Lectio Divina Lectura orante de la Biblia

Septiembre 18, 2008

Esta forma de orar con la Palabra de Dios ha sido uno de los redescubrimientos maravillosos realizados a la luz del Vaticano II. Ha habido todo un camino para llegar a él, pues ésta fue la forma como la Iglesia, desde los comienzos, se adentró en la lectura de la Sagradas Escrituras. Fue el Padre de la Iglesia, Orígenes, el que le dio el nombre de “Lectio Divina”. Más tarde, en el siglo XIII, un monje llamado Guigo escribió una carta a un amigo con el título: “Scala claustralium”, que ha sido la Carta Magna de la Lectio Divina, con los cuatro grados o momentos que son: Lectio (Lectura), Meditatio (Medi­tación), Oratio (Contemplación) y Contempla­tio (Oración).

El avance de los protestantes dentro de la investigación Bíblica a finales del siglo XIX y comienzos del XX va a ser el primer movimiento que llevará al redescubrimiento de la Lectura Orante. Luego, en nuestra Iglesia, en los co­mienzos y mediados del siglo XX los movi­mientos teológicos en torno a la eclesiología, la cristología y la liturgia ayudarán en esta misma línea, pero el gran empuje estará alrededor de los años cincuenta. Pero antes, en el centenario de San Jerónimo, en 1943, el Papa Pío XII, en la Encíclica: Divinu Afflante Spiritu, invitaba a la recuperación de esta riqueza de la Iglesia, y será el número 25 de la Constitución Dei Ver­bum del Vaticano II la que abrirá de nuevo la puerta a la Lectio Divina dentro de la Iglesia.

Podríamos decir que los años ochenta será el gran boom de la Lectura Orante en la vida de los cristianos amantes de la Sagradas Escri­turas.

La Lectio Divina no es una oración mental sobre la Biblia o con la Biblia, pues en ella no somos nosotros los que ponemos de nuestra parte, sino que es Dios quien nos ofrece la posibilidad de recibir su luz. No es una simple me­ditación, ni una catequesis; ella tiene una dimen­sión personal y se realiza muchas veces en comunidad. Sobre esto último hay monjes que se oponen a que la misma se realice en co­munidad, pues dicen que ella tiene un carácter individual y así debe continuar, porque se convierte en una celebración de la Palabra, pero el hecho es que la Lectura Orante ha llegado al Pueblo de Dios y ya ha hecho de ella un elemento importante en el proyecto de la vivencia de su fe y sus frutos son señales de una moción del Espíritu alrededor de la Palabra de Dios.

El número 249 del documento de Aparecida, citado en la primera parte de este tema, nos pide retomar la Lectio Divina en los cuatro puntos que expuso el monje Guigo: 1) La lectura: que es leer el texto, rele­erlo, volver a los versículos que más nos llamen la atención. 2) Meditación: Es ver qué me dice esa Pa­labra de Dios a mi vida. 3) Oración: lo que le digo a Dios en forma de Alabanza, acción de gracias o petición ante esta Palabra suya. 4) Contemplación: que es el momento culminante y grande de la Lectio, pues es escuchar a Dios, qué Dios me dice ante esta Pala­bra.

En algunos grupos ha surgido lo que llaman el Actio o Acción como último paso de la Lectura Oran­te, algunos monjes sostienen que no es necesario y al parecer nuestros Obispos también, pero como la Lec­tio Divina ya es algo de todo el pueblo de Dios, en su mayoría Laicos, pues ellos quieren vivenciar en sus vidas esa Palabra que han recibido, ya que no viven en un monasterio, sino en el mundo, lugar de su quehacer como hijos de Dios y cristianos.

El Vaticano II, el documento de Aparecida y este Septiembre mes de la Biblia son una invitación para que todos retomemos este caminar de la Iglesia por la Palabra de Dios que es la Lectio Divina o Lectura Orante de la Biblia.

