Radio Santa María Rescata la Décima

Julio 14, 2008

Al poner a circular este libro sobre “Las décimas premiadas por Radio Santa María”, debo dar mis saludos a todos, muchos de Uds. conocidos y amigos de hace ya buenos años. Un saludo particular para José Rafael Lantigua, secretario de Cultura y patrocinador del libro y Luis Beiro, la persona que hizo la selección y el estudio de las décimas. Sé que ellos quieren a Radio Santa María (RSM) y que somos compa-ñeros de muchas causas comunes y por eso están aquí. Gracias por brin-dar a RSM este libro. Y saludo a Eduardo García Tamayo, s.j., actual director, a quien le toca arrimar el hombro para que esta obra siga cum-pliendo “con el fin para la cual fue creada” ahora en los nuevos momentos en que vivimos.

Lo he pensado, y me parece acertado comenzar afirmando que RSM llegó a conseguir una muy certera identificación con su público, con el campesino, no sólo como radio, sino también como escuela y como centro de promoción.

Yo pienso a RSM como una obra regional, cibaeña pero de muy amplia cobertura, pues en aquellos mo-mentos había audiencia en Las La-gunas de Nisibón y en Los Llanos de Elías Piña y en la periferia de La Capital. Popular en cuanto eso habla de la clase social, clases bajas pre-ferentemente campesina, de los oyentes. Educativa en sus escuelas formales y en la casi totalidad de su programación. Social en cuanto preocupada por los problemas so-ciales y también políticos de la época pero más que nada porque compartía el sueño de utopía liberadora que tantos hacíamos en esos años. Cató-lica ya que el catolicismo fue la ins-piración y reclutamiento de fuerzas, pero era también plural en su progra-mación y en sus ideas. Cabían opi­niones, disensos, otras voces que no fueran las de la ortodoxia. Y se pasaba de lo educativo y religioso a lo recreativo. Y moderna en lo reno­vado de su programación y en sus recursos tecnológicos. He ahí mi síntesis. La desgloso de esta manera.

En 1956, año de la fundación, sus propulsores, Monseñor Francisco Panal y Wenceslao García, sj. eran dos personas mayores de edad. Panal estaba para cumplir sesenta y cinco años y Wenceslao sesenta y cuatro. Esas dos personas, en el estrecho contexto social y político de la época, concibieron una obra que no la pensaban más allá de un púlpito radiofónico, pero abrieron una brecha de ilimitadas proporciones. Bajo las direcciones posteriores se dio un salto muy representativo. El primero, llevar la frecuencia de onda corta a los 590 de am., después elevar la potencia a diez kilos con lo cual la onda viajaba y tronaba, introducirse en los campos sociales y educativos, los comentarios religiosos y sociales del director, y lograr una identifica­ción musical y simbólica como la hecha en la voz de Rhina Ramírez - la mejor cantante de la época - y en la pluma de Miche Medina - el mejor caricaturista. Me refiero al jingle “Esta es Radio Santa María” y al logo del burrito, el campesino y el micrófono.

A esto se añadió, posteriormente, la nueva programación y sus recursos tecnológicos y humanos y la coope­ración internacional de instituciones como ALER y SERPAL que suplían de programas que servían de apoyo a la programación propia. La nueva versión de la educación radiofónica con el sistema ECA que incluía clases radiofónicas, maestros correc­tores y reuniones semanales. El apo­yo de folletos como el “Almanaque Escuela” y “Puebla para el Pueblo”, y aquellos sobre la huerta, y la letri­na,… El trabajo con las asociaciones campesinas, para ayudarlas en su desarrollo y apoyarlas en la produc­ción. Programas como “Universidad para Todos” teóricos y prácticos, inte­ractivos y dialogantes, de visita al campo y de alta tecnología en la pro­ducción en el estudio. Los correspon­sales populares que suplían la noticia de gente pequeña que adquiría perso­nalidad al ser aireado por RSM. Los programas propios para fiestas espe­ciales, sociales y patrióticas, educati­vos y recreativos. El tema mujer ad­quirió ciudadanía en la programación de RSM y lo hizo presente en la audiencia. Y la programación amiga de ayudas como “Jurado Trece”, el “Padre Vicente”, “Un Paisano me contó”. Técnicas radiofónicas como el reverbero y el eco, los efectos de sonido, el estudio de grabación. Y la capacidad de estar al día con la música suplida por los viajes al ex­tranjero o por los amigos. Un pro­grama profano como el Hit Parade era esperado y escuchado. Y no tenemos nada que decir de los ser­vicios sociales y de la radio novela.

Toda esta programación era tran­sida por ejes transversales que llamá­bamos tema central que estaba pre­sente en los esquemas de las Escuelas Radiofónicas, en la noticia, en los programas especiales para niños, jóvenes, campesinos,…

Era lo mejor que se podía tener en aquel momento al servicio de una sociedad aún rural, campesina. Es verdad que eran los años de signo campesino. Las triunfantes guerras de guerrillas campesinas, la reforma agraria, el slogan político de un par-tido de izquierda “lo mejor pal cam-po”, los centros de promoción cam-pesina, el desarrollo de las comuni-dades, las ocupaciones de tierras, la Feria Campesina de Salcedo, las leyes agrarias del Dr. Balaguer, las cartas pastorales de los obispos sobre tema agrario. En esos años, el cam-pesino tan criticado y subestimado por los “pueblistas” en tiempos ante-riores emergía como reserva moral, militante revolucionario, protago-nista de la historia.

Ir a la audiencia fue una política de la emisora. Fue la primera versión de los programas interactivos. Como no había teléfono había que montar la unidad móvil y salir para el campo. Hablar y a la vez oírse, eso era inaudito. Alguna gente comparaba las trasmisiones de la unidad móvil como las del Apolo XII desde Houston, Texas.

Eran también los años de la melodía, la balada, la lírica que se reflejaba en programas y cantantes. “Círculo de la amistad “, “La tarde tú y yo”, “Versos y canciones”, “Canta Libre”, “Alegre despertar”. Violeta Parra, Silvio Rodríguez, Alberto Cortez, Roberto Carlos, José Luis Perales y Joan Manuel Serrat eran cantantes de poca voz y menos or-questación, su fuerte era la mucha letra: la metáfora y la entonación de la voz, y el amor y la justicia. La mú-sica protesta se cantó al ritmo de balada.

Todo esto lo podía hacer RSM con pequeños recursos económicos y grandes generosidades humanas. No había mucho dinero. Los ingresos propios de la publicidad y la pequeña ayuda de la Secretaría de Educación a las Escuelas Radiofónicas. Y la coope­ración extranjera vinculada a mejoras estructurales y a algunos programas. En cambio, disponía RSM de gente identificada con la obra que entregaba su persona, su inteligencia, su tiempo por encima de su contratación para que las cosas salieran adelante.

Todo lo dicho hasta aquí le per­mitía a RSM una competencia venta­josa con radios de pequeños propieta­rios individuales provincianos que no disponían ni de recursos, colabora­ción, relaciones internacionales para enfrentar a RSM.

Nota: De las palabras de Antonio Lluberes, sj., director Radio Santa Måaría, 1989-1996, en la puesta en circulación del libro de décimas, 30 de junio de 2008.

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