aguja, formando un ángulo de 45 grados, para que de esta forma la insulina se deposite en la capa de grasa debajo de la piel, y no en el músculo.

El abdomen es el sitio más idóneo para inyectarse la insulina, pues es donde se absorbe más rápido, es menos doloroso y tiene mayor área. Otros sitios, por orden descendente en velocidad de absorción, son: los brazos, en el área de arriba y atrás, donde hay grasa; las nalgas, en cual­quier parte; y los muslos en su parte superior y externa.

Inyéctese siempre en la misma parte del cuerpo; así sabrá cómo reac­cionará su organismo. Una forma de sacarle provecho a esta situación es inyectándose en el abdomen antes del desayuno y del almuerzo, y en las nalga o en los muslos antes de cena o antes de acostarse. Así, la insulina pasará más lentamente a la sangre, con lo que podemos evitar la hipo­glucemia nocturna.

De todas maneras, no se inyecte siempre en el mismo sitio, pues el tejido subcutáneo puede lesionarse y presentar complicaciones. Deje por lo menos una pulgada entre una inyec­ción y otra, y vaya cambiando cons­tan­temente de sitio en la misma área. 

También debemos tener presente que si ejercitamos los músculos del área de la inyección, la insulina se absorberá más rápido. Por ejemplo, si usted va a correr y se inyecta en las nalgas o en los muslos, la insulina pasará a la sangre más rápidamente que si se inyecta en el abdomen o en los brazos, y por lo tanto, puede sufrir una hipoglucemia.

Es aconsejable evitar los ejerci­cios intensos durante el tiempo de efec­to máximo (o pico) de la insulina por la misma razón.

En el abdomen se puede inyectar en cualquier sitio donde haya grasa debajo de la piel, excepto 2 pulgadas alrededor del ombligo.
* Tomado del libro de nuestra autoría, “Diabetes: guía médica y nutricional”.

SALUD: Alergia Nasal (Rinitis alérgica)

Junio 24, 2008

La rinitis alérgica es una enfermedad conocida por muchos como fiebre de heno, se caracteriza por secreción nasal, tos, estornudos, inflamación de la faringe, comezón en la nariz y los ojos. También hay inflamación de la mucosa de la nariz provocada por una reacción alérgica relacionada con diferentes factores como el polen de muchas flores, contaminantes ambientales, alimentos, perfumes, detergentes, ambientadores y hongos entre otros.  

Lo que primero empieza a sentir este individuo es comezón en la nariz, los ojos y la garganta. Después puede aparecer lagrimeo, estornudo, irritabilidad, conges­tión y secreción nasal. En muchos pacien­tes se presenta dolor de cabeza y falta de deseo de comer.

MANEJO Y DIETA
Ante todo debemos establecer la cau­sa. Si logramos determinar el elemento que está desencadenando el problema simplemente tratamos de eliminarlo y todo se resolverá de manera definitiva.  Sin embargo, no siempre esto es posible y nos vemos obligados a tratar de que el cuerpo responda de otra manera, menos drástica, frente a los estímulos que pro­du­cen esta reacción tan exagerada, que buscando protegernos produce daño. A medida que logremos que la respuesta de nuestro organismo sea normal, como de hecho sucede con la mayoría de las per­so­nas, irá desapareciendo la enfermedad.

Se debe tener sumo cuidado con las gotas usadas para mejorar la congestión nasal porque, muchas de ellas, causan elevación de los niveles de presión arte­rial. Al respecto la prestigiosa publica­ción British National Formulary, en su volumen número 9, afirma que no existe evidencia científica de que estos fárma­cos tengan el más mínimo valor. Otra razón para no recomendar el uso de un gran número de estos medicamentos es que tienen muy poca efectividad, ya que pueden causar el llamado fenómeno de rebote, es decir, que pueden llegar a no producir ninguna acción beneficiosa e incluso en algunos casos el paciente pue­­de ir aumentando su dosis para lograr una mejor respuesta y llegar a consumir cantidades peligrosas.    

Si es necesaria una acción desconges­tionante de urgencia, se recomienda que la persona afectada recurra al uso de la infusión de flor de manzanilla o borraja, luego se cuela bien y se le agrega un poquito de sal, después la echamos en un frasco gotero y el paciente, aunque sea un niño pequeño, se le puede instilar una o dos gotitas en la nariz y esto le ayudará bastante a mejorar la sintomatología.  En los casos de los adolescentes, jóvenes y adultos, que no sientan mucha mejoría con estas gotas, se aconseja hacer los vapores de hojas de salvia o de eucalipto.  También se puede preparar, de la misma forma, con hojas de naranja agria y será igual de efectiva que las anteriores.

