La Vocación al Servicio de la Iglesia-Misión

Noviembre 17, 2008

La Vocación es un don de Dios a la humani­dad y que ha de estar al servicio de la Iglesia, por­que estamos llamados para el servicio del reino a través de los demás. La Vocación no se ha de recibir de manera egoísta. “La Vida es Vida cuando se da”, es por lo que la Vocación es Vocación cuando se da a los demás.  

Dios llama a todos los hombres y a cada hombre a la fe, y por la fe, a ingresar en el pueblo de Dios mediante el Bautismo, la Confirmación y la Euca­ristía, a que seamos pueblo suyo. Es una llamada a la comunión y participación en la Misión  y vida de la Iglesia y, por lo tanto, en la evangelización del mundo. 

La Vocación Cristiana es para hombres y mu­je­res que tienen gran sed de justicia, verdad, libertad, fraternidad. Esta Vocación Cristiana se desa­rrolla en estilos de vida concretos: laical, presbiteral, consagrada, matrimonial; y todas nos exigen un servicio de Iglesia llevándonos a realizar así, una Misión, en medio de nuestros hermanos. 

La Vocación es estar por completo al servicio de la Iglesia, que es Madre y Maestra a la vez, de toda Vocación. Para que la Iglesia pueda continuar desa­rrollando la Misión que Cristo le confió y no falten los evangelizadores que el mundo tanto necesita, es preciso que no dejen de haber en las comunidades, cristianos con una constante educación en la fe de los niños, jóvenes y adultos para y así mantener vivo en los fieles un sentido activo de su responsabilidad misionera.  

Es el momento de enfrentar la vida por Él, que es vida; no es tiempo de achicarse, encogerse, llenarse de miedo, dando un no para evitar conflictos. Es el momento de responder con la vida al regalo de la Vocación. 

Si en medio de tu vida tú te encuentras con estas realidades, del miedo ante la llamada, ante ese Dios, que te invita y te ama, tienes que dar los siguientes pasos:
• Pide a Dios que te ayude a conocer su vo­luntad sobre ti.
• Descubre los Dones y Carismas que Dios ha puesto en ti.
• Únete a alguna actividad de tu parroquia.
• Pide orientación a Sacerdotes, Religiosos (as), miembros de institutos Seculares o Laicos de tu confianza.

Al concluir esta semana Vocacional, llena de buenos frutos, agradecemos al Señor dueño de la mies, que siga invitando a obreros a trabajar en su viña. Porque la mies es abundante y los obreros son pocos.  

Joven, tú que sientes que el Señor te está flechando el corazón ya no lo pienses más, ven a trabajar en la viña del Señor y no te arrepentirás de la paz y el gozo que encontrarás en el Señor Jesús al entregarte por los demás. 

Agradecemos a todos los Sacerdotes, Religiosas y Laicos que han acogido, han apoyado todo el desarrollo de esta semana Vocacional.  

Que Jesús Buen Pastor, les colme Siempre de Bendiciones.  
Comisión Arquidiocesana de Pastoral Vocacional.

Arquidiócesis de Santiago Celebra Dia del Catequista

Noviembre 17, 2008

“¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!”, ha sido el lema del día del Catequista de este aflo, evento celebrado en el Centro Católico Carismático de las Charcas. Fue un acontecimiento preparado por un gran número de catequistas generosos y orientado por la Comisión Arquidiocesana de Catequesis.

Aunque este afio esta celebración coincidió con la solemnidad de los Difuntos, la presencia de los catequistas ha sido numerosa y esto nos demuestra que estos catequistas han comprendido que esta celebración de fe es una manera privilegiada de unirnos y sufragar a nuestros seres queridos que nos han precedido en la casa del Padre.

Como lo subrayó el R. P. Carlos M. Santana, quien orientó la reflexión del evento, también Jesús, en ciertos momentos de su vida se apartaba para orar en compañía de sus colaboradores más cercanos: los apóstoles. Nosotros, dijo el Padre, ,,aquí y ahora, estamos llamados a ser los nuevos apóstoles del Seilor, y, por tanto, Él nos ha apartado para estar durante este día ante su presencia. Eloy somos propiedad exclusiva de Dios. Apartados del mundo para estar con Él. Como diría San Juan: “No fueron ustedes los que me eligieron a mí, sino que fui yo quien los elegí a ustedes”.