Un aplauso al Centro de Operaciones de Emergencias

Septiembre 18, 2008

Entre nuestras virtudes como pueblo no está el prepararnos con tiempo para enfrentar adversida­des, o incluso, triunfos. Esto lo vemos en nuestras conductas in­dividuales y en el quehacer co­lectivo, entiéndase gobierno e instituciones intermedias.

Dejamos todo para el último momento, cuando ya no se puede esperar más, y esto generalmente implica que lo hecho queda mal, o que con un poco de esfuerzo más hubiese terminado mejor.

Lo interesante es que cuando nos preparamos de verdad, en términos organizativos, damos la talla, la cosa funciona. Es cues­tión de disposición, de tener amor a lo que se hace.

Veamos un buen ejemplo de que cuando queremos podemos. En estos días sufrimos las consecuencias de los huracanes Hanna e Ike, que causaron serios daños en varias de nuestras provincias, especialmente en Peravia, San José de Ocoa y Barahona. Allí hay zonas incomunicadas, cuyos habitantes necesitan de todo.

Pero ante esta tragedia, resal­tamos el valioso trabajo del Cen­tro de Operaciones de Emergen­cias, que durante días mantuvo informada a la ciudadanía sobre estos fenómenos atmosféricos, indicando sus trayectorias y la forma en que debíamos comportarnos, incluyendo evacuaciones en las zonas de peligros con las respectivas ubicaciones de refugios.

También hay que destacar la labor de la Secretaría de Obras Públicas y de la Secretaría de Estado de Educación, que en sus respectivas áreas cumplieron su deber.

Gracias al trabajo preventivo del Centro de Operaciones de Emergencias, las víctimas fatales de Hanna e Ike fueron mínimas. Felicidades a sus directivos, y que su conducta sea un estímulo para todos nosotros.

HOY ES DOMINGO: ¿Es posible perdonar lo imperdonable?

Septiembre 18, 2008

Para el filósofo Jacques Derrida no sólo es posible perdonar lo im­posible, sino que ése es el único per­dón auténtico. Dice él: “Si yo digo, como creo, que el perdón es una locura y que debe seguir siendo una locura de lo imposible, no es ciertamente para excluirlo o para descalificarlo. Es incluso, quizá, la única cosa que sucede, que sorpren­de, como una revolución, el curso ordinario de la historia, la política y el derecho”. 

La palabra perdón, etimológicamente, viene del verbo latino donare (dar) con el prefijo per, para expresar el grado excesivo de la acción de dar. El perdón significa dar en exceso. “¿Qué es el perdón de las deudas, sino una locura de donación? ¿Qué es el perdón, sino un don, como el mismo nombre lo dice, un don que se duplica: per-donar, donar más allá (de lo debido)?” 

Perdonar es dar más de lo que el otro espera. Cuando perdono dejo al otro con la boca abierta. Todo el mundo espera que le devuelvan con la misma moneda, por eso cuando lo perdonamos estamos excediendo sus expectativas. Perdonar es un gran remedio para la armonía interior. El que perdona se siente en paz consigo mismo. Por el contrario, el que no perdona no puede estar tranquilo. Y peor si al que no perdono le va bien. Ahí me remuerdo por dentro y me dan ganas de estrellarme contra la pared. 

Pero además, se nos recuerda en un artículo, al perdonar, decimos a alguien: “No, tú no eres así. ¡Sé quien eres! En realidad eres mucho mejor.” Queremos todo el bien posible para el otro, su pleno desarrollo, su dicha profunda, y nos esforzamos por quererlo desde el fondo del corazón, con gran sinceridad. 

Otro autor nos hace pensar en lo siguiente: No podemos negar que la exigencia del perdón llega en ciertos casos al límite de nuestras fuerzas. ¿Se puede perdonar cuando el opresor no se arrepiente en absoluto, sino que incluso insulta a su víctima y cree haber obrado correctamente? ¿Puede una madre perdonar jamás al asesino de su hijo? ¿Podemos perdo­nar, por lo menos, a una persona que nos ha dejado completamente en ridículo ante los demás, que nos ha quitado la libertad o la dignidad, que nos ha engañado, difamado o des­truido algo que para nosotros era muy importante? Quizá nunca será posible perdonar de todo corazón, al menos si contamos sólo con nuestra propia capacidad. Pero un cristiano cuenta, además, con la ayuda todo­poderosa de Dios. “Con mi Dios, salto los muros,” canta el salmista. Podemos referir estas palabras a los muros que están en nuestro corazón.

