Cizaña, grano de mostaza y levadura

Julio 20, 2008

El Reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo, pero mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. (Mt 13, 24-25)

En otra ocasión Jesús había dicho: El reino de los cielos está dentro de ustedes. Por vía de consecuencia, la cizaña la puede sembrar el enemigo dentro de cada no de nosotros: La cizaña de nuestro temperamento iracundo, de nuestras ambiciones, impure­zas, codicias… Las ha sem­bra­do el enemigo y crecen junto con nuestras pocas virtudes y hasta el día de la cosecha, no las cortaremos, para evitar que éstas últimas también perez­can. Ahora en que hemos ma­durado, debemos hacer el corte de las malas yerbas para quedarnos con nuestras virtudes cristianas.

Es semejante el Reino de los Cielos a un grano de mosta­za que toma uno y lo siembra en su campo. Y con ser la más pequeña de las semillas, cuan­do ha crecido es la más grande de todas las hortalizas y llega a hacerse un árbol de suerte que las aves del cielo vienen a ani­dar en sus ramas. (Mt. 13, 31-32).

El grano de mostaza era considerado en el pueblo judío como cosa muy pequeña: “pe­queño como un grano de mos­taza” era refrán popular. En oriente había muchas clases de mostaza. La mustum ardens era pequeñísima y era arbusto que crecía tres o cuatro metros. Era común en Palestina y se reproducía en las riberas del Tiberíades y del Jordán. Los pájaros se posan en sus ramas, después que crece mucho.

El reino que Cristo propaga comienza con pocos hombres rudos, no del todo instruídos; algunos con evidentes contra­dicciones y sin embargo, vein­te siglos después ¡cómo ha cre­cido la Iglesia y los portadores de este Reino, dentro de sus corazones!

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Otra parábola les dijo: es semejante el Reino de los Cielos al fermento que una mujer toma y lo pone en tres medidas de harina, hasta que todo fermenta. (Mt, 13, 33)

Era lo que ocurría en la vida ordinaria en Palestina. La frase de tres medidas de harina es propia del evangelista Lucas, quien escribe lo que oyó previamente.

Lo importante es la unión de la levadura a la masa de harina. Porque el Reino de los Cielos tiene en sí mismo fuerza y vigor para fermentar la masa dentro de la cual se coloca.

Cuantos hombrecillos en el mundo y durante estos veintiun siglos de expansión del Reino en la Tierra, no han fermentado a muchos, los han hecho crecer, aún en medio de toda las perse­cuciones y vicisitudes de la vida, de tal modo que un reino que comienza en una cruz, con un Dios-Hombre remachado, se extiende y seguirá extendiendo por todas partes y en todos los tiempos. Amén.

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