Mil Reflexiones Cortas

Junio 23, 2008

EL DISCÍPULOS RECONOCE Y SIGUE A JESÚS
“La naturaleza misma del cris­tianismo consiste, por lo tanto, en reconocer la presen­cia de Jesu­cris­to y seguirlo. Ésa fue la her­mosa experien­cia de aquellos pri­meros discípulos que, encontran­do a Jesús, quedaron fascinados y llenos de estupor ante la ex­cep­cionalidad de quien les hablaba, ante el modo cómo los trataba, correspondiendo al hambre y sed de vida que había en sus corazo­nes. El evangelista Juan nos ha deja­do plasmado el impacto que produjo la persona de Jesús en los dos primeros discípulos que lo encontraron, Juan y An­drés. Todo comienza con una pregunta:¿qué buscan? (Jn 1, 38). A esa pregun­ta siguió la invitación a vivir una expe­rien­cia: vengan y lo verán (Jn 1, 39). Esta narración perma­ne­­cerá en la historia como sín­te­sis única del método cristia­no” (Documento de Aparecida, # 244).

“En el hoy de nuestro conti­nente latinoamericano, se levanta la misma pregunta llena de ex­pec­tativa: Maestro, ¿dónde vives? (Jn 1, 38), ¿dón­de te en­contramos de ma­nera adecuada para abrir un auténtico proceso de con­ver­sión, comunión y soli­da­ri­dad? ¿Cuáles son los lugares, las personas, los dones que nos hablan de ti, nos ponen en comu­nión contigo y nos permi­ten ser discípulos y misioneros tuyos?” (Documento de Apa­re­cida, # 245). 

LOS DISCÍPULOS ANHELAN EL PAN DE LA PALABRA
“Se hace, pues, necesario pro­poner a los fieles la Palabra de Dios como don del Padre para el encuentro con Jesu­cristo vivo, camino de autén­tica conversión y de renovada comunión y solida­ridad. Esta propuesta será me­diación de encuentro con el Señor si se presenta la Palabra revelada, contenida en la Escri­tu­ra, como fuente de evangeliza­ción. Los discípulos de Jesús an­helan nutrirse con el Pan de la Pa­labra: quieren acceder a la in­terpretación adecuada de los textos bíblicos, a emplear­los como mediación de diálogo con Jesucristo, y a que sean alma de la propia evangeli­za­ción y del anuncio de Jesús a todos. Por esto, la importancia de una pasto­ral bíblica, enten­dida como ani­ma­ción bíblica de la pastoral, que sea escuela de interpretación o conoci­mien­to de la Palabra, de comu­nión con Jesús u oración con la Palabra, y de evangeliza­ción inculturada o de proclama­ción de la Palabra. Esto exige, por parte de obispos, presbíteros, diáconos y ministros laicos de la Palabra, un acercamiento a la Sa­grada Escritura que no sea sólo intelectual e instru­mental, sino con un corazón ham­briento de oír la Palabra del Señor (Am 8, 11)” (Documento de Aparecida, # 248). 

LOS OBISPOS EMÉRITOS SIGUEN SIENDO DISCÍPULOS Y MISIONEROS 
“Todo el pueblo de Dios debe agradecer a los Obispos eméri­tos, que como pastores han en­tre­gado su vida al servicio del Reino, siendo discípulos y misio­neros. A ellos los acogemos con cariño y aprovechamos su vasta experiencia apostólica, que toda­vía puede producir muchos frutos. Ellos mantienen profundos víncu­los con las diócesis que les fue­ron confiadas, a las que están uni­dos por su caridad y su ora­ción” (Documento de Aparecida, # 190).

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