Con la ayuda de buenos amigos y, sobre todo, con la gracia de Dios, es posible realizar esta tarea sumamente difícil y liberarnos a nosotros mismos. Perdonar es un acto de fortaleza espiritual, un gran alivio. Sig­nifica optar por la vida y actuar con creatividad.  

Termino con unas palabras de José Luis Martín Descalzo: “La vida nos va enseñando a perdonar, que es el arte más difícil que existe. Empe­zamos perdonando melodramáticamente, saboreando el gozo de perdo­nar, sin caer en la cuenta de que –como decía san Agustín- ‘se puede ser muy cruel al perdonar’ cuando se perdona ‘desde arriba’, desde la ‘dignidad’ del ofendido. Más tarde descubrimos que el verdadero per­dón es el que no se nota, el que in­cluso nos sale del alma sin esfuerzo, naturalmente. 

DE FRENTE A LA VIDA: Es cuestión de actitud

Septiembre 18, 2008

El sábado 30 de agosto tuve la oportunidad de escuchar los testimonios de profesionales de diferentes áreas que fueron invitados por los coordinadores del Campamento de Veteranos de la PUCMM. Había un ingeniero civil, también propietario de una empresa constructora; un médico, un economista y dos religiosas. Todos expresaron las motivaciones que los habían inclinado a la profesión escogida, manifestando los logros y obstáculos vividos para llegar a ser profesionales exitosos. Los casados contaron también sus aportes como servidores en los diferentes roles que han desempeñado, siendo: esposos, padres, hijos, miembros de la comunidad o de algún grupo apostólico.

Interesante actividad, porque estos profesionales les hablaban precisamente a estudiantes de término y a profesionales mucho más jóvenes, recién graduados que, en sus inicios, creen que pueden cambiar el mundo o que este se los tragará, ya que no disponen de la experiencia suficiente para resistir o vencer obstáculos. Más interesante resultó escuchar que estos profesionales no enarbolan el éxito económico obtenido como sus mayores logros, sino que entienden que el mismo ha sido producto de su aptitud y actitud, sin olvidar la bendición del Padre, identificando el servicio realizado como lo más significativo, porque a través de este han aportado la cuota correspondiente en el avance general de su pueblo.

Que bueno es descubrir profesionales concientes de que han necesitado de ese binomio complementario mutuamente: aptitud y actitud. La aptitud; o sea, la preparación, capacitación y academia para saber enfrentar situaciones con las herramientas adecuadas, y la actitud favorable para ser eficaces y tener claridad de pensamiento; o sea, la disposición, la voluntad, el estilo para favorecer las mejores salidas.

Se puede ser muy preparado, capacitado, pero trancar el juego, impedir soluciones, centralizar alternativas porque falte la correcta actitud. Pero también se puede tener una actitud adecuada y, al faltar la preparación, no se visualiza alternativa o no ese entiende la acción a realizar. Sin embargo, con la actitud adecuada, se consigue un excelente equipo multidisciplinario que saque el trabajo y quien funge de cabeza o director, obtiene los créditos necesarios. Sencillamente, con la actitud se sabe dirigir y lograr los resultados esperados, lo que no necesariamente se consigue solo con la aptitud.

Andando

Septiembre 18, 2008

Las consecuencias de las guerras son funestas y trágicas. Por ejem­plo, en Irak, 62 miembros del ejér­cito norteame­ricano se han quitado la vida en los primeros ocho meses del año. Se cree que al finalizar el 2008 la cifra superará los 115 militares que se suicidaron en el 2007.

El Seminario San Pío X, de Licey, cumplió 46 años de fundado. Cuántos frutos cosechados.

