SIEMPRE ATENTO: Plegarias por una planta física, “Patrimonio Cultural” de Santiago

Agosto 4, 2008

La Benemérita y Respetable Logia “El Nuevo Mundo No. 5, Inc.” fundada el 27 de febrero del 1859, por los santiagueros más destacados de la época en el orden político, económico y social, hoy patrimonio cultural de esta ciudad hidalga, su planta física estilo victoriano se encuentra en un estado deplorable, debido al paso de los años. Es bueno aclarar que la institución data de 1859, pero el local que hoy ocupa es del 1904 con 104 años de existencia, donde llueve adentro y escampa afuera. La membresía y la oficialidad que la dirige ha solicitado al gobierno central, vía Obras Públicas su re­modelación sin resultado positivo.

Cuenta con un museo que lleva el nombre de su fundador, “Lic. Adriano Reynoso”, el cual fue un fervoroso masón, en el que se exhiben me­cenas e infinidad de pie­zas de gran contenido y significado his­tórico y cultural. Dicho museo perma­nece abierto de lunes a sábado, el cual es visitado por estudian­tes, público en general y por turistas atraídos algunos en su condición de ma­sones. Es atendido por una señora que era pagada por el Ayuntamiento, pero a principios del año actual le retiró la remuneración.

Es oportuno y necesario hacer un poco de historia; pues en 1861, la Res­petable Logia “El Nuevo Mundo No. 5″, (hoy Benemérita) abatió sus columnas en repudio al hecho bochornoso de la Anexión de la República a España. Al finalizar la gesta Restauradora en 1865, fue reinstalada por un grupo de prohombres pletóricos de patriotismo, figurando Joaquín Silva, Domingo A. Rodríguez, Alfredo Dactjen, Pablo López, Juan An­tonio Vila, Javier Angulo Guridi, José Herrera, Francisco Antonio Luna, Do­mingo A. Curiel, entre otros.

De la Gran Logia Nacional vinieron a dirigir los trabajos los ilustres masones Antonio Ma­drigal, Pedro Valverde y Rafael María Leyba; saliendo electo Venerable Maestro Joaquín Silva.

Hay que destacar el valioso aporte de la masonería a la causa de la Res­tauración de la República. Aquí se reunieron los patriotas como medio de seguridad donde pu­dieran desarrollar sus actividades: General Gregorio Lu­perón, General Pedro Antonio Pimentel, General Pedro G. Gutiérrez, General Francisco Antonio Bordas, General Ge­naro Perpiñán, General Ma­nuel María Abréu, General Simón Valdez, General Silve­rio Delmonte, Coronel Agus­tín Franco Bidó, Presbítero Miguel Queza­da, Don Máxi­mo Grullón, Don Ulises Francisco Es­paillat, Don Justiniano Jiménez, Don José Manuel Glass, Don Miguel A. Román, Don Wenceslao Ál­varez, Don Teófilo Espaillat, Don Siverián Roobe, Don Hilarión J. Puello.

La “Palabra de pase” que se circuló fue “Capotillo”, sitio donde se inició el movimiento separatista. En el año de 1865 en que terminó la causa que los mantenía en guerra, todos los patriotas se afiliaron a la masonería, excepto el Presb. Miguel Quezada, Ulises Fran­cis­co Espaillat y Máximo Grullón.
De los iniciados figuraba el General Pedro Antonio Pimentel, que apenas ha­bía transcurrido dos días de haberse juramentado como Presidente de la Re­pública, quien había derrocado ese mismo año al General Gaspar Polanco.

Al General Pimentel le tocó la gloria de llevar a efecto las negociaciones para la desocupación de las tropas españolas de todo el territorio nacional. También son dignos de mención en esa histórica iniciación el General Pedro G. Martínez, Ministro de Guerra; General Wenceslao Álvarez, Gobernador Civil y Militar de la Provincia y Teófilo Espaillat, hijo del civilista y prócer Ulises Francisco Espaillat.
Es algo halagüeño, placentero y honroso hojear las páginas del libro ge­neral de afiliados de esa sociedad, viendo los nombres de las personalidades que son los ancestros de las principales familias santiagueras.

El gobierno municipal, dirigido por un buen hijo de Santiago, que lo ama, lo eleva y lo prestigia debe ir en rescate de esa joya preciosa donde impera el silencio, la virtud y la paz. SÍ, José Enrique, el pueblo una vez más te lo agradecerá.

El Dr. Leonel Fernández Reyna, Presidente de la República; un estadista que dada su condición de maestro, ad­mirador de los hechos históricos y abanderado de la cultura y el bien patrio, sabrá dar órdenes precisas a la Secre­taría de Obras Públicas y a la de Cultura, para que inicien los trabajos de ordena­miento y reconstrucción del edificio de la calle Mella con Restauración “Patri­monio Cultural y mecenas de la gesta restauradora.

Por Maximiliano A. Taveras R.
El autor es educador y directivo del Centro Duartiano de Santiago.

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