En este día cada catequista ha renovado su conciencia de ser un enviado para anunciar al mundo las insondables riquezas de su amor. El mensaje clave del día, sintetizado en el lema, fue el resorte para alimentar la mística de la vocación y la misión de todos los catequistas. Y esta idea fue visibilizada en la procesión de las ofrendas, en la que 14 catequistas, a pasos rítmicos, representando las zonas pastorales, avanzaron levantando el símbolo de una paloma que llevaba un mensaje de anuncio y la depositaron firente al altar.

Somos testigos 1 que la gran asamblea vibraba intensamente en los diferentes momentos que se vivín a: la formación, la oración, el encuentro con los hermanos y amigos, los espacios de la diversión, del canto, de los bailes, cuando se otorgaron los reconocimientos y en la entrega de los diplomas a los que concluyeron el “Curso Sistemático en Ciencias Religiosas”. Fue un día intenso de renovación y recreación.

La jornada se concluyó con estas palabras que son un augurio para todos:
“Baz, Señor, que al volver a nuestros hogares y comunidades, los hermanos perciban que somos portadores de una bendición del Señor también para ellos “.

Realizan Primer Congreso de Docentes de Universidades Católicas

Noviembre 17, 2008

Decenas de educado­res asistieron al Primer Congreso de Docentes de Universidades Católicas celebrado en el Auditorio de Ciencias de la Salud de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM) de Santiago.

Profesores proceden­tes de la PUCMM, la Universidad Católica Nordestana (UCNE), Uni­versidad Católica Tecno­lógica del Cibao (UCA­TECI), Universidad Cató­lica Tecnológica de Bara­hona (UCATEBA), Uni­versidad Católica del Este (UCADE), así como representantes de la Uni­ver­sidad Tecnológica de San­tiago (UTESA) y la Uni­versidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) participaron en la jornada que tuvo por objetivo analizar la realidad del catedrático con vocación católica.

El Primer Congreso de Docentes de Universida­des Católicas organizado por la Pastoral Univer­sitaria de la Conferencia del Episcopado Domini­cano, y el departamento de Educación de la PUCMM, se desarrolló del 23 al 25 del presente mes.

Entre los temas que se abordaron en el conclave estuvieron: el perfil del do­cente, el modelo peda­gógico de una universidad católica, el medio ambiente y el compromiso del docente, el humanismo cristiano y su aplicación en el aula, y la pastoral universitaria.

En el acto de apertura, el rector de la PUCMM, Mons. Agripino Núñez Collado pronunció las palabras de bienvenida, mientras que el rector de UCNE y Presidente de la Comisión Episcopal de la Pastoral Universitaria, Monseñor Jesús María de Jesús Moya tuvo a su cargo el discurso central del evento, en el que manifestó que la finalidad de una universidad católica debe ser la ardiente búsqueda de la verdad trasmitida a los jóvenes y a todos los que razonan con rigor para actuar con rectitud y servir mejor a la sociedad.

En ese mismo orden, el Secretario Ejecutivo de la Comisión Nacional de Pastoral Universitaria Rvdo. P. Francisco Ant. Jiménez, también Secre­tario General de la CED, indicó que la Pastoral Universitaria no está sólo para confesar a los estudiantes y para celebrar la Eucaristía, sino para dar un acompañamiento continuo, ya que toda universidad católica debe estar impulsada por los princi­pios del evangelio.

El programa de trabajo de este congreso in­cluyó conferencias, expo­siciones, presentaciones artísticas y culturales, entre otras actividades con el objetivo de evaluar la realidad de los educadores católicos y socializar estrategias para que éstos logren un mejor desempeño en las aulas. Monseñor Nicanor Peña, Obispo de la Dió­cesis La Altagracia y Rector de UCADE, ex­presó, durante la clausura de este primer congreso de Docentes de las Uni­versidades católicas, “de­bemos trabajar con entusiasmos en todos los campos del saber, teniendo consciencia de que estamos precedidos por Aquél que es ‘el Camino la Ver­dad y la Vida’, cuyo Espíritu de inteligencia y de amor, nos da la capacidad de encontrar, con la inteligencia, la realidad última que es principio; y fin y el único capaz de dar plenitud a la verdadera sabiduría, sin la cual el futo de nuestro trabajo estaría en peligro”.