En la dieta diaria de esta persona no debe faltar el yogur que contiene bacte­rias protectoras de nuestro organismo fren­te a los procesos infecciosos y alérgi­cos. Son los llamados microbios amiga­bles entre los cuales están el Lactobaci­llus bulgaricus, las Bífidobacterias y el Lactobacillus acidophillus. Una investi­ga­ción realizada en la universidad de California confirma estas informaciones al demostrar que los pacientes con rinitis que toman yogur a diario sufren menos de las crisis que los que no lo consumen.  Esta acción es segura si se toma por lo menos cuatro onzas del producto una vez al día.

Este paciente debe consumir alfalfa –que puede tomarla en comprimidos, comerla de forma directa o los germina­dos crudos junto a la ensalada o licuados- porque aporta mucho magnesio, un mine­ral que ayuda, de manera muy significa­tiva, a prevenir las crisis de rinitis alérgi­ca. Los germinados de alfalfa se consi­guen sin ninguna dificultad en los frigorí­feros exhibidores que contienen las ensa­la­das en los supermercados. Otros ali­men­tos que este paciente debe comer a diario porque aportan mucho magnesio son aguacate, maní, lechosa, guineo, soya, manzana, arroz integral, limón, nue­ces, melón, naranja, semillas de gira­sol, salmón y trigo. Además de este im­por­tante beneficio ese mineral interviene en cientos de procesos enzimáticos del cuerpo humano, ayuda a relajar las fibras musculares lisas, previene el depósito de sustancia en la capa interna de las arterias y colabora con la fijación del calcio en los huesos, por lo que es bueno para prevenir la osteoporosis.

Santiago, Escuela Nacional de Sordomudos • Junio, mes del sordomudo - Rompiendo las barreras del silencio

Junio 23, 2008

La Escuela Nacional de Sordomudos en Santiago da a conocer las actividades que, con motivo de la celebración del mes del sordomudo se han programado, e invitan a toda la comunidad de Santiago a participar de las mismas

La escuela es una ins­titución sin fines de lucro; su misión es “Rom­per las Ba­rreras del Silencio” para que nuestros sordos sean reconocidos como un ente social.

El símbolo es el oído, con sus colores azul y blanco. El azul significa la alianza con el saber y el desarrollo humano, y el blanco significa pureza.

Fundada el 31 de octu­bre de 1970, por el señor Luis Manuel Tejada Pi­men­tel y la colaboración de su esposa Beatriz de Tejada, ambos presidentes a nivel nacional de la Asociación.

Gracias a la señora Nor­ma Isabel Almonte de Espinal, que por unir los mismos sentimientos re­cu­rrió a ellos, logrando así la apertura de esta escuela en la ciudad corazón “San­­tiago”. Desde enton­ces hemos perseguido una visión, la de continuar brindándoles el pan de la enseñanza a los discapaci­tados sordos con un espa­cio físico adecuado para este tipo de educación.
Les ofrecemos a nues­tros niños/as a nivel técni­co:
*Peluquería, Belleza, Costura, Manualidades, Cerámica, Pintura, Com­putadora, otros.
Tenemos en la actua­lidad 16 jóvenes preparán­dose en el área de Pelu­quería y Belleza.
Comenzamos con una matrícula de 8 alumnos y en la actualidad tenemos 235, por lo que cada uno/a de los que laboramos aquí tratamos a nuestros alum­nos como a nuestros hijos/as.
El método que utiliza­mos es de comunicación total con técnicas especia­lizadas como:
*Terapia del habla (lec­tura labial (articula­ción), lectura ideovisual, respiración, motricidad fina, motricidad gruesa, escritura), Escritura, Sig­nos americanos, Clave de Fifcheralf; alfabeto dacti­lo­lógico (deletreo del alfa­beto con las manos), el Programa de contenidos de la Secretaría de Edu­cación, con los niveles de Educación Inicial y Edu­cación Básica y sobre todo Educación Especial para sordos.

Les invitamos a que se unan a nuestro equipo y participen en las activi­dades que tenemos con motivo de celebrar a Junio ‘Mes del Sordo”.

