Santa Sede: EL CAMINO NEOCATECUMENAL RECIBIRÁ LA APROBACIÓN DEFINITIVA DE SUS ESTATUTOS

Junio 23, 2008

El cardenal Stanislaw Rylko entregó el Decreto a los iniciadores.

CIUDAD DEL VA­TI­­­CANO. (ZENIT. org).- El cardenal Sta­nislaw Rylko, presiden­te del Consejo Pontificio para los Laicos, entre­gará este viernes a los Inicia­do­res del Camino Neoca­tecumenal, Kiko Argüello y Carmen Her­nández, el decreto de aprobación definitiva de los estatutos de esta realidad eclesial.

El acto tuvo lugar en el Aula magna del Conse­jo Pontificio para los Lai­cos, y en él, el cardenal Rylko encontrará a Kiko Argüello y Carmen Her­nández, que junto con el sacerdote italiano Mario Pezzi forman el Equipo internacional responsable del Camino.

El Camino fue inicia­do por el pintor Kiko Argüello, converso desde el existencialismo ateo, y la misionera Carmen Hernández

El cardenal Rylko les entregará el decreto de aprobación, junto con el texto final de los Esta­tu­tos. Después, los miem­bros del equipo presenta­rán públicamente el texto, en una rueda de prensa que se celebrará a las 16 horas en la sede del Ca­mi­no Neocatecumenal en Roma (via del Mascheri­no, 52).

Cuarenta años de historia
Desde las miserables chabolas de Palomeras Altas (Madrid) a media­dos de los años 60, hasta la aprobación oficial de sus estatutos por parte de la Santa Sede, el Camino Neocatecumenal iniciado por los españoles Kiko Argüello y Carmen Her­nán­dez ha recorrido un largo camino no despro­vis­to de vicisitudes.

Este proceso de inicia­ción cristiana inspirado en el catecumenado bautis­mal de adultos es jurídica­mente distinto de las aso­ciaciones de fieles, pues se ofrece a los obispos y se desarrolla en las parro­quias en pequeñas comu­nidades integradas por personas de toda edad y condición. Su finalidad es la maduración en la fe y la integración plena en la pa­rroquia de sus miembros.

El Camino fue inicia­do por el pintor Kiko Ar­güello, converso desde el existencialismo ateo, y la misionera Carmen Her­nán­dez, y se gestó entre prostitutas, gitanos y ex­presidiarios, como una for­ma novedosa de evan­ge­lización de los “aleja­dos”.

El arzobispo de Ma­drid, monseñor Casimiro Morcillo, fue el primer prelado en apoyar esta experiencia, a su vuelta del Concilio Vaticano II. Las primeras comunida­des nacieron en parro­quias de Zamora, Madrid y Roma, hoy están presen­tes en cerca de 5.000 pa­rroquias de los cinco continentes.

La originalidad de este Camino es haber encon­trado una síntesis catequé­tica al estilo de los evan­ge­lizadores de los prime­ros siglos del cristianis­mo, válida tanto para los bautizados, practicantes o no, como a los no cristia­nos: la centralidad del “ke­rigma”, del anuncio de Cristo muerto y resuci­tado, y la vivencia de la fe en pequeñas comunida­des.

El proceso se inicia con una catequización ke­ri­gmática por la que se constituye una comuni­dad, y concluye, después de varios años y varias etapas, con la renovación solemne de las promesas bautismales ante el obispo diocesano, a quien la comu­nidad se ofrece para ayudar en las necesidades pastorales de las parro­quias.

Según sus explican sus iniciadores, el Camino responde concretamente a muchas de las intuiciones pastorales del Concilio Va­ticano II, como el re­des­cubrimiento de la Vi­gilia Pascual, la participa­ción evangelizadora de los laicos o la potenciación de los seminarios diocesanos misioneros, entre otras. Quizá la más novedosa sea el envío de “familias en misión”, a petición de los obispos locales, para promover, junto con un sacerdote, la “implantatio ecclesiae” en aquellos lu­gares en los que no existe la Iglesia católica.

Desde sus inicios, la actitud de los distintos Papas, desde Pablo VI hasta Benedicto XVI ha sido favorable hacia el Camino Neocatecumenal; especialmente, fue Juan Pablo II bajo cuyo largo pontificado este Camino tuvo sus primeros recono­cimientos oficiales.

El primero fue en 1990, en forma de carta de reconocimiento al Pontifi­cio Consejo para los Lai­cos, en el que se le definía como “un itinerario de formación católica válida para nuestra sociedad y para el hombre actual”.

Después, el 29 de junio de 2002, se aproba­ban por decreto de este mis­mo Consejo los Esta­tu­tos del Camino “ad experimentum” durante un periodo de cinco años, que concluye con la pre­sente aprobación definiti­va.

Por Inmaculada Álvarez

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