Quién me ha tocado el manto?

Enero 24, 2009

Una mujer padecía flujos de sangre, desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos, y gastado en eso toda su fortuna; pero en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás entre la gente, le tocó el manto, pensando que con sólo tocarle el vestido curaría.
Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias y su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio de la gente preguntando: ¿Quién me ha tocado el manto…? La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo. El le dijo: hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud. (Mc. 5, 25-27; 30-31).
Los sinópticos narran esta curación ocurrida cuando Jesús caminaba rumbo a la casa de Jairo a resucitarle la niña, al pronunciar la frase Talitha qum, o sea: niña levántate.
La hemorroísa era de cierta posición social y económica, pues había visitado muchos médicos y gastado su fortuna en procurar la curación. ¿Qué le indicaban los médicos? Nos imaginamos que no sólo medicamentos sino medios propios de la superstición. El Talmud recoge muchas prescripciones que ahora nos parecen ridículas, como por ejemplo la que recomendaban al enfermo: toma el peso de un denario de Alejandría, machácalos y tómalo con vino. O cava siete hoyos para quemar sarmientos, mientras la enferma debía sostener un vaso de vino, sentarse al borde de cada hoyo y decir: cúrate de tu flujo. La mujer se acerca a Jesús enterada de sus milagrosas curaciones, pero llegó con gran fe, por eso decía: me basta tocarle el manto y ya estoy sana. ¿Por qué esta mujer marcha sigilosamente hacia Jesús?
Seguramente conocía el libro del Levítico: la mujer que tiene flujo de sangre en su carne, estará siete días en su impureza. Quien la tocare será impuro hasta la tarde. La mujer con flujo de sangre por más tiempo que el acostumbrado, prolongará éste más allá de los días de su impureza. Esta mujer tenía doce años padeciendo el flujo de sangre y tal vez conocía el Nidda o libro de impurezas.

Cristo camina hacia la casa de Jairo apretujado por gran multitud. La hemorroísa toca el manto y Cristo pregunta: ¿Quién me ha tocado? Se manifiesta aquí la fe de la mujer y la voluntad de Jesús.
¿Quién era esta mujer? Según la tradición que recogió Eusebio de Cesarea era pagana, oriunda de Páneas o de Cesarea de Filipo.
La gran verdad es que la fe en Jesús curó a esta mujer, no importa quien fuere.

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