Dios amor nos invita a vivir la caridad

Octubre 10, 2008

“Dios Amor es Padre de TODOS los hombres y mujeres de TODOS LOS PUEBLOS Y RAZAS “Jesucristo es el REINO DE DIOS que procura desplegar toda su fuerza transformadora en nuestra Iglesia y en nuestras Sociedades. En ÉL, Dios nos ha elegido para que seamos sus hijos con el mismo origen, destino, con la misma dignidad, con los mismos derechos y deberes vividos en el MANDAMIENTO SUPREMO DEL AMOR”(Ap.N.382)

-La misión del anuncio de la Buena Nueva de Jesucristo tiene una DESTINACION UNIVERSAL. Su mandato de CARIDAD abraza todas las dimensiones de la existencia, TODAS LAS PERSO­NAS, todos los ambientes de la convivencia y TODOS LOS PUE­BLOS. Nada de lo humano resulta extraño”Ap.380)
“Esa misión evangelizadora abraza con el AMOR DE DIOS a TODOS y especialmente a los pobres y los que sufren. Por eso no puede separarse de la SOLIDARIDAD con los necesitados y de su PROMOCION HUMANA INTEGRAL” (Ap. N.550).

“El servicio de CARIDAD de la Iglesia entre los pobres es un ámbito que caracteriza de manera decisiva la vida cristiana, el estilo eclesial y la PROGRAMACION PASTORAL”(Ap.N.394
E insisten los Obispos: “El servicio de la CARIDAD, IGUAL que el anuncio de la Palabra y la celebración de los Sacramentos ES EXPRESION IRRENUNCIABLE de la PROPIA ESENCIA”
Los Obispos en “Aparecida” están en la misma línea que los Apóstoles según el Libro de los Hechos (Hech., 6): “Nosotros nos dedicaremos a la oración y al mi­nisterio de la Palabra … elijan entre ustedes a siete hombres de buena fama, dotados de Espínitu y de prudencia y los encargaremos de esa tarea (servir a huérfanos y viudas).

“Para que nuestra casa común sea un continente de la esperanza del AMOR, de la vida y de la paz hay que ir como buenos samaritanos al encuentro de las necesidades de los POBRES y los que sufren y crear LAS ESTRUCTURAS JUSTAS que son una condición SIN LA CUAL no es posible un orden justo en la Sociedad… “(Ap. N.537).

“Estas ESTRUCTURAS, –si­gue el Papa-, no nacen ni funcionan sin un consenso moral de la sociedad sobre los VALORES FUNDAMENTALES y sobre la necesidad de vivir esos valores con las necesarias renuncias, incluso CONTRA EL INTERÉS PERSONAL” (Ap. N.537).

Abramos las puertas de nuestro corazón y de nuestros hogares a la Virgen María que nos trae a Jesús Salvador.

Octubre 10, 2008

Queridos hermanos y hermanas: Después de una larga preparación y de una ansiada pero amorosa espera, llega el momento de hacer el acto solemne de consagración de las Dió­cesis y de la Nación al Corazón In­maculado de María. Así Ella lo pide para traernos a Jesús, su Hijo y Re­dentor nuestro. La presencia de María en un corazón, en una familia y en un pueblo es presagio del Reinado del Corazón de Jesús en nosotros.

Pero antes de proseguir quiero saludar con fraternal afecto a todos los sacerdotes, hijos predilectos de Santa María, a quienes Ella nos tiene como hermanos menores de su Hijo Jesús. Así mismo saludo a los diáconos permanentes, a las religiosas, a los animadores de asamblea, laicos y laicas comprometidos con el trabajo apostólico y eclesial. Saludo también con mi mayor deferencia a todas las autoridades de esta Ciudad y Provin­cia que nos acompañan y un abrazo cálido a todos ustedes fieles y participantes de esta celebración eucarística.

Mons. Ramón Benito De la Rosa y Carpio y el Obispo Auxiliar Mons. Va­lentín Reynoso, MSC, pidieron excusas por compromisos fuera del país. De todos modos, los tenemos presentes espiritualmente y con ellos se consagra esta Arquidiócesis al Corazón Inmaculado de María, hoy fiesta de Nuestra Señora de las Mer­cedes, Patrona de la República Dominicana.

