Milagros Bretón nos dijo adiós

Enero 17, 2009


Trabajó por su comunidad y fue una incansable promotora de Camino

Canabacoa. Mila, como solíamos llamarte la mayoría de los que compartimos contigo, fuiste, eres y seguirás siendo alguien muy especial en la vida de todos los que te conocimos y te admiramos.
Milagros, supiste seguir los caminos de la fe y de amor a Dios con un testimonio de vida. Como dice la Palabra, la fe es la certeza de lo que no se ve. Una fe firme y madura que se fortaleció en los momentos de pruebas. No vacilaste en ningún momento. Solías decir, hay que orar en todo momento

Queremos mencionar algunas de las virtudes que te acompañaron en el transcurso de tu vida:

Solidaria: Con las mejores causas y soporte de aquellos que te necesitaron: un consejo, una palabra de aliento, una corrección, un acto de caridad. Fuiste a tomar el rol del Cirineo de los más necesitados. Acompañaste a tus hermanos en los momentos de dolor.
Comprensiva: Trataste siempre de ponerte en el lugar del otro, sin juzgar a nadie. Separando al ser humano, de los errores cometidos. Buscando resaltar las virtudes de cada uno y no sus defectos.
Confiable: Ser confidente de muchas personas que en sus momentos difíciles necesitaron tu apoyo. Nunca te prestaste hacer críticas destructivas de los demás.
Consejera. Llevaste tus consejos y tus mejores deseos a todos aquellos que de una u otra forma requirieron tu ayuda. Tus sabias palabras soportaron a muchos en el momento de dolor.
Fuerte: Con esa fortaleza de espíritu, capaz de enfrentar las mayores dificultades y las pruebas que te presentó la vida, con serenidad, paciencia y oración. Confiaste tu vida a la Divina Misericordia, siempre confiaste a Dios todos tus proyectos y supiste de forma obediente aceptar su voluntad.
Creyente Fiel: Demostraste con tu ejemplo de vida de fe y amor a Dios que habitaba en tu corazón. Fuiste testimonio de servicio desinteresado, sin buscar los primeros puestos, sino la satisfacción del deber cumplido.
Devota de María: El rezo del Santo Rosario fue tu principal aliado en los momentos difíciles y en tu relación con la Madre del Cielo.
Sincera: Fiel a la verdad en toda circunstancia, trataste con franqueza y transparencia a todos. Alguien que vivió su vida con las cuentas claras.
Responsable: Fuiste responsable en todos los aspectos: como madre, esposa, amiga, puntual en tus compromisos. Promotora del orden y la disciplina.
Amorosa: Llevaste amor a los niños, a los ancianos, a los necesitados; amaste como dice San Francisco de Asís, a los No Amables, aquellos que nada tenían que ofrecer.

Frases que usaste para motivar,
apoyar o aconsejar en diferentes
circunstancias y que siendo simples tienen un significado profundo:
En aquellos momentos en que los resultados no fueron los que esperábamos, solías confortarnos: “Todo fracaso es un triunfo”. “Como dice la Palabra, todo obra para bien”.
Si sentíamos la debilidad de nuestro ego de esperar la gratitud de los demás: “El bien nunca es perdido”. “Lo que hace un inglés lo paga un francés”.
Cuando nos tocó tomar alguna decisión importante o enfrentar a alguien para reclamarle un error cometido: “El mundo es de los fuertes”. “El que le tiene miedo a los ojos no come cabeza”.
Siempre nos aconsejó sobre evaluar siempre nuestros propios errores:
“El verdadero amigo te hace llorar con la verdad y no reír con falsedad”.
“Hay que saber identificar el amigo de la medianoche”.
En aquellos momentos en que nos quejamos de las situaciones que nos presenta la vida:
“Debemos dar gracias a Dios por todo”.
Celebraste nuestros triunfos como tuyos y nos acompañaste en los momentos de sufrimientos siendo un punto de apoyo motivándonos a seguir adelante aunque estuviéramos desanimados.
Físicamente ya no estás aquí, pero tu espíritu y tu recuerdo permanecerá con nosotros; tus frases, tus buenos consejos, tus enseñanzas, nos acompañarán en nuestra vida como alimento espiritual. Estarás presente en nuestros corazones en cada decisión que tomemos, en cada momento de celebración, en los momentos difíciles.
Tú sembraste la buena semilla durante tu estadía en la Tierra.
Tu misión fue bien cumplida. Ahora nos toca a nosotros imitar tu ejemplo, y hacer nuestro mayor esfuerzo para llevar amor al prójimo, valoración y gratitud hacia los demás, enfrentar con paciencia y serenidad los momentos difíciles de la vida.
Ahora te encuentras en el Cielo junto a Jesús y a María. Te decimos no adiós, sino hasta luego porque un día esperamos reunirnos en la morada común que Dios tiene preparada para todos. Que descanse en paz.

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