El descanso

Julio 28, 2008

En nuestro país caribeño no tenemos la oportunidad de ver el discurrir de las estaciones con sus características propias como en otros países ubicados en latitudes diferentes a la nuestra. Nosotros prácticamente lo que tenemos es un verano casi permanente, pues siempre hay calor, una primavera cons­tante, pues siempre todo está verde y hay flores en todo el año, un otoño impredecible, pues siempre hay hojas de árboles por el suelo y un invierno momentáneo, ya que a veces hay frío en la mañana y en la noche y al mediodía calor, y el día más claro llueve; con un clima así, es casi imposible apreciar las estacio­nes, sobre todo el verano, que es el tiempo propicio y elegido por muchos países en el mundo para descansar o vacacionar; entre nosotros, las vacaciones en vez de marcarla el tiempo o la temperatura actual, lo marca la salida de los niños de la escue­la, lo que hace que no tengamos mucha costumbre de un tiem­po especí­fico y general para vacacionar, aunque siempre la gente dispone, ya sea por cuestión de trabajo u otros asuntos, un tiempo para descansar o vacacionar en cualquier época del año.

Es importante descansar, tomarse un tiempo fuera de la rutina normal de cada día para evaluar lo que vamos haciendo, renovar energías, encontrarnos con aquellos a quienes hace mucho no vemos: parientes y amigos, poder viajar si se tiene la posibilidad, ver nuevos y antiguos lugares, ir a la playa o a la montaña, y por qué no, pensar en nuevos proyectos de vida.

La Palabra de Dios, que siempre tiene tema para todo, tam­bién nos habla del descanso. Esta palabra la encontramos 43 veces en la Biblia, sin contar sus derivaciones que también son bastante, y nos comienza a hablar desde los inicios, desde el Génesis, ya que nos dice que cuando Dios culminó la obra del mundo descansó (Gen 2,2); también lo prescribió como manda­to para el pueblo de Israel (Ex 23,12 y 34,21), incluso pide cada seis años descanso para la tierra que da sustento al hombre (Ex 23,11).

En el mismo desierto, cuando el pueblo de Dios iba camino a la tierra prometida, busca dónde detenerse para descansar (Num 10,33). A lo largo de su historia, la exigencia de descanso y el cumplimiento de dicha prescripción se hace notorio en los llamados libros históricos del Antiguo Testamento (2 Sam 7,1; Neh 9,8; Est 2,8, y más). En los Profetas es notorio el libro de Isaías, quien ve en el descanso una promesa de Dios (Is 14,3), y no tenerlo como castigo por los pecados (Is 62,6-7). La litera­tura sapiencial ve en el descanso un fruto del buen quehacer del hombre (Job 3,13; Ecc 4,6 y Pro 29,17).

En el Nuevo Testamento tenemos tres citas de los evange­lios que mencionan la palabra descanso, pero la que más alude a nuestro tema es la de Mateo 11,29 donde Jesús nos invita a ir con él, ya que su yugo es llevadero y su carga ligera y en él se encuentra descanso. El que ha venido para que los hombres y mujeres tengan vida en abundancia, ve en el descanso parte de la vida en Dios, seguirle es un despojarse de preocupaciones vanas y un descansar, un recuperar de nuevo nuestra condición de seres humanos en camino hacia el Padre para un eterno descansar en su presencia.

Hoy día es importante tomarse su tiempo para el descanso, no importa la estación del año, ni la condición económica, no hay que inventarse muchas cosas para descansar, solo salir de nuestras rutinas diarias, buscar el lugar propicio o la actividad adecuada, pues no somos máquinas de trabajo, sino criaturas de Dios, creados por él, quien dispuso y creó este tiempo especial para nosotros, el cual debemos aprovechar para bien nuestro y gloria suya, pues también, como hemos visto, él descansó.

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