Fallece madre del Padre Abrahán Apolinario

Junio 24, 2008

Hermanas y hermanos,
Agradezco de corazón todas las muestras de fraternidad y solidaridad que he recibido de muchos de ustedes. Para mi familia y para mí ha sido un aliento en este momento de dolor y esperanza. Gra-cias por sus mensajes y llamadas y sobre­todo gracias por sus oraciones por mi Mamá.
El miércoles 18 de junio, tuvimos la Misa de novenario en la misma iglesia de La Medalla Milagrosa donde tuvimos el funeral. Esta ubicada en la calle 5-A del barrio INVI de Los Mina.

MARCELINA ALTAGRACIA ABREU LIRIANO (HILDA)
19 Junio 1932 - 9 Junio 2008
Mamá nació en La Guama, provincia Es­paillat, el 19 de junio de 1932. Hija de Basilio Abréu y Sarita Liriano. Fue la ma­yor de 14 hermanos, a quienes desde niña empezó a cuidar como otra madre. Se casó con José Eugenio Apolinario en 1950, con quien tuvo 8 hijos: María, José Abraham (sacerdote), Mercedes (Altagra­cia­na), Rosa, Soraida, Altagracia, Mery y Maribel.

En el año 1955, emigró con su único hijo y sus dos hijas a Santo Domingo, donde nacieron las cinco restantes. Para sostenerlos realizó diversos trabajos: Ma­nualidades, obrera en una fábrica de za­pa­tos, doméstica en casas de familia, has­ta que en el año 1962, ingresó como ope­raria a la Textil de Los Mina, donde tra­ba­jó por 27 años, labor que combinó con sus tareas en el hogar y los trabajitos de costura y venta de dulces con los que com­pletaba sus ingresos para criar esta larga familia.

Fue una mujer de fe, fuerte carácter y solidaria con la familia, vecinos, ami­gos y necesitados en general, acogiendo en su pequeña casa personas necesitadas de albergue o apoyo. Formó parte desde sus inicios de la Parroquia de La Medalla Milagrosa, donde participó de distintos grupos apostólicos y de oración.

Se distinguió por su sinceridad y dis­creción, ya que nunca fue amante de chis­mes, ni cuentos de barrio. Así educó a sus hijos, inculcándoles siempre el valor de la higiene, la responsabilidad y sobre todo la honestidad.

Al perder a su esposo en 1980 siguió con actitud heroica su misión de madre. El Señor la llamó a su lado el 9 de junio del 2008 después de una larga enferme­dad en la que dio testimonio de discipli­na, perseverancia y gratitud. De esto son testigos el personal y los pacientes rena­les del Hospital Padre Billini y del Insti­tu­­to de Diabetes de Los Ríos. Nuestra gratitud a los que con tanta dedicación y cariño la cuidaron en estos últimos cinco años.

Fue más que una madre, una amiga, ya que siempre sabía qué decirle a cada uno de sus hijos con las palabras correc­tas en el momento indicado, siendo sin­ce­ra pero sin llegar a ofender. Y sobre todo siempre estaba pendiente de los de­talles de cada uno de nosotros.

Dios la acoja junto a El y a su Madre, en quien tanto confió. Desde allí esperamos que siga cuidando a sus hijos, nietos y a los que amó.

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