Las mismas lecturas bíblicas de esta liturgia con otras más nos ofrecen los principios revelados y teológicos que avalan la consagración que vamos a hacer en esta celebración. Una consagración que exige una sincera conversión de nuestra parte y una vuelta a Dios, Padre de las mise­ricordias. El Señor quiere liberarnos del peso de nuestros pecados, de los egoísmos y esclavitudes para llenar­nos de su gracia y de su amor. Por medio del profeta nos pide un humilde regreso a la casa paterna.
Por eso en la primera lectura, Jeremías nos da un grito profético: “El Señor de los ejércitos romperá el yugo de tu cuello y hará saltar las correa­s que tienen encadenado tu cora­zón” (30, 8-9). Y en el salmo 125: “He visto la cautividad de mis hijos y les he roto las cadenas”.

Dios, clemente y misericordioso, quiere hacer todo eso con nosotros y con esta Nación, pero como nos creó con el don de la libertad, requiere que nosotros querramos ser liberados. Como se nos dice en el Apocalipsis, Dios está a las puertas de nuestro corazón y nos llama. Pero no va a derribar­ nuestras puertas para Él entrar. Tenemos nosotros que libremente abrirle e invitarle. Al que salga vencedor del pecado, de los vicios y del egoísmo, dice el Señor, le vestiré de blanco y escribiré su nombre en el libro de los vivos y lo haré sentar al lado de mi trono” (cfr. Ap. 3, 5-9).

Mientras estemos en este tiempo de peregrinación que a la vez es de prueba, tenemos que convencernos de que vivimos en un combate espiritual. Nos dice San Pablo en la segunda lectura que la lucha está entre los bajos instintos que proceden del mundo y de la carne azuzados por el maligno; y las inspiraciones y frutos del buen espíritu que nos liberan y nos dan vida (cfr. Ga. 5, 13-25).
Cuando en una persona, familia o pueblo predominan esas acciones del mal espíritu es lógico que se deterio­ren y degraden las mismas familias, y las sociedades se vean infectadas por el vaho pestilente de la inmoralidad y de la corrupción.

A todo esto se añade la impacción de organismos internacionales que pretenden influir en los legisladores de los diversos países para establecer leyes de suyo criminales que atentan contra la vida y la familia, como el aborto, el matrimonio de homosexua­les y otras manipulaciones de la vida humana. Que Dios libre de esos males al pueblo Dominicano y al mundo ya de por sí desvencijado y moralmente malherido.

Es ahora cuando más necesitamos de una fuerza sobrenatural que nos mueva a todos a la conversión del corazón y para que se reeduquen las mismas familias y pueblos y para que venga la concordia y la paz.

En este contexto de nuestra realidad dominicana es donde mejor se entiende la necesidad y conveniencia de mover la Nación a abrirse a la oferta que nos hace “el Padre de las mise­ricordias” que quiere enviarnos a su Hijo a través de esa mujer predestinada, María, quien dándonos a ese Hijo “difundió en el mundo la vida misma que renueva todas las cosas”.

Es clara en la Revelación Divina que Dios usa lo pequeño, lo débil, lo insigni­ficante para confundir y humillar­ la soberbia de Lucifer y el mismo orgullo humano (cfr. 1 Co. 1, 26-31). Por eso no es extraño, como se ve en el capítulo 3 del Génesis y en el 12 del Apocalipsis, que el mismo Dios elija a una niña para aplastar la cabeza de la “serpiente antigua” que simboliza a Satanás, el que neciamen­te pretende oponerse a Dios y a su proyecto de salvación.

A este respecto San Bernardo, teólogo brillante y cantor lírico de la Madre de Dios, relata que: un hombre, un árbol y una jovencita echaron a pique al género humano, arruinaron a toda la humanidad. Ese hombre fue Adán, ese árbol, el fruto prohibido, puesto por Dios para significar la sumisión humilde y amorosa que le debemos a Él como nuestro soberano Señor, Creador y Padre; y esa joven­cita era Eva, la incrédula y de­sobe­diente. En cambio, otro hombre, otro árbol y otra jovencita levantaron a la humanidad caída, y nos restituyeron la condición de hijos de Dios por la gracia. Ese nuevo hombre es Cristo; ese árbol, el árbol de la Cruz; y esa jovencita es María, la humilde y obediente, aurora de salvación que nos trae al sol de justicia y salvación, que es Jesucristo nuestro Señor.