Siguen las denuncias del senador de Baní, señor Wilton Guerrero con relación al narcotráfico. La socie­dad dominicana está asombrada al escuchar tantos datos y nombres. Hay que continuar investigando de manera convincente para que florezca la verdad.

La celebración de los 40 años de fundación del Centro Vocacional, MSC, efectuada el domingo 7 de septiembre, en Licey, Santiago, fue un acontecimiento lleno de vida, canciones, anécdotas, recuerdos y de acción de gracias a Dios por esta obra. Llegaron exalumnos de diferentes lugares del país y de New York. El Comité Organizador acordó tener otra gran celebración el domingo 7 de diciembre, esperando tener mejores condiciones atmosféricas.

Andando

Agosto 23, 2008

Entendemos que el país no puede continuar desprotegido de este flagelo de la droga, hace falta proteger el territorio. Es tiempo ya de que se compren, no sólo aviones, sino todo lo que sea necesario para en­frentar con más éxito el narcotráfico”. Mons. Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez, al regresar de Quito, Ecuador, donde representó al Papa Benedicto XVI en la Misión Conti­nental.

La crisis energética nos tiene al coger el monte. ¿Cuándo habrá una solución a este problema? Es una piedrecita que por décadas llevamos los dominicanos y dominicanas en nuestros zapatos.

Para este nuevo período presidencial 2008-2012 esperamos que los funcio­narios sean eficientes, HUMILDES y con mucha vocación de servicio.

El Arzobispado de Santiago está convocando al XVI Encuentro-Concierto Pan y Vino que se llevará a cabo en el Salón Multiusos de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, el viernes 26 de septiembre, a partir de las ocho de la noche. El orador invitado será el Cardenal López Rodríguez, quien hablará sobre Familia y Vida. La contribución será de RD$250.00 por persona. Los fondos recaudados serán destinados para las obras pastorales y sociales del Arzobispado.

HOY ES DOMINGO: ¿Quién es Jesús?

Agosto 23, 2008

Esa es la pregunta fundamental que todos los cristianos debemos respondernos. Pero si la pregunta es importante, la respuesta no deja de serlo aún más. De la respuesta que demos seguiremos identificando a Jesús con un pasado remoto, reduciéndolo a lo ya conocido o aprendido de memoria. Una postura como esta impide descubrir lo que puede haber de novedoso en su persona. Pero si nos aventuramos a nuevas respuestas, sin olvidar la Tra­dición heredada, podremos descubrir lo novedoso de su persona en cada época. 

Ciertamente Jesús es infinitamente más que lo pasado. La respuesta de Pedro “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”, sobrepasa el pensamiento del montón de la gente que confunde a Jesús con los personajes del pasado.

La respuesta de Pedro sobre­pasa el pensamiento humano tan reducido, a veces, para las grandes cuestiones. Incluso toda­vía hoy muchos hombres de letras y de ciencia se le hace imposible una comprensión tal sobre la persona de Jesús. Esa inmensa confesión de fe de Pedro va a ser la roca sobre la que el Señor edifique su Iglesia. De ahí que la respuesta de Pedro no es una simple conjetura humana, sino que es la confesión de un hombre tocado por el poder de lo divino. 
Una cosa es lo que piensan los de fuera. Lo que dice la gente. Otra muy distinta es lo que piensen sus amigos cerca­nos. Lo que pensamos cada uno de sus discípulos. Los de fuera pueden pensar respuestas des­cabelladas, pero un seguidor de Jesús debe tener claridad sobre su respuesta.
Nuestra respuesta tiene que estar orientada por los criterios de la revelación divina. No es fruto de la invención humana, sino de la experiencia cercana con el Maestro. El que no tiene experiencia de él puede decir cualquier barbaridad sobre su persona, pero el que sí la tiene se ve orientado por esa cercanía tan estrecha que vuelve una sola cosa lo divino y lo humano. 

