Inseguridad ciudadana cambia estilos de vida del pueblo

Julio 20, 2008

Algo anda mal
Estamos viviendo tiempos difíciles. La gente está en una continua zozobra. Los casas y comercios parecen cárceles. No caben más hierro y barrotes. Vivimos en una cárcel sin puerta. Nos hemos convertido en una especie de presos domiciliarios.

Nuestros antepasados decían que la noche era la madre de la maldad. Pero aquí todo cambió. No hay hora, ni lugar específico para el delito y el crimen.

¿Qué está pasando? ¿Las autoridades no se están dando cuenta de que la población está desesperada? ¿Que se siente huérfana frente a este vendaval que azota la tranquilidad y la paz de un pueblo que merece mejor suerte?

Algunos sectores le echan la culpa de esta situación al Código Procesal penal, que parece favorecer más al imputado que al agredido.

Sentimos que no hay una estrecha coordinación entre Ministerio Público, Policía Nacional y Jueces. Se culpan mutuamente de la facilidad de enviar a la calle a personas que han ofendido a la sociedad con acciones repugnables y horrorosas.

Esto trae indignación en la población que se siente burla­da y que en muchas ocasiones, de manera equivocada, ha querido hacer justicia por sus propias manos.

Las escenas de multitudes queriendo linchar a un real o supuesto sospechoso de haber cometido un crimen se van multiplican­do, convirtiendo estos actos en hechos cavernarios y salvajes. Una sociedad no puede llegar a estos niveles de violencia primitiva.

Este nuevo fenómeno social que estamos presenciando merece y exige un estudio profundo para buscar las medidas urgentes que pongan fin a esta desintegración social que estamos observando.
Sabemos que hay jueces benévolos, que no cumplen con su rol, que en muchos casos, desde el Ministerio Público se presentan expedientes muy flojos que no resisten un cuestona­miento serio y profundo y que en otros casos, el trabajo investigativo de la Policía Nacional también es débil.

Los violadores de la Ley se aprovechan de la falta de cohesión entre estos actores responsables de la paz ciudadana, para cometer sus fechorías, sabiendo que obtendrán su libertad de forma inmediata.
Proponemos una revisión profunda del Código Procesal Penal y que de forma consensuada, sin atropellarlo, salga a la luz un documento que permita afianzar el respeto de los dere­chos humanos, y que no deje a los que atormentan al pueblo ningún espacio para evadir su responsabilidad frente a los hechos delictivos que cometen, sembrando pánico y terror en un pueblo noble y trabajador.

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