HOY ES DOMINGO: Denles ustedes de comer

Agosto 4, 2008

A través de esta invitación Jesús nos recuerda una verdad del tamaño de una catedral: Dios todo lo hace a través de nosotros. “Denles ustedes de comer” es la respuesta de Jesús a aquellos que sólo le presentan la ne­cesidad de los demás, pero no son capaces de hacer nada. Se creen que sólo con la oración por los ham­brientos han cumplido su obliga­ción. No. “Denles ustedes de comer” es el imperativo de Jesús para que nos movamos a la solidaridad y al amor. 

“Solidaridad significa que cada uno es responsable de todos y todos lo son de cada uno. La solidaridad significa llevar las cargas del otro, o pagar su deuda, luchar por sus cau­sas haciéndolas causas propias, cargar con y apropiarnos de sus obligaciones o hasta de su miseria. Nos remite a la responsabilidad en sentido literal”. (Esquirol) A eso es que está apuntando el texto de la multiplicación de los panes. El relato no intenta mostrar al “mago” Jesús; sino al Jesús que nos invita a poner a la disposición de los demás lo que tenemos, lo que nos sobra y que a veces botamos.

En efecto, el milagro no es la multiplicación mágica de los panes, sino la ruptura del anillo exclusivo y excluyente en el que pueden caer los discípulos de Jesús. 

Los discípulos son la mediación por la cual Jesús hace el milagro. Jesús obra mediante las manos de sus discípulos. Lo mismo sigue ha­ciendo hoy. Cada vez que un cora­zón generoso se desprende de algo para ayudar a alguien es el mismo Cristo el que está actuando. Dios no hace nada sin el ser humano. Si lo queremos en lenguaje positivo: Dios todo lo hace a través de los seres hu­manos. Tenemos que preguntar­nos qué milagro quiere hacer hoy Dios a través de nosotros. 

Para que se dé el milagro de que todos comamos debemos contemplar las necesidades ajenas. Pero no sólo eso, sino también estar dispues­tos a renunciar a nosotros mismos, a salir de nosotros y entregarnos con lo que tenemos. Debemos abrir las manos y el corazón. Debemos apar­tar la mirada de nosotros mismos y de nuestras posesiones para mirar el hambre y la miseria de los otros. Sólo así el pan alcanzará para todos y sobrará.

No importa lo poco que se apor­te para saciar el hambre de los demás. Muchos pocos hacen un mucho. No nos acobardemos por la inmensidad de la miseria humana. No digamos como dicen algunos: “hay tanta gente necesitada que qué puedo hacer yo si siempre habrán otros esperando”. No importa. Si tú contribuyes quitando el hambre a uno y otra persona a otro ya son dos menos. Si todos pensamos de ma­nera negativa y pesimista Dios no podrá hacer nada por nadie. No olvi­des que somos los brazos de Dios. 

La invitación “denles ustedes de comer nos invita a construir un nue­vo modelo de sociedad. “Una socie­dad que sólo será viable y pacífica si supera el individualismo actual y se basa en la cooperación. Puede que suene a utopía, pero no es misión imposible: la tendencia a cooperar, a ayudarnos unos a otros, forma parte del programa con el que nacemos los humanos. La gran incógnita es si la transición a esta nueva sociedad será traumática o si seremos capaces de dejar de lado nuestros egoísmos y hacer una transición sin sufrimiento”. (Valentin Fuster).

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