Hilario Jiménez y Juana Rosario, Medio Siglo de Amor y Entrega Mutua

Enero 22, 2009

Rvdo. P. Francisco A. Jiménez Rosario
Secretario General CED

Hay personas que nacieron para vivir juntos, llorar juntos, sonreír juntos y ser el uno para el otro. Son personas que ni siquiera aquella realidad que le pone límite a la existencia humana, como es la muerte, logra separarlos, porque si supieron vivir en la tierra el uno para el otro, también desearían estar juntos en la otra vida, para seguir amándose eternamente.

Don Hilario (Yayo) y doña Juana

Esto podemos decir de nuestros padres. Sólo hemos visto en ellos dos personas que se aman sin decirse muchas palabras y se entregan el uno al otro sin tener que proclamarlo a los cuatro vientos.
El amor en ellos deja de ser palabra y se convierte en acciones, deja de ser una conjugación de cuatro letras para convertirse en acto común del cotidiano vivir.
Yayo y Juana, unidos por amor para siempre: un regalo del Señor, una fidelidad conquistada con oración, sacrificio y mutua entrega.
Una unión que procreó nueve hijos que hoy se sienten orgullos de sus padres. Ellos nos han enseñado los valores más importantes en la vida, de una persona; el amor a Dios, el amor a la Virgen y el amor a la Iglesia. Ellos nos han enseñado a ser personas de bien, a aprender a convivir con los demás y a ser respetuosos de las personas. No nos han legado riquezas materiales, pero si nos han dado la mejor riqueza del mundo que es su amor, su entrega y su testimonio.
Nuestra mayor riqueza es tener unos padres que siempre han estado con nosotros. Que nunca lo hemos escuchar decir que han dormido un día separados porque estaban enojados. Hoy tenemos la gran satisfacción de decir que no hemos conocido ni a un hermano de padre, ni un hermano de madre. Todavía no sabemos lo que es tener un padre que pelea con su esposa o que ha llegado tarde de la noche a su casa, ni tampoco que lo hayan visto envuelto en el alcohol.
Quizás no podemos decir que son los mejores padres del mundo, pero si podemos afirmar que son las dos personas que más amamos y le agradecemos en la vida. Gracias don Yayo y doña Juana por ser como son. Nosotros los amamos, los queremos y nos sentimos orgullos de ustedes.
Queremos seguir siendo, las niñas de sus ojos, la razón de su existencia y aquellos por quienes ustedes todos los días oran, preguntan y extrañan.
Gracias Papá y Mamá, por ser reflejos del amor de Dios-Padre y de Dios-Madre, gracias por enseñarnos a amar a María, a Cristo presente en su Iglesia y amar a toda persona.
Gracias por darnos la vida. Les amamos y estaremos siempre agradecidos de Dios por darnos unos padres como ustedes dos.
Gracias por unirse a nosotros para dar gracias al Señor por este medio siglo de amor compartido de nuestros amados padres, Juana y Yayo.

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