El Concilio Vaticano II lo expresa al enseñar que Dios quiso que “así como la mujer contribuyó a la muerte (por el pecado) así también contri­bu­yera a la vida” y a la salvación. (L.G. n.56).
Esta pedagogía y plan de Dios hay que tenerlo presente para entender, aceptar y vivir la consagración al Inmaculado Corazón de María, como preparación al Reinado de Jesucristo entre nosotros. En las apariciones a los tres pastorcitos en Fátima y en otras revelaciones privadas más re­cientes, la Virgen María pide que las personas, familias y naciones nos consagremos a su Inmaculado Cora­zón para con nosotros y las súplicas de Ella a Dios Padre y a su Hijo, ace­lerar esa venida del Reino de Jesu­cristo, Salvador del mundo, único que puede darnos el perdón y la gracia.

“FAMILIA Y VIDA” Conferencia dictada en la Cena Pan y Vino

Octubre 10, 2008

S.E.Rvdma. Monseñor Nicolás de Jesús Cardenal López Ro­dríguez fue el orador invitado al XVI En­cuentro Concierto Pan y Vino celebrado el 26 de septiembre por la Arquidiócesis de Santiago. Duran­te los últimos dos años, esta hermosa actividad se ha desarrollado en el Multiusos de la PUCMM. Más de cinco mil personas asistie­ron a este encuentro. Durante cuatro semanas estaremos publicando esta interesante charla que nos puede servir para trabajarla en los grupos comunitarios.

Cuando hablamos de la familia no podemos dejar de volver la mirada a la incomparable escena del Génesis, en que aparece la pareja humana saliendo de las manos del Creador como su acabada y más perfecta obra de amor. A ellos se les confía toda la creación para que la disfruten y la perfeccionen.

Y dijo Dios: “Hagamos al ser huma­no a nuestra imagen, como semejanza nuestra y manden en los peces del mar y en las aves del cielo, y en las bestias y en todas los animales terrestres, y en todos los reptiles que reptan por la tierra”.

Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios con estas palabras: “Sean fecundos y multiplíquense, y llenen la tierra y sométanla” (Génesis 1, 26-27).

Repito, para conocer a la familia en su más íntima realidad debemos referir­nos siempre a este pasaje del Génesis que es el gran pórtico de toda la revelación y más en concreto de la Historia de la Salvación.

Conviene que sepamos que, desde los mismos orígenes, Dios tuvo un plan muy bien concebido y diseñado, del cual el hombre y la mujer serían los protagonistas, plan que se iría luego desentra­ñando en la medida en que la Revelación avanzaba en un largo período de siglos, pasando especialmente por la literatura sapiencial y en particular por el “Cantar de los Cantares”, el Cantar por excelencia, el Cantar más bello, y los profetas hasta llegar a Jesús de Nazaret, que había de darnos el sentido pleno de aquel ori­ginal proyecto del Creador.

De la intensa relación de una pareja enamorada, protagonista del Cantar, se vale Dios para hablarnos de su amor por Israel, de la bondad y dignidad del amor que acerca al hombre y a la mujer. Esta hermosa realidad humana ha pasado a ser punto de referencia de la predilección de Dios por su pueblo y en sentido más amplio por cada persona.

No podemos hablar del matrimonio y de la familia sin partir de esta afirmación categórica, no es una institución que sur­gió al azar o por acuerdos entre personas, grupos y movimientos culturales. Cuan­do Jesús proclamó la unidad y la indiso­lubilidad del matrimonio, a pesar de la reacción de extrañeza y hasta rechazo de su auditorio, hacía muchos siglos que el pueblo judío conocía ya la institución ma­trimonial, lo celebraba con grandes fiestas y era parte de su vida cultural y religiosa.

No ha sido menos en la historia bi­milenaria del cristianismo. A pesar de todas las crisis que hoy se analizan, de los presagios que se hacen acerca de su evolución, transformación y hasta de su desaparición, la familia mantiene su vigencia, aunque tengamos que reconocer esos graves males que la afectan.

Males que, por otra parte, son síntomas de una crisis mucho más profunda que se anida en el corazón de la cultura postmoderna.

