XXVII Encuentro Nacional de Pastoral Monseñor Moya habla del Año Sacerdotal

Enero 20, 2009

Carta circular #270/09 05 de octubre de 2009

AÑO SACERDOTAL Y MONS. MOYA

Les anexo las palabras que pronunció Mons. Moya en el XXVII Encuentro Nacional de Pastoral el 2 de octubre 2009.

En su estilo esquemático y concentrado, lleno de sabiduría por demás, nos ofrece puntos apropiados para meditar.

En Jesús Buen Pastor, María de la Altagracia y Santiago Apóstol, hermano y obispo,

+ RÁMÓN BENITO DE LA ROSA Y CARPIO

Arzobispo Metropolitano

EL AÑO SACERDOTAL

El tema es tan gran­de y abierto que hace imposible sintetizar. Por ello, la primera opción es la deci­sión de ser breve. Hay tantas perso­nas im­portantes que han escrito sobre el tema.

Las 28 Catequesis del Papa Juan Pablo II, previas al Sínodo de los Obispos, del 3 de Di­ciembre 1989 al 30 de Septiembre 1990, cuyo re­sultado fue la Pasto­res Dabo Vobis del 25 de Marzo de 1992; el Papa Benedicto XVI con su carta sobre el Año Sa­cer­dotal. El Se­ñor Car­denal Prefecto de la Congre­ga­ción del Clero, miles y miles de Señores Carde­nales, Ar­zobispos, Obis­pos, Sa­cerdotes y Laicos que han escrito de este tema tan fascinante…

Toco sólo tres Titu­litos:

. El Sacerdote Multiplica.

- Las dos Columnas del Sacerdote: Palabra y Sacramentos.

- El Papa traduce –Aplica– el ejemplo de San Juan María Vian­ney al mundo de hoy.

DIOS REPITE CON LOS SACERDOTES EL MILAGRO DE LA MULTIPLICACIÓN DE LOS PANES.

“INSTRUMENTOS DE SALVACIÓN PARA MUCHOS, PARA TODOS”,

(Benedicto XVI).

Al narrar el “signo” de los panes, el evangelista subraya que Cristo, antes de distribuirlos, los bendijo con una ora­ción de acción de gracias.

Los sacerdotes, po­de­mos reflejarnos en este texto de Juan, tomando el lugar de los apóstoles, cuando di­cen: ¿Dónde podremos encontrar el pan para toda esta gente? Ar­qui­diócesis, Diócesis, Pa­rroquias… inmensas y no podemos llegar a todos y todas… La gran tarea. La inmensa mi­sión…

Y al leer que el anó­ni­mo joven, que tiene cinco panes de cebada y dos peces, también a nosotros nos surge es­pontánea­mente la pregunta: pero, ¿Qué es esto para una multitud así? En otras pa­labras, ¿Quién soy yo? ¿Cómo puedo, con mis limitaciones, ayudar a Jesús en su misión?

La respuesta la da el Señor: ¡al poner preci­sa­mente en sus “santas y venerables manos”, lo poco que son, los sacerdotes se convierten en ins­trumentos de salva­ción para muchos, para todos!

2- BENEDICTO XVI “PALABRA Y SACRAMENTO”, LAS DOS COLUMNAS DEL SA­CERDOTE.

La Gracia y el Desa­fío de la Ordenación Sacer­dotal.

El Sacerdote: Lla­ma­do - Consagrado - En­viado.

El anuncio del Evan­gelio y la administración de los sacramentos son “las dos columnas fundamentales del servicio sa­cerdotal”.

La oración es la prime­ra tarea, el verdadero camino de santificación de los sacerdotes, y el alma de la auténtica pastoral vocacional.

Cuidar mejor la dirección espiritual y sacramental de la confesión.

¿Quién es el presbíte­ro, si no un hombre convertido y renovado por el Espíritu, que vive de la re­lación personal con Cristo, haciendo constantemente propios los criterios evangélicos?

¿Quién es el presbíte­ro, si no un hombre de uni­dad y de verdad, cons­ciente de sus propias limi­taciones y al mismo tiempo de la extraordinaria grandeza de la vocación recibida, la de ayudar a extender el Reino de Dios hasta los extremos confines de la tierra?