Permítanme transcribir una larga cita del libro Jesús de Na­zaret, de Joseph Ratzinger (Be­ne­dicto XVI): “Esta doble pregunta sobre la opinión de la gente y la convicción de los discípulos presupone que existe, por un lado, un conocimiento exterior de Jesús que no es ne­cesariamente equivocado aun­que resulta ciertamente insuficiente, y por otro lado, frente a él, un conocimiento más profundo vinculado al discipulado, al acompañar en el camino, y que sólo puede crecer en él. 

Todas estas opiniones (las ex­teriores) tienen algo en co­mún: sitúan a Jesús en la categoría de los profetas, categoría que estaba disponible como clave interpretativa de la tradición de Israel… Todas estas opiniones no es que sean erró­neas; en mayor o menor medida constituyen aproximaciones al misterio de Jesús a partir de las cuales se puede ciertamente en­contrar el camino hacia el núcleo esencial. Sin embargo, no llegan a la verdadera naturaleza de Jesús ni a su novedad. Se aproximan a él desde el pa­sado, o desde lo que generalmente ocurre y es posible; no desde sí mismo, no desde su ser único, que impide el que se le pue­da incluir en cualquier otra categoría.

En este sentido, también hoy existe evidentemente la opinión de la “gente” que ha conocido a Cristo de algún modo, que quizás hasta lo ha estudiado científicamente, pero que no lo ha encontrado personalmente en su especificidad ni en su total alteridad”. 

Jesús, para nosotros, no es uno entre tantos. El es único, el Mesías, el Hijo de Dios. 

DE FRENTE A LA VIDA: Se puede amar y no estar de acuerdo

Agosto 23, 2008

En una película, cuyo título no recuerdo, un adolescente mató a su novia en un arranque de ira que no controló y el papá le fabricó una historia a fin de evitar que cumpliera la condena que le correspondería de conocerse la verdad. Por su parte, la madre le aconsejaba que se res­ponsabilizara de su crimen y el muchacho pensaba igual, pero, después de todo lo hecho por el papá para evitarle la cárcel, pensaba que sería traicionarlo y que lo amaba mucho para hacer algo en desacuerdo con él y es entonces cuando la mamá pronuncia tan interesante sentencia “se puede amar y no estar de acuerdo”.

Esta afirmación no se realiza ni se vive en muchas parejas, ocurriendo que algunos problemas se dan porque se persigue que el otro pien­se, sienta y decida como yo; o cuando sobreviene la tristeza y el cargo de conciencia no deja paz porque no se está de acuerdo con el/la compañero/a.

Quien viva de verdad la afirmación con que titulamos este trabajo, es una persona que ha ma­durado en el amor, porque justamente el res­peto al parecer de quien se ama, a su opinión y decisión, es una clara demostración del amor que se le tiene; de que se le reconoce como ser pensante, con su propio espacio y dimensiones humanas innegociables. Amar aun no estando de acuerdo, es quizás cuando más lo necesita el otro. Ejemplo de esto es el caso de los hijos o las parejas con dificultades de conducta (drogas, delincuencia, violencia), a los que se ama sin estar de acuerdo con lo que hacen, pero tratando de que aprovechen mejor su tiempo y talentos. O el caso del amigo que nos falla o no nos apoya porque no está de acuerdo, pero al que no deja de amarse.

Intentar llegar a consenso es diametralmente opuesto a pretender que el “otro esté de acuerdo conmigo”, pretensión que en ocasiones es el origen de pleitos y hasta rupturas de relaciones. Ejemplos son las parejas que han permanecido unidas y que se han fortalecido incluso, pero cada quien mantiene su criterio frente situacio­nes no necesariamente triviales, pero en las que la interdependencia y el respeto impiden la disminución de uno de los dos. Quizás resulte más fácil sentirse mejor con quien no nos contradice, pero el amor tiene que favorecer la posibilidad de desarrollo pleno de cada quien y eso es posible cuando se crece individualmente en el respeto a sí mismo y al otro.