Quienes hayan estudiado la evolución del pensamiento de los últimos si­glos saben que el iluminismo, el liberalismo y otras corrientes filosóficas posteriores, proclamaron el ideal de una conciencia más profunda de la libertad y de los derechos de la persona. Sin duda que la mentalidad moderna ha asumido el valor positivo de esas aspiraciones, pero la experiencia ha revelado a nuestros contemporáneos el drama que se produce en las personas y en las sociedades cuando la libertad lleva a un individualismo generalizado y a la desintegración de las comunidades humanas. Entendemos por individualismo la absolutización del in­terés particular (egoísmo), alrededor del cual gira la conducta de los seres humanos.

Otros autores hablan de “individua­lización”, que pretende ser un concepto sociológico, como lo es la socialización. Este último concepto se distingue de “individualismo”, que es más bien un concepto ético, que pone el énfasis en que la comunidad moral depende de las decisiones tomadas por separado por personas capaces de ver por sí mismas las exigencias morales (cfr. Singer (1995), citado por Eugenio Ortega Riquelme, Pág. 226).

La individualización se propone ca­racterizar el proceso de desvinculación de los individuos de sus tradicionales ámbitos de relaciones sociales que conformaban sus mundos de vida, éste sería un primer momento de ruptura con el pasado o con “su mundo”. Pero hay un segundo momento que es la revincula­ción a nuevas formas de vida en sociedad en sustitución de las anteriores (cfr. Eugenio Ortega Riquelme, 1999, págs. 194-196).

El Concilio Vaticano II ha reconocido los aspectos ciertamente positivos de una cultura que promueve la personali­zación, la vida participativa y la libre iniciativa de los individuos en los dominios sociales, políticos y religiosos.

Pero hay evidentes contrapartidas. El culto al individuo ha destruido las hue­llas de las costumbres y tradiciones en que se apoyaba, dejándole desamparado en medio de un pluralismo confuso, que corre el riesgo de aniquilar la libre op­ción de las personas, al favorecer un nuevo conformismo de masa y un consumo inconsiderado de bienes e ideas.

Sin mucho esfuerzo se puede perci­bir que esta tendencia fomenta el subjetivismo y el relativismo de la sociedad de consumo. No habiendo verdades y valo­res absolutos todo queda a merced del individuo y de su libertad, todo pasa a ser relativo porque tampoco hay normas objetivas de moralidad, así proclaman los defensores del subjetivismo y del re­lativismo.

Hay en todo esto un trasfondo inaceptable, exaltar la libertad hasta el ex­tremo de considerarla como un absoluto, que sería la fuente de los valores. “Se han atribuido a la conciencia individual las prerrogativas de una instancia suprema del juicio moral, que decida categórica e infaliblemente sobre el bien y el mal”, lo dice el Santo Padre Juan Pablo II en su Carta encíclica “Veritatis splendor”, N. 32.

Al presupuesto de que se debe seguir la propia conciencia, continúa el Papa, se ha añadido indebidamente la afirmación de que el juicio moral es verdadero por el hecho mismo de que proviene de la conciencia, desapareciendo así la necesaria exigencia de verdad en aras de un criterio de sinceridad, de autenticidad, de “acuerdo con uno mismo”, de tal forma que se ha llegado a una concepción radicalmente subjetivista del juicio moral.

Es decir, se ha hecho una desvinculación abusiva, desproporcionada y muy peligrosa entre la libertad y la verdad, olvidando la límpida y autorizada pala­bra de Jesús: “Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” (Juan 8, 32). Hay que recordar para beneficio de la humanidad que la libertad depende fundamentalmente de la verdad.

En este contexto cultural, filosófico y moral debe encuadrarse la crisis o las crisis de la familia actual.

Muchos de los que celebran esta crisis están vaticinando, como antes dije, la desaparición de la familia, están convencidos de que en los ambientes culturales modernos no hay espacio para la misma.

Es cierto que se ha pasado de la fa­milia tradicional o patriarcal, en que ha­bía un valor indiscutible que era la auto­ridad centrada en el hombre, a la familia llamada por los sociólogos “amical”, en que sin negar la autoridad, ésta se ejerce de manera muy distinta, pero sobre todo en ella priman relaciones fuertes de amor y respeto en la pareja, y de reconoci­miento a la dignidad y derechos de los hijos. Mi experiencia sacerdotal de 47 años me ha permitido conocer excelentes matrimonios y familias que se esfuerzan por vivir este ideal cristiano.

