Radio Santa María rescata la décima
Agosto 4, 2008
El campesino perdió orgullo y atención. Se generó un síndrome de vergüenza campesina. Se puede decir que desapareció el campesino.
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Pero esa sociedad predominantemente campesina evolucionaba, y con ella se dejó agotar el concurso de décimas cuando se impusieron los cambios. Los cambios. ¡Gracias a Dios que hay cambios! Primero fueron los cambios económicos. El cambio de la economía de producción de productos agrarios: café, tabaco, cacao, caña, arroz hacia un modelo de economía de servicio, de zonas francas, de turismo, de remesas; y al desarrollo de las infraestructuras urbanas. Se aumentó la riqueza y se dispuso de mayores bienes. Esto aceleró una corriente migratoria, -iniciada en los primeros setenta- muchas veces inducida, hacia zonas urbanas del extranjero y de las ciudades nacionales que sacudió el mundo campesino.
Para la década de los 80 se invirtió el eje poblacional y el 69 % ya se consideraba urbana y el 31 % rural.
Se comenzó a asociar lo rural con el atraso. El campesino se le vio como un barril sin fondo que no recompensaba la inversión. Creció un desinterés por el campo y el campesino. La agronomía era un estudio que no interesaba y se vaciaban las escuelas universitarias de estudiantes.
El campesino perdió orgullo y atención. Se generó un síndrome de vergüenza campesina. Se puede decir que desapareció el campesino. Seguía gente viviendo en la zona rural, era pobre pero no se era campesino.
Paradójicamente, los medios de comunicación, la radio, fue un instrumento básico en el cambio de la mentalidad del hombre y de la mujer del campo. El radio transistor se paseó de la cama a la cocina, y de la cocina al conuco para estar al tanto de lo que acontecía. Se oía música y noticias. Se interactuaba.
En la propiedad de las comunicaciones, la nueva competencia fue la radio corporativa sustentada por capitales mayores y frescos. La tecnología de la comunicación, primero la competencia de la FM y de la TV; y más recientemente la grabación de películas y música, las redes, los periódicos digitales, los blog, el google, youtube, wikipedia, el chateo, los videojuegos, y el celular.
Se generó una cultura y gusto por lo metálico, lo desnudo y el interés, en contraste con lo melódico, lo vestido, y lo generoso.
Pero ¡oh historia maestra que a golpes nos enseñas! Mientras escribo estas líneas, ante el crecimiento incontrolable de las ciudades con la difícil solución de sus problemas y sobre todo del crecimiento de una cultura de violencia y de miedo y el vaciamiento de sentido de la vida; y ante el pánico del encarecimiento de los precios de los alimentos, se predica la vuelta al campo y la regestación de un orgullo campesino. Se identifican en el medio rural capitales físico, culturales, naturales humanos y sociales y se invita a recrear una nueva cultural agrícola y rural.
Se espera que no haya vuelta atrás con esa incertidumbre de lluvias y sequías, precios altos y bajos, jumeadoras y letrinas. Lo que creo se nos quiere decir es que hay que auscultar los signos de la vuelta y recuperación de los valores permanentes de la vida: lo social y lo gratuito, lo personal y lo creativo, lo natural y lo progresivo. En esta condición antropológica de la vida, donde lo nuevo apoya en lo pasado y lo presente trasciende a lo porvenir, volver atrás, escarbar en el baúl de los recuerdos, darle su tiempo a la nostalgia es garantía de continuidad y de permanencia, de progreso, de paz y de felicidad.
La décima es mediación. Hay que volver a la décima para poder ir más allá de la décima. El empeño es buscar la forma para que siempre viva la poesía que es creación y expresión del alma de las gentes y de los pueblos. Las formas cambiarán, otras serán las métricas, pero la expresión de lo que se siente y surge del interior, la poesía permanecerá.
Nota: Conclusión de las palabras de Antonio Lluberes, sj., director RSM, 1989-1961, en la puesta en circulación del libro de décimas, 30 de junio de 2008.
Antonio Lluberes, sj.
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