Redescubrir el llamado:

Hay sacerdotes desmotivados que se sienten a veces abandonados. Pero cuando nos encontramos delante del Santísimo en la fiesta del Sagrado Cora­zón, nos encontramos con nosotros mismos, se ro­bustece y se fortifica la convicción de que el sa­cerdote tiene la vocación más bella posible.

Los sacerdotes y los religiosos son, “cartas de Cristo” al mundo globali­zado.

La vocación misionera de la Iglesia. La historia de la Iglesia es la historia de su expansión misionera. Necesitamos redescu­brir la pastoral vocacio­nal…

El lema elegido por el Papa para la ocasión va en esa dirección: fidelidad de Cristo, fidelidad del sacerdote.

3- EL PAPA APLICA EJEMPLO DE SAN JUAN MARÍA VIANNEY AL MUNDO DE HOY.

¡Qué gran fiesta debe haber habido en la gloria, con el ingreso de un pastor así de celoso! ¡Qué acogida deben haberle reservado las multitudes de hijos reconciliados con el Padre, mediante su obra de párroco y confesor!; al recordar que “depende de la Santidad la credibilidad del testimonio y en definitiva, la eficacia misma de la misión de cada sacerdote”.

Nacido el 8 de Mayo de 1786, hasta que, tras muchos esfuerzos “a la edad de 29 años, tras mu­chas inseguridades, no pocos fracasos y tantas lágrimas, pudo subir al altar del Señor y realizar el sueño de su vida”. “El Santo Cura de Ars”, manifestó siempre una altísima consideración por el don recibido. Afirmaba: ¡Oh! ¡Qué cosa grande es el Sa­cerdocio! ¡No se lo entenderá bien sino en el Cie­lo.., si se lo comprendiera sobre la tierra, se moriría, no de gusto, sino de amor!

Benedicto XVI recor­dó que “en el servicio pastoral, tan simple cuanto extraordinariamente fe­cundo, este anónimo pá­rroco de una perdida aldea del sur de Francia llegó de tal manera a compenetrarse con su ministerio, hasta convertirse, incluso de manera visible y universalmente reconocible, alter Christus, imagen del Buen Pastor, que da la vida por las ovejas”.

El centro de toda su vida era la Eucaristía, se distinguió como óptimo e incansable confesor y maestro espiritual.

Aquello que hizo San­to al Cura de Ars fue su humilde fidelidad a la misión a la cual Dios lo había llamado; ha sido su constante abandono, lleno de confianza, a las manos de la providencia divina. Fue su estilo de Vida y Anhelo de fondo.

Es así, cómo logró tocar el corazón de la gente no con las fuerzas de sus propios dones hu­manos, ni poniendo es­fuer­zo exclusivamen­te en un loable compromiso de la voluntad; conquistó las almas, incluso las más reacias, comunicándoles lo que íntimamente vivía, es decir, su amistad con Cristo.

No limitar la figura del Santo a “un ejem­plo” de la espiritualidad del siglo XIX; es necesario, por el contrario; recoger la fuer­za profé­tica que marca su perso­nalidad humana y sacerdotal de altísima actua­lidad.

A 150 años de su muerte, los desafíos de la sociedad de hoy no son menos exigentes, en cambio, se han hecho más complejos. Si en­tonces primaba la dictadura del racionalismo, en la época actual se registra en mu­chos am­bientes una suerte de dictadura del relativismo.

Hoy en cambio, como entonces, el hombre men­digo de sentido y plenitud, va en búsqueda continua de respuestas exhaustivas a las preguntas de fondo que no cesa de plantearse.

La enseñanza que al respecto sigue transmitiéndonos el Santo Cura de Ms es que, en la base de todo compromiso pastoral, el Sacerdote debe proponer una íntima unión personal con Cristo, a ser cultivada e incrementada día tras día. Sólo si está enamorado de Cristo, el Sa­cerdote podrá enseñar a todos esta unión, esta amistad íntima con el divino Maestro, podrá tocar los corazones de la gente y abrirlos al amor misericordioso del Señor. Sólo así, como consecuencia, podrá infundir entusiasmo y vita­lidad espiritual a las comunidades que el Señor le confíe.

+ Jesús María de Jesús Moya

Obispo de San Francisco de Macorís

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