También es verdad que, desde que se proclamaron los primeros Estados laicos, se comenzó a atentar contra el matrimonio religioso, primero, legalizando las uniones civiles y, segundo, disolviendo matrimonios celebrados en el seno de la Iglesia. Esta práctica se ha ido genera­lizando hasta el extremo de que son contadas las naciones que no han introducido el divorcio en sus disposiciones legales.

La Presidencia de la Conferencia Episcopal no puede ser ocupada por un Obispo Auxiliar, ni titular

Octubre 10, 2008

Visto que la Con­fe­rencia elige entre sus miembros al presidente y al vice-presidente, debemos hacer una puntualización. Son miembros de derecho de la Con­fe­rencia todos los Obis­pos diocesanos y sus equiparados a nor­ma del derecho (c. 381, ß 2), así como los Obis­pos coadjutores, auxi­liares y ti­tulares que tengan por mandato de la Santa Sede o de la misma Conferencia una función peculiar en el territorio de ésta (c.450, ß 1). Se exclu­yen, o al menos no son miembros de de­recho, el Legado pon­tifico o Nuncio apostólico que suele ser un Arzobispo titular y los demás O­bispos ti­tulares (c.450, ß 2).

Hay que recordar que no siempre todos los equiparados al Obis­po diocesano go­zan del carácter episcopal, a saber: el Abad territo­rial, el Prefecto apostólico y el Ad­ministra­dor de una administración apostólica erigida en ma­nera estable; otros equiparados como el Prelado territorial, y el Vicario apostólico ordinariamente si re­ci­ben ordinariamente la consagración episcopal. Sin embargo, ni unos ni otros pue­den ocupar respectivamente el car­go de presidente o vice-pre­sidente dentro de la Conferencia episcopal, a la que per­tene­cen a pleno título por el derecho. Una ex­cepción a esta regla es la Con­ferencia Epis­copal Tur­ca en la cual el presidente es un Vicario apostólico.

Si la función de presidente y vice-pre­sidente no puede ser ocupada por un Obis­po auxiliar ni por un Obis­po titular, al pa­re­cer nada excluía, a norma del c. 381, ß 2, que el oficio pudiera ser ocupado por un equiparado al Obispo diocesano que lleva guía de una “porción del pueblo de Dios, posea éste o no el carácter episcopal. Mien­tras que el obispo auxiliar que recibe la plenitud de sacramento del Orden, y que por tanto recibe la sucesión apostólica, no se le en­comienda directamente la cura pastoral de una “porción del pueblo de Dios”; a los equiparados al obispo diocesano -reciban o no la consa­gración episcopal- si que se les pone al frente de una “porción de pue­blo de Dios” y por lo tanto, ejercen plenamente una autoridad episcopal sobre los fie­les que se les enco­mienda.

La naturaleza de la función exige, confor­me cuanto esta­blece el Motu proprio en el nú­mero 17, que: “El Pre­sidente y el Vicepresi­dente de la Conferencia Epi­sco­pal deben ser ele­gidos sólo entre los miembros que son Obispos diocesanos”. Esta Última norma exi­ge quienes sean elegidos para dichos cargos sean obispos y que al mismo tiempo rijan una diócesis, que es la Igle­sia particular por excelencia (c. 368).

De aquí que nos parece incompatible con la normativa actual cuanto es­table­ce el art. 2, 4o de los Estatutos de la Con­ferencia Epi­s­copal Chilena -­apro­ba­­dos en el 2001 por la Congregación para los Obispos- cuando determina que entre las funciones de la Asamblea Per­manen­te correspon­de elegir: “Al Presiden­te y al Vice-presidente de entre los obispos dio­cesa­nos o equi­para­dos a ellos y al secretario general” (Cur­siva nuestra). Lo mis­mo vale para el art. 5 de los Es­tatutos de la Conferen­cia Epis­co­pal Colom­biana a­pro­bados en el 1996 y que necesitan ser de­bidamente modificados a tenor del art. 4 de las normas complementarias del Mo­tu proprio.
En perfecta consonancia con Aposto­los Suos, los Estatutos de la Conferencia Episcopal de Las An­tillas (art. 9, d) -apro­bados en el 2005 por la Congre­ga­ción para la Evan­geliza­ción de los pueblos, a norma de la Pastor Bonus n. 89, por la peculiar composición de esta conferencia episcopal- establecen que “Sólo Obispos dio­ce­sa­nos son elegibles por elección como Pre­sidente y Vicepre­si­dente”.

