Mil reflexiones cortas

Junio 23, 2008

LA ALEGRÍA DE SER DISCÍPULO
“En este encuentro queremos expre­sar la alegría de ser discípulos del Señor y de haber sido enviados con el tesoro del Evangelio. Ser cristiano no es una carga sino un don: Dios Padre nos ha bendecido en Jesucristo su Hijo, Salvador del mundo” (Docu­mento de Aparecida, #23).

LOS DISCÍPULOS HAN DE SABER EXPLICAR SU FE
“Hoy se hace necesario rehabilitar la auténtica apologética que hacían los padres de la Iglesia como explicación de la fe. La apologética no tiene por­qué ser negativa o meramente defen­siva per se. Implica, más bien, la ca­pa­cidad de decir lo que está en nues­tras mentes y corazones de forma clara y convincente, como dice San Pablo haciendo la verdad en la cari­dad (Ef. 4, 15). Los discípulos y mi­sioneros de Cristo de hoy necesitan, más que nunca, una apologética renovada para que todos puedan tener vida en Él” (Documento de Aparecida, # 229).

LOS DISCÍPULOS ENCUENTRAN A JESÚS EN LA LITURGIA
“Encontramos a Jesucristo, de modo admirable, en la Sagrada Liturgia. Al vivirla, celebrando el misterio pas­cual, los discípulos de Cristo pene­tran más en los misterios del Reino y expresan de modo sacramental su vocación de discípulos y misioneros. La Constitución sobre la Sagrada Liturgia del Vaticano II nos muestra el lugar y la función de la liturgia en el seguimiento de Cristo, en la acción misionera de los cristianos, en la vida nueva en Cristo, y en la vida de nuestros pueblos en Él” (Documento de Aparecida, # 250).

LOS DISCÍPULOS ENCUENTRAN A JESÚS EN LA EUCARISTÍA
“La Eucaristía es el lugar privilegiado del encuentro del discípulo con Jesu­cristo. Con este Sacramento, Jesús nos atrae hacia sí y nos hace entrar en su dinamismo hacia Dios y hacia el prójimo. Hay un estrecho vínculo en­tre las tres dimensiones de la voca­ción cristiana: creer, celebrar y vivir el misterio de Jesucristo, de tal modo que la existencia cristiana adquiera verdaderamente una forma eucarís­tica. En cada Eucaristía, los cristia­nos celebran y asumen el misterio pascual, participando en él. Por tanto, los fieles deben vivir su fe en la centralidad del misterio pascual de Cristo a través de la Eucaristía, de modo que toda su vida sea cada vez más vida eucarística. La Euca­ristía, fuente inagotable de la voca­ción cristiana es, al mismo tiempo, fuente inextinguible del impulso misionero. Allí, el Espíritu Santo fortalece la identidad del discípulo y despierta en él la decidida volun­tad de anunciar con audacia a los demás lo que ha escuchado y vivi­do” (Documento de Aparecida, # 251).

LOS DISCÍPULOS ENCUENTRAN A JESÚS EN LA ORACIÓN
“La oración personal y comunitaria es el lugar donde el discípulo, ali­mentado por la Palabra y la Eucaris­tía, cultiva una relación de profunda amistad con Jesucristo y procura asumir la voluntad del Padre. La oración diaria es un signo del pri­mado de la gracia en el itinerario del discípulo misionero. Por eso, es necesario aprender a orar, volvien­do siempre de nuevo a aprender este arte de los labios del Maestro” (Documento de Aparecida, # 255).

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