MIL REFLEXIONES CORTAS
Enero 24, 2009
LOS DISCIPULOS, SERVIDORES DESINTERESADOS

Monseñor Ramón Benito De la Rosa y Carpio
Arzobispo Metropolitano de Santiago de los Caballeros
“Como en siglos atrás, también en nuestro tiempo, la Iglesia considera como deber suyo el servir a los hombres con diligente empeño y con auténtico espíritu humanitario, habiendo sido fundada por el Hijo de Dios que “no vino a ser servido sino a servir” (Mt. 20, 28). Ella quiere seguir su ejemplo y, en frase de San Ambrosio: “el pueblo cristiano se distingue por este servicio, como dijo el Señor a sus discípulos: ‘el que entre vosotros quiera ser el primero, será vuestro siervo’ (Mt 20, 27) …ese servicio es realizado por la caridad que supera la esperanza y la fe” (De Paradiso 14, 72, CSEL, XXXII, p. 330). La Iglesia desea, por tanto, ser útil a los hermanos, inspirándose en aquella sensibilidad que, como decíamos en la mencionada Carta Apostólica, “es propia de la Iglesia, marcada por una voluntad desinteresada de servicio y por una atención hacia los más pobres” (n. 42). De este modo podrá ofrecer su ayuda eficaz a los hombres que deben resolver hoy los problemas más diversos, frente a los cuales no pocas veces les faltan las fuerzas o se ven sumidos en el desaliento o también muy a menudo oprimidos bajo el peso del dolor, del hambre, de la angustia o afectados por dramáticas calamidades, quedando privados de los medios de subsistencia y obligados a conducir una vida de extrema miseria” (Pablo VI, Amoris officio, 1971).
LOS DISCIPULOS TIENEN PARTE
DEL PODER DE CRISTO
“Dios, sin duda, puede operar por sí mismo y por su sola virtud todo lo que realizan los seres creados; pero, por un consejo misericordioso de su Providencia, ha preferido, para ayudar a los hombres, servirse de los hombres. Por mediación y ministerio de los hombres da ordinariamente a cada uno, en el orden puramente natural, la perfección que le es debida, y se vale de ellos, aun en el orden sobrenatural, para conferirles la santidad y la salud.
Pero es evidente que ninguna comunicación entre los hombres puede realizarse sino por el medio de las cosas exteriores y sensibles. Por esto el Hijo de Dios tomó la naturaleza humana, El, que teniendo la forma de Dios…, se anonadó, tomando la forma de esclavo y haciéndose semejante a los hombres: y así, mientras vivió en la tierra, reveló a los hombres, conversando con ellos, su doctrina y sus leyes.
Pero como su misión divina debía ser perdurable y perpetua, se rodeó de discípulos, a los que dio parte de su poder, y haciendo descender sobre ellos desde lo alto de los cielos “el Espíritu de verdad”, les mandó recorrer toda la tierra y predicar fielmente a todas las naciones lo que El mismo había enseñado y prescrito, a fin de que, profesando su doctrina y obedeciendo sus leyes, el género humano pudiese adquirir la santidad en la tierra y en el cielo la bienaventuranza eterna” (León XIII, Satis Cognitum, junio de 1896, # 2).
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