A mis amigos sacerdotes y a mis hermanos laicos

Agosto 22, 2008

Continuando con el artículo del P. Jorge Santiago, SDV, del Semanario Católico de Puerto Rico, El Visitante, hay una parte en la que él les habla a los laicos y su relación con los Sacerdotes y el posterior cuidado que deben tener por ellos.

Él le dice a los sacerdotes que deben aprender a delegar en sus laicos, hay muchos de ellos bien preparados y que no se le debe de temer para pedirle cualquier tipo de ayuda. Yo le agregaría que eso no le resta autoridad ni méritos a un sacerdote que se auxilie de ellos o que los ponga al frente de cualquier actividad parroquial, como dice Mons. Nicanor Peña, que el líder no es el que trabaja por 30, sino el que sabe poner 30 a trabajar.

Ve con beneplácito las amistades de los laicos con los Sacerdotes, invitándonos a olvidar aquella máxima que se decía antes del Concilio: El Sacerdote en su celda es un ángel, en la calle es un santo y en casa ajena es un diablo; sobre todo amistades con matrimonios, pues según él, aun­que seamos célibes, no casados, ellos nos comprenden y tienen mucho de común con nosotros. Hay muchos matrimonios muy maduros que saben aceptar al Sacerdote tal cual es, el calor de un hogar siempre hace bien, muy en especial los de la familia; hay que olvidar el miedo de lo que nos enseñaron en el seminario, sobre las llamadas amistades particulares, pues entre laicos y sacerdotes puede darse, y se da, amistades sanas y constructivas.

Un segmento del laicado con el cual hoy día se puede establecer buena y sana relación, son los jóvenes, ya que ellos en este nuevo milenio, se caracterizan por establecer relaciones con gente de cualquier edad; salir con ellos pue­de hacer que contagien al mismo Sacerdote de su energía y de su magia transformadora de esperanza hacia el futuro.

Hay una invitación muy seria que se les hace a todos lo laicos y es que cuiden a sus Sacerdotes, que no se escandali­cen si lo ven caminando, haciendo ejercicios, en pantalones cortos o jugando con los muchachos del barrio, que no se piense que él está perdiendo el tiempo o de vago, pues mu­chas veces ese estar entre la gente del barrio, en especial los jóvenes, ayuda más que mil sermones.
Y otra invitación más seria, es que cuando invites a comer al Sacerdote no los llene de tantas cosas, ¡pues no se está muriendo de hambre, el pobrecito! Si en verdad lo quie­res y les llevas esos dulces, platos o jugos, dárselos un poco light, como dicen ahora.

Y por último, subraya algo muy importante, en vez de criticarlo ante otras personas, sobre lo que no te gusta en él o de su trabajo, habla con él y ayúdale, con caridad, por que él es tu hermano y es humano.

Como hemos visto, algunas de estas cosas podrían verse jocosamente, pero son reales y se viven en cualquier parroquia nuestra, en esa relación entre Sacerdotes y Laicos. Am­bos estamentos están llamados a hacer visible la realidad de la Iglesia y ambos deben ayudarse el uno al otro y trabajar en colaboración, de una manera colegiada, cada uno con el ministerio que en la comunidad le corresponde ejercer, sin rivalidades en fraternidad, ayudándose unos y otros para el crecimiento del Reino. Pero recuerden los licos la reco­mendación del articulista: Cuiden mucho a sus sacerdotes, y no sólo lo digo porque el que escribe sea sacerdote!!

Pablo, primer evangelizador de la cultura urbana

Agosto 4, 2008

Jesús de Nazaret, mientras estuvo entre nosotros, llevó toda una labor de predicación, principalmente en la región de Galilea, la cual tenía mu­chos pueblos y unos contados núcleos urbanos; pero su labor sólo se circunscribió a los pueblos y aldeas, es decir, a las zonas rurales de aque­lla región, la forma en que anunció su mensaje a través de parábolas y de manera sencilla para la época, atestiguan que su público eran personas de cultura eminentemente rural.

En sí, Jesús era un predicador ca­rismático e itinerante, que iba de pue­blo en pueblo o de aldea en aldea, llevando su mensaje y realizando una serie de signos extraordinarios para la época.

