DOS MINUTOS: El que busca encuentra
Agosto 4, 2008
¿Cuántas personas caben en el templo que está más cerca de su casa? Seguramente menos de cinco o seis mil, ¿No? Pues en ese caso, allí, hoy, en cada una de las misas que se celebren, puede suceder lo mismo que nos narra el evangelio de este domingo.
Es algo verdaderamente extraordinario. No es un milagro, son muchos milagros. Y muchos estuvieron en esa ocasión, y podrían estar hoy, muy conscientes de lo que pasó.
Resulta que el Señor vio a mucha gente reunida, que habían venido buscándolo a Él. Entonces, dice el evangelio, “tuvo compasión de ellos, y sanó a los enfermos”. (Mateo 14,15)
Y mientras el Señor estaba atendiendo a los que se acercaban, llegó un momento en que la gente tuvo hambre. Era un problema, porque por allí no podía conseguirse comida para tanta gente.
Pero para el Señor no era problema. Tomó cinco panes que le regaló un muchachito, “levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los entregó a sus discípulos para que se los repartieran a la gente”. (Mateo 14,19).
La cosa termina cuando, luego de haber comido todos (dice el evangelio que “eran cinco mil hombres sin contar las mujeres y los niños”) “se recogieron 12 canastos llenos de pedazos que sobraron”. (Mateo 14, 20 y 21). Es lo que llaman “la primera multiplicación de los panes”.
Pienso que entre esos miles de personas había algunos que estaban allí por novelería, o por seguir la corriente, sin imaginarse siquiera lo que iba a suceder.
Pero hay otras muchas personas, que, al igual que en aquella ocasión, se van a reunir en el templo buscándolo a Él. Hacia éstos, hacia los que vayan buscándolo a El, el Señor también “tendrá compasión de ellos”.
Tendrá compasión porque comprenderá el problema de cada uno. Problemas de toda índole: Cansancio, desánimo, soledad, dudas, tensiones, temores, y otros muchos problemas de los que enfrentamos los humanos en estos días. Cada uno sabrá…, y el Señor comprenderá.
Y entonces, como el Señor no ha cambiado su estilo en nada, también los sanará a todos.
Es decir, a todos los que se le acerquen, a los que acudan a Él, a los que apelen a Él, a los que vayan buscándolo.
Y luego, como si esto fuera poco, un sacerdote, actuando en nombre del Señor, levantará los ojos al cielo, pronunciará la bendición, partirá el pan y lo repartirá entre todos los que se acerquen a comulgar.
Sí, en efecto. Hoy puede suceder lo mismo que en aquella ocasión:
El Señor estará allí, ESPERANDONOS.
Sólo falta que usted y yo
También estemos allí,
BUSCÁNDOLO.
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