Den ustedes de comer

Agosto 4, 2008

Al desembarcar vio Jesús al gentío, le dio lástima y curó a los enfermos. Luego dijo a los discípulos: Denles de comer. ( Mt. 14, 14 y 16).

La noticia a que alu­de el evangelista, sobre la muerte del Bautista, era noticia vie­ja. Hacía algún tiempo que había sucedido, por lo que el evangelista usa la frase como transición literaria.

¿Dónde ocurre el encuentro con las multitudes hambrientas y sedientas? Es casi seguro que en Cafarnaún. No obstante, el evangelista Lucas nos habla de Betzaida Julias, ciudad que el tetrarca Filipo había embellecido.

Llegan multitudes de todas las ciudades. Se concentran en Cafarnaún, rumbo a Jerusalén a celebrar la fiesta de la Pascua.

Jesús, aunque caminaba buscando reposo para los suyos, ve a la multitud y siente pena, porque andan como ovejas sin pastor.

Las gentes atraídas por los milagros y curaciones, de los cuales ya tienen conoci­miento, no vacilan en caminar tras el Maestro, que ha­bía llegado embarcado solitariamente.

El Maestro se pone a en­se­ñarles muchas cosas. El día declina. Los apóstoles le piden al Señor que despida a las gen­tes, que están en lugar desértico y en hora avanzada.

Le llega a Jesús la hora para manifestar su misericordia y su poder. El escenario nos presenta una multitud de cinco mil hombres más las mujeres y los niños y sólo cinco panes y dos peces.

Jesús los toma, y eleva los ojos al cielo, que no era la costumbre entre los judíos y las enseñanzas de los rabinos: “El que ora debe tener los ojos bajo y el corazón elevado al cielo” conforme enseñaba el rabí Ismael bar José.

Después bendice el alimento. ¿Bendice o da gracias? Los tres sinópticos dicen que eulogeseen, bendice, pero Juan escribe: que da gracias. (Euja­ristesa). El mismo Jesús partió los panes. Las multitudes que­da­ron saciadas y reaccionan: Éste es el que necesitamos, vamos a hacerlo nuestro rey. Este es el profeta que ha de venir al mundo.

Posteriormente, Jesús camina sobre las aguas. Puede hacer con pan lo que quiera y multiplicarlo. Puede sustraer su cuerpo de las leyes físicas. Enton­ces, ¿por qué no creer cuando en otra ocasión, en otra celebración de la Pascua toma pan, lo bendice o da gracias y dice: esto es MI CUERPO, HA­GAN ESTO EN MEMORIA MÍA?

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