Los Estatutos de nues­tra Conferencia Episcopal están igualmente acordes con la normativa actual, ha­ciendo referencia “a los equiparados al Obispo diocesano” sólo cuando se determina quie­nes son los mie­mbros de derecho (art. 4) y quie­nes tie­nen derecho a voto deliberativo (art. 5) en la CED. Necesi­tan, sin embargo, una última actualización: que se introduzca la figura del Secretario Ad­junto y se determine cuá les son sus atribuciones.

El apoyo a Wilton

Octubre 10, 2008

Hemos observado por espacio de más de un mes, desde cuando aparecieron las prime­ras declaraciones del Senador por Peravia, Wilton Guerrero, y la mayor parte del pueblo dominicano le ha brin­dado su apoyo de una forma o de otra algunos de sus propios compa­ñeros de partido lo que han buscado es desmeritar la gravedad de lo denunciado.

La diferencia entre lo que ha sido la actitud de los miembros del partido o hasta de algu­nos dentro del gobierno y el pueblo en su ma­yoría, es que éste último lo que busca o ve en legislador una especie de instrumento en que descansar su impotencia por la falta de inseguridad, la violencia existente, la delincuencia agravada, el temor al desarrollo y poder del narcotráfico, la falta de autoridad, la impunidad acumulada en todos los órdenes.

Una gran parte de los dominicanos y do­minicanas están cons­cientes o al menos tie­nen la creencia de que en nuestro país, la autoridad y la ley se aplica según se determine quién o qué tiene o con quién está relacionado esa persona, para saber si puede o no ser puesto al descubierto e investigado de forma seria.

El hecho mismo que quien haya hecho la denuncia contra el nar­co haya sido un político perteneciente a un partido y senador, hace todavía más sorprendente la misma y que el apoyo de la mayor parte del pueblo hacia el Se­nador Wilton Guerrero sea más entusiasta, porque es tan exigua y escasa la participación activa y en defensa de los reales intereses de lo público por parte de los hombres y mujeres que estando en un ámbito del poder no se abocan a ser reales representantes de sus comunida­des y menos ante fenómenos como la droga, el narco y la corrupción.

Entendemos que al senador Wilton Guerre­ro debe brindársele todo el apoyo necesario fren­te a la lucha que ha iniciado por su comunidad y ver en todo esto la misma situación para todos. En el legislador Guerrero, el pueblo tie­ne la oportunidad de expresar que no todo está perdido y que dentro del Congreso existen, aunque los menos, hombres y mujeres que tienen un criterio distinto sobre su labor y su compromiso ante la sociedad, que va más allá de la imposición y el interés de un partido.

En la actitud del pueblo en mostrar solidaridad con dicho senador no es más que la necesidad imperiosa de las masas por proteger y conservar hombres y mujeres que aún siendo políticos o posean algún cargo público, muestran sinceridad y coherencia en sus pretensiones y objetivos.

Crisis matrimoniales necesitan ayuda de Dios

Octubre 10, 2008

El Papa Benedicto XVI al recibió en el Palacio Apostólico de Castel­gan­dolfo a 300 participantes del En­cuen­tro Internacional del Movimiento Re­trouvaille, a quienes explicó que “cuando un matrimonio atraviesa por una crisis, los esposos se encuentran ante una oportunidad que, guiados por María y con la ayuda del Señor, “les ayudará a crecer”, y permitirá que el amor se purifique, madure y se refuerce.

“La avaricia de unos pocos está dejando a la mayoría al margen”

Octubre 10, 2008

NUEVA YORK,.(ZENIT.org).- El presidente de Cáritas Internationalis, el Card. Oscar Rodríguez Mara­diaga, arzobispo de Tegucigalpa, alentó el 25 de septiembre ante las Naciones Unidas a los líderes de todo el mundo a adoptar las medidas necesarias para el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), ade­más de denunciar cómo “la construcción de un mundo en el que la avaricia de pocos está dejando a la ma­yoría al margen de la historia”.

El Card. Rodríguez Maradiaga es uno de los seis representantes de las organizaciones voluntarias internacionales que han sido invitados por el secretario general de la ONU para participar en reunión de alto nivel sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que se celebró ese día, en la sede de la organización en Nueva York.

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