El pasado día 6, cele­bramos una misa en ac­ción de gracias, en la Igle­sia La Altagracia, don­de participaron nues­tros estu­diantes, este día es dedica­do a los sordos en el calendario escolar.
- Visitas a nuestra ins­titución de varias persona­lidades durante el mes.
-Compartir con veci­nos, los padres, los maes­tros (por celebrar también su mes), competencias y juegos deportivos.
-El viernes 20- Gra­dua­­ción en el Colegio De la Salle, Hora: de 3:00 pm a 6:00 pm. Los espera­mos…
-Del Lunes 23 al Miér­coles 25, Reinscrip­ción.

Agradecemos a toda la comunidad de Santiago por el apoyo brindado des­de nuestra fundación y sobre todo a los padres de nuestros alumnos sordos, por depositar tanta con­fianza en nosotros. Ade­más, a todas las institucio­nes públicas y privadas por su colaboración in­con­dicional.

Un galardón a nuestra Presidenta del Patronato y Fundadora Doña Norma Almonte de Espinal y a todo el equipo que con amor se ha dedicado a esta educación sin pensar en horarios ni remunera­ciones económicas.

“La tarea de hacer el bien es fácil cuando es rea­lizada por muchos, «Juntos romperemos las barreras del silencio”.

Los envío como a ovejas

Junio 23, 2008

No tengan miedo a los que matan el cuerpo Pero no pueden matar el alma… Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo.

Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi padre del cielo. (Mt. 10, 28 y 32) 
Cristo advierte a los apóstoles, que les envía como ovejas en medio de lobos. Cier­tamente, los apósto­les son las ovejas y ¿quiénes son los lobos?

Sanedrines, judíos y tribunales pueden ser estos lobos. Fun­damen­talmente los fariseos. Pero tam­bién pueden entrar los gentiles. 

El cristiano de ayer, de hoy y de siempre, debe ser prudente como una serpiente y sencillo como una paloma. Todo hombre cristia­no que vive en socie­d­ad debe tomar este consejo: prudente como serpiente, sen­ci­llo como paloma. 

Pero, ¿son pru­den­­tes las serpientes? Se nos ha enseñado que la prudencia es modera­ción y cautela en la manera de ac­tuar. Tam­bién se nos ha dicho que es sen­satez y buen juicio. Vuelvo y me pre­gunto: ¿Son pruden­tes las serpientes? Lo que ocurre es que el Señor conoce lo de la serpiente del Paraíso. La serpiente era el animal más astuto, de cuantos el Señor Dios había creado. (Gn. 3, 1) Esa astucia es el aru­min ara­mai­co que equivale a hábil, astuto, pruden­te como lo en­ten­de­ríamos ahora en buen castellano.

El apóstol o el en­viado por Jesús, en su época, tenía que cui­dar­se de los tribu­nales judíos y paga­nos y el sanedrín. 

¿Por qué sencillos como palomas? Es que las palomas no son fáciles de aga­rrar. 
Se me puede ob­je­­tar que en los tiem­pos presentes no tene­mos fariseos ni sanedrín como en la época de Jesús en la tierra. Pero ahora tenemos libres pen­sa­dores, ateos inte­lec­tuales, científicos ma­terialistas, racio­na­lis­tas a su modo y ma­nera. Estos no nos qui­tarán la vida ma­terial, pero si ante ellos no usamos la as­tucia de las ser­pientes envuel­ta en la sencillez de las palo­mas, nos pueden  desviar del camino de la santidad, que  es la mejor de todas las sabidurías.  

LA PREGUNTA DE HOY: ¿Por qué hace tanto daño el miedo?  

Junio 23, 2008

En la vida hay sólo dos actitudes esencia­les: la actitud de miedo y la actitud de amor. Fíjese que digo “actitu­des”, no “senti­mien­tos”. La actitud de amor produce paz, con­fianza, alegría, comuni­ca­ción fácil, compren­sión, convivencia agra­dable, etc. Y todas estas cosas son, precisamen­te, las que nos pueden hacer felices.  

San Lucas escribió su evangelio en griego. Y es el único evange­lista que narra la pará­bola del hijo pródigo. Pues bien, cuando el padre de la parábola se dirige al hijo mayor, rebelde y resentido, lo llama “TEKNON”, una palabra cariñosa que traducida literalmente significa “niño mío”  

Eso es lo que somos usted y yo para nuestro Padre Dios. Y a usted y a mí nos dice 365 veces en la Biblia la frase “No tengas miedo, niño mío”  

El tierno amor per­so­nal del Espíritu de Dios, dejado entrar confiadamente hasta el fondo, es lo único que puede quitarnos nuestro miedo y hacernos capa­ces de ser felices, y de vivir y convivir con paz y comprensión.  

Siguiente Página »