El Espíritu que guió la vida de Jesús estuvo muy presente en la V Conferencia en Aparecida
Agosto 4, 2008
Jesús se ofreció al Padre movido por el Espíritu: “Cuánto más la sangre de Cristo, que por el Espíritu Eterno se ofreció sin mancha a Dios” (Heb 9, 14).
También Jesús se bautizó y mientras oraba, se abrió el cielo, bajó sobre Él el Espíritu Santo en forma de paloma…” “Jesús lleno del Espíritu Santo se alejó del Jordán y se dejó llevar por el Espíritu al desierto… Impulsado por el Espíritu, Jesús volvió a Galilea…” (Lc. 3 y 4).
El Espíritu Santo, que el Padre nos regala, nos identifica con Jesús-Camino, abriéndonos a su misterio de salvación para que seamos hijos suyos y hermanos unos de otros; nos identifica con Jesús-Verdad, enseñándonos a renunciar a nuestras mentiras y propias ambiciones, y nos identifica con Jesús-Vida, permitiéndonos abrazar su plan de amor y entregarnos para que otros tengan vida en Él” (Ap-N.37).
“El Dios de la Alianza, rico en misericordia, nos ha amado primero… por eso, lo bendecimos, animados por el Espíritu Santo, Espíritu vivificador, alma y vida de la Iglesia. Él, que ha sido derramado en nuestros corazones, gime e intercede por nosotros, y nos fortalece con sus dones en nuestro camino de discípulos y misioneros” (Ap.23).
Muchas veces los cristianos nos sentimos turbados y abatidos por los grandes problemas y angustias de la sociedad, pero nos dicen los Obispos: “Lo que nos define no son las circunstancias dramáticas de la vida, ni los desafíos de la sociedad, ni las tareas que debemos emprender, sino ante todo el amor recibido del Padre gracias a Jesucristo por la unción del Espíritu Santo…
No tenemos otra dicha ni otra prioridad que ser instrumento del Espíritu de Dios, en su Iglesia, para que Jesucristo sea encontrado, seguido, amado, adorado, anunciado y comunicado a todos, no obstante todas las dificultades y resistencias. Este es el mejor servicio ¡su servicio! que la Iglesia tiene que ofrecer a las personas y naciones” (Ap.N14).
“El mismo y único Espíritu guía y fortalece a la Iglesia en el anuncio de la Palabra, en la celebración de la fe y en el servicio de la caridad hasta que el Cuerpo de Cristo alcance la estatura de su Cabeza”. (Ap.N.151).
“Es el Espíritu quien recuerda a la Iglesia las Palabras de Cristo. Ya desde el principio, los discípulos habían sido formados por Jesús en el Espíritu Santo; es en la Iglesia, el Maestro Interior que conduce al conocimiento de la Verdad Total, formando discípulos y misioneros” (ApN.152).
“El Espírtiu Santo, que actúa en Jesucristo, es también enviado a Todos en cuanto miembros de la comunidad, porque su acción no se limita al ámbito individual, sino que abre siempre a las comunidades a la tarea misionera, así como ocurrió en PentecostÉs” (Ap.N. 171).
P. Gregorio Lanz, s.j.
Parroquia San Lorenzo
Cutupú, La Vega
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