Los discípulos, sucesores en la misión de la predicación del reino, también comienzan su labor a semejanza de su Maestro. Son predicado­res rurales, aunque tienen mayor incidencia en Jerusalén, según el libro de los Hechos de los Apóstoles, pero quien en verdad da el salto del campo a la ciudad en la predicación de la fe, es precisamente el Apóstol Pablo. En su quehacer apostólico, rompe todos los esquemas hasta ese momento, pues de los judíos pasa a los paganos y de la ruralidad del mensaje de la fe pasa a comunicarlo en un contexto completamente urbano. Es decir, Pablo es, a ciencia cierta, el primer evangelizador de la cultura urbana en la Iglesia.

Pablo, según el Libro de los He­chos, en donde se relatan sus viajes misioneros, no se dirige a las aldeas y pueblos del Asia Menor. Se dirige a los grandes centros urbanos de esas localidades.
Además de que él era un hombre de ciudad, acostumbrado a los ambientes urbanos de la época. Pablo va a evangelizar las ciudades de la región o provincia de Galacia, las ciudades de Efeso, Tesalónica, Filipos, Colosa, Atenas, Corintos y otras más. Estos eran grandes centros urbanos y ciuda­des puertos donde se daba una mezcla cultural abundante.

Su labor evangelizadora y misio­nera culminaba en la formación de comunidades, las cuales diferían totalmente de las comunidades de Palestina, pues eran rurales.

Las comunidades paulinas serán complejas y plurales, pues en las ciudades convergen diversos estamentos sociales, altos o bajos, diferentes cla­ses sociales. Es decir, Pablo es el fundador del cristianismo urbano.

La mezcla y complejidad de estas comunidades urbanas es la que va a llevar a que en ellas se citen una serie de conflictos que encontramos en los escritos de Pablo contenidos en sus cartas. De estos escritos que nos llegan a través de la Biblia hay que se­ñalar que de las trece cartas atribuídas a Pablo, sólo siete son originales del Apóstol: 1 a Tesalonicenses, 1 y 2 a Corintios, Gálatas, Romanos, Fili­penses y Filemón. Estas cartas fueron escritas antes del año 65 d.C en que muere el Apóstol en Roma. Las de­más llamadas Deutero-paulinas, que son: 2ª Tesalonicenses, Colosenses, Efesios, 1 y 2 a Timoteo y la Carta a Tito. Estas fueron escritas después de la muerte de Pablo, pero las escribió un discípulo suyo, con su autoridad, con su teología, pues era muy común y de honor en la antigüedad escribir en nombre del maestro o de un perso­naje famoso de la época. A este recurso literario se le llama Seudonimia o Seudoepigrafía, y no es algo exclusivo de la Biblia, sino que hay otros escritos en esta misma forma, pero el objetivo del escritor, que era un discípulo de Pablo, era precisamente responder en nombre del apóstol ya muerto, a las inquietudes de la comunidad, de si seguir o de cómo seguir las enseñanzas de Pablo ahora que ya estaba muerto.

Las cartas de Pablo son el testimonio de su fe, de sus enseñanzas, de las características de estas comunida­des urbanas, de sus conflictos, de su pluralidad y de la forma en cómo es­ta­ban organizadas.

Pablo, al formar una comunidad, seguía en contacto con ellas, duraba largo tiempo formándolas, años, meses y cuando se iba a una nueva misión no perdía el contacto con ellas, les daba seguimiento a lo que pasaba en ellas. Testimonio de eso son las cartas paulinas contenidas en la Biblia.

En Pablo el Apóstol podemos resumir muchas cosas: su conversión, su espíritu apostólico, su ser misionero, etc, pero lo que más resalta es su trabajo de evangelizador de la cultura urbana de su época y como testimonio nos ha dejado sus escritos, por eso hoy en día en que queremos y debemos evangelizar nuestra cultura dominicana, que se ha vuelto enteramente urbana, Pablo es modelo y camino a seguir.

« Página AnteriorSiguiente Página »