Calambre y Adormecimiento

Enero 22, 2009

Dr. Arcenio Estévez

El individuo afectado es probable que lo que tenga sea algún trastorno
de la coagulación de la sangre

Cuando una persona tiene adormecimiento, hormigueo o calambre de una parte de su cuerpo casi siempre afirma que está afectada de un problema de la circulación.
Es un diagnóstico popular muy frecuente, pero la verdad científica dista mucho de ese concepto.
Hay numerosas enfermedades que pueden manifestarse con cualquiera de estos síntomas. Por esa razón no podemos atribuirle, de manera exclusiva, a trastornos de la circulación estos problemas.
También debemos reconocer que dentro de las enfermedades de la circulación hay muchas, de origen y por supuesto, manejo muy diferente.
Los calambres y el adormecimiento pueden deberse a que haya un deficiente flujo de sangre hacia un área determinada del cuerpo, pero también pueden producirse estas manifestaciones porque la persona presente un trastorno que comprometa a uno o varios nervios que pertenezcan a dichas áreas.
Una situación mecánica que comprima estructuras nerviosas o vasculares (venas, arterias, arteriolas y capilares) debe ser tomada en cuenta cuando se está haciendo el diagnóstico diferencial entre las diferentes patologías que producen estos síntomas.
Es frecuente que el individuo afectado lo que tenga sea algún trastorno de la coagulación de la sangre. Un coágulo, por ejemplo, podría obstruir el flujo de sangre hacia un órgano y esto expresarse por sensación de calambre, hormigueo y adormecimiento. De la misma manera podría comportarse una hemorragia que, al disminuir el tránsito de la sangre, reduce el aporte de oxígeno y glucosa hacia el área que irriga.
Esto, además, trae como consecuencia que haya un déficit nutricional que produzca a su vez acumulación de sustancias tóxicas, que no se reciclan de manera correcta y orginan un daño acelerado de los tejidos comprometidos en el proceso.
Por otro lado, también hay que pensar en depósito de sustancias, como el ácido úrico, en las estructuras nerviosas que interfieren con la circulación de la energía y los estímulos en los nervios, que pueden producir mucho calambre y adormecimiento.
Las elevaciones significativas del colesterol, sobre todo el LDL, ponen la sangre espesa y se depositan en la capa interna de los vasos disminuyendo el flujo sanguíneo, facilitando las obstrucciones que se expresan desde su inicio con sensación de hormigueo y calambres.
Partiendo de todas estas informaciones debemos evitar empezar tratamientos para estos trastornos sin determinar primero qué es lo que está provocando la sintomatología y así no hacemos gastos innecesarios en la búsqueda de la solución de